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La actitud del pequeño grupo xenófobo de ayer sábado no representa nuestra nacionalidad histórica. Costa Rica ha sido, desde siempre, un pueblo abierto, construido a partir de exilios, migraciones y sincretismos. Desde el Bachiller de Osejo, uno de nuestros primeros Jefes de Estado y nacido en Nicaragua, hasta el General José María Cañas, (abuelo de don Beto Cañas y compañero de armas de don Juanito Mora), nacido en El Salvador, muchos de nuestros próceres nacieron en el extranjero y llegaron a estas tierras a formar nuestra nacionalidad. El exilio y la migración es la historia de la civilización. Y también de esta pequeña Costa Rica.

Recuerdo lo anterior porque —con apenas de 5 millones de ciudadanos— en Costa Rica viven hoy más 872.000 nicaragüenses entre registrados y no registrados, la gran mayoría recibidos en las últimas dos o tres décadas. (Fuente: estudio ICG- Unión Europea-Gobierno de Holanda 2012-2016). A esto hay que sumarle un 2% o 3% adicional de venezolanos, colombianos, salvadoreños, cada uno de ellos movidos por sus propios exilios o razones, lo cual nos lleva a casi un millón de personas. Prácticamente, tenemos una inmigración de un 20% de nuestra población. Somos una sociedad abierta y solidaria, que incluso fue pionera, junto con otros pocos países, en el Derecho de Asilo, figura del derecho internacional público.

Alemania, hoy un gran receptor, tiene una migración de aproximadamente el 12,5% de su población (esto hay que reconocérselo a Angela Merkel, que ha cambiado en la última década la sensibilidad alemana en este y otros temas), sin embargo, menor a la tica. En Francia el 11.4% es población migrante. La española es, igualmente, alrededor del 12%. Los Estados Unidos cerca de 13% o 14%, hoy en proceso de reversión con el último gobierno. Canadá se acerca mucho, con casi un 18%, pero es una migración distinta, más espaciada en el tiempo. Turquía, con sus 4 millones de migrantes sirios, en realidad representa poco en relación a su población total de casi 80 millones de personas, apenas el 5%

¿Ahora bien, qué puede hacer Costa Rica, cuyo Estado Benefactor fundado a mitad del siglo XX fue muy exitoso en el pasado pero que hoy hace aguas, y apenas puede graduar de secundaria el 55% de sus jóvenes y la Seguridad Social ofrece citas a pacientes para operaciones quirúrgicas a dos o tres años plazo, con el nuevo escenario que se abre?

¿Cómo recibir esa nueva oleada de miles nicaragüenses que huyen de Daniel Ortega, dispuesto a sostenerse en el poder a sangre y fuego, matando a su propio pueblo, y que está expulsando miles de personas, de todas las condiciones, estados económicos y de salud? ¿Puede recibirlos a todos en su Valle Central, en San José, Alajuela, Heredia, Cartago, en sus clínicas de la seguridad social, en sus colegios y sus escuelas? ¿Puede ofrecerles puestos de trabajo, en un país donde el índice de pobreza interno es del 20% y la tasa de desempleo del país es del 10.3% y la de subempleo es superior al 24%? Mi percepción es que le será muy difícil. ¡No hay cama para tanta gente! ¿Qué hacer? ¿Cómo actuar en este complicado escenario, respetando derechos humanos y convenios internacionales pero siendo realistas y prácticos?

Un parque industrial en Guanacaste o en la Zona Norte. Ante grandes problemas, grandes soluciones. Una opción es crear en Liberia, en San Carlos o en algún otro punto de la zona norte, un parque industrial o un régimen de zona franca para realizar trabajo agroindustrial o semi-industrial y ofrecer mano de obra a esos miles de nicaragüenses en un régimen laboral y migratorio especial, temporal, que en todo caso será mucho mejor a la informalidad y a la situación precaria y complicada de quienes logran llegar al Valle Central. Es una idea antigua, que fue discutida hace más de una década por un grupo binacional Costa Rica/Nicaragua promovido por el PNUD de Naciones Unidas. Sin embargo, se quedó en el papel en ese momento. Quizá no le había llegado su hora.

Sin trabajo no hay dignidad y empiezan los problemas, incluidos los delitos y la violencia. Una persona con hambre es capaz de cualquier cosa. Es una ley de vida. La clave sería crear una alianza de empresarios costarricenses (y quizá algunas empresas nicaragüenses), en un proyecto inicialmente impulsado por el Gobierno de Costa Rica y la comunidad internacional, que decidan formar parte de ese plan para crear una realidad económica nueva donde ahora hay sólo desaliento, miseria y creciente violencia.