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En los últimos días diversos artículos periodísticos, editoriales y sectores políticos han reanudado sus críticas a la existencia del Consejo Nacional de Producción (CNP) y a dos de sus más importantes dependencias: el Programa de Abastecimiento Institucional (PAI) y la Fábrica Nacional de Licores (FANAL).

En el marco de la discusión fiscal, además, se ha llegado a plantear la posibilidad de vender activos del Estado como el CNP y la FANAL para “paliar” el déficit fiscal del gobierno central, siendo que, en opinión de quienes han defendido esta tesis: el CNP es una institución poco rentable financieramente para el Estado. Es por ello que el esfuerzo de estas líneas es traer a colación elementos indispensables a la hora de hablar del CNP que permitan un análisis reposado sobre la enorme rentabilidad de su existencia para las arcas públicas y su impacto dinamizador en la economía de los territorios más pobres de nuestro país.

En el año 2017 el Consejo Nacional de Producción transó comercialmente cerca de ₡67.000 millones entre la FANAL y el PAI. Solo el PAI vendió más de ₡44.000 millones, lo que puesto en perspectiva con el año 2014, cuando vendió 17.000 millones, da una idea del crecimiento comercial vertiginoso del programa.  Este no solo es un negocio sino un servicio público esencial: al Estado al garantizar alimentos a hospitales, escuelas, cárceles y policías a un precio competitivo; y al sector agropecuario y al país por los cientos de pequeñas agro empresas y miles de micro y pequeños productores se han visto beneficiados de ese aumento sustancial de las ventas del programa.

Refundar, reorientar y relanzar al CNP y a la FANAL es una tarea empezada en la anterior administración que se consolidará plenamente en la actual. Esta es una decisión política irreversible.

Algunos puntos medulares del debate:

  1. Repartición de riqueza mediante el PAI. En el 2017 este programa adquirió suministros por más de ₡44.000 millones entre agro-empresas, asociaciones de productores, cooperativas, centros agrícolas cantonales, micro empresas agropecuarias y productores independientes. Esto es garantía de mercado a los sectores más vulnerables ante la apertura comercial, dinamizar el mercado local, fomentar y asegurar formalización de agro-empresas, promover el arraigo en la actividad productiva, estimular la mejora gradual de capacidades, incrementar la capacidad de compra del productor local. Finalmente, el PAI es, a la vez, un instrumento eficaz de soberanía alimentaria.
  2. Herramienta institucional. Debe recordarse que el CNP es la última herramienta institucional de comercialización del sector agropecuario que existe en el país. Mejorar los rendimientos de la producción nacional, agregar valor a esa producción y fomentar encadenamientos productivos tiene poca incidencia si no garantizamos un mercado de comercialización de esa producción; por eso existe el CNP, que a través de una herramienta muy utilizada a nivel mundial: el mercado institucional de alimentos, garantiza un mercado seguro que permite ser el punto de partida para la consolidación de los emprendimientos empresariales de los productores agropecuarios del país.
  3. Negocio estatal rentable: Mediante la Fábrica Nacional de Licores, el Estado se asegura un negocio para sí mismo altamente rentable, con una empresa pública que ha incrementado año con año su transferencia al Estado a través de impuestos a distintas entidades (IFAM, INDER, Ministerio de Hacienda, etc.).

FANAL transfiere cerca de ₡10.000 millones anuales en tributos por la venta de licores, esto significa que la Fábrica entrega al Estado, a través de impuestos, un 45% del total de sus ventas. Sumado a ello, FANAL sustenta al CNP con un monto cercano a los ₡2.800 millones anualmente.

Esta administración inicia un proceso de diversificación de la FANAL para mejorar los ingresos y asegurar la sostenibilidad de la empresa, aunque ya hay que decir que el 76% del alcohol que se procesa en la FANAL no se destina a la producción de licores, sino que es alcohol de uso industrial y hospitalario, este último se le vende a la CCSS al costo; antes que una fábrica de licores, la FANAL es hoy una fábrica de alcoholes.

Por ultimo debemos recordar que, visto en el tiempo, en los últimos 12 años el CNP devolvió al Estado a través de impuestos ₡114.000 millones, y en ese mismo lapso de tiempo recibió por transferencias presupuestarias ₡31.000 millones. Como se observa en este balance, entre lo que entrega el CNP al Estado y lo que recibe hay una brecha altamente gananciosa para las finanzas públicas.

La presente administración está clara en que el CNP continúa siendo un pilar estratégico para el agro y la sociedad costarricense, ya que su accionar genera oportunidades, fomenta el emprendimiento y la calidad de vida de las familias productoras en las zonas de nuestro país con mayor incidencia en pobreza y pobreza extrema. Todo esto, en balance, es mucho más trascendental que cualquier déficit que, además, es superable con buenas políticas de gestión cuyos resultados estamos construyendo en la actual administración.