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No, no hablo de un episodio de The Handmaid’s Tale. Hablo del lugar que le da la sociedad a la mujer. El lugar de maquina productora de hijos. El lugar de objeto. El lugar de compañera del hombre. El lugar de ficha de canje político.

Entrada mi adultez tome la decisión de no ser madre, no es lo mío. No obstante, no odio a los niños, ni pienso menos de quienes deciden ser madres. Siento una profunda admiración por quienes acompañadas o no son madres, ya sea que se dedican a la crianza a tiempo completo o trabajan y crían a sus hijos a la vez, y que crían seres humanos de bien. Sin embargo, al conversar esto con distintas personas, especialmente los que tienen hijos, la respuesta de siempre es: “está muy joven, va a ver que cambia de opinión” … tengo 28 años.

Vivo en Reino Unido, un lugar donde el aborto es legal, hay educación sexual y el acceso a anticonceptivos de cualquier tipo es gratuito. Un día que tenía que renovar mis pastillas —pero al mismo tiempo coqueteaba con la idea de utilizar un método no hormonal— la doctora, una señora muy amable que ronda los 60 años me indicó que parte de la decisión residía en si quería tener hijos. Le dije que no. Desde que tome la decisión nunca lo he dudado, sin embargo, la señora me dijo lo mismo que todo el mundo “está muy joven, va a cambiar de opinión”. Me contó como ella tuvo hijos hasta entrados los 40 porque vio a sus papas mayores muy enfermos y pensó que quien la iba a cuidar a ella y que no quería quedarse con la sensación de haberse perdido de algo en la vida, y remato con: “bueno, pero no la estoy tratando de convencer de que tenga uno”. Escuché su posición y salí con mis pastillas.

No me enoje con la señora por no respetar mi rotundo no, más bien despertó mi curiosidad de ciertos temas. ¿Por qué la gente decide tener hijos? ¿Querer tener un cuidador personal al final de su vida es una razón válida? ¿Por qué la sociedad enfatiza tanto que una mujer diga no a interacciones que no quiere, pero no respetamos cuando dice no a tener hijos? ¿Los hombres pasan por la misma inquisición?

A pesar de que la doctora se crió en una sociedad que en muchos temas —uno pensaría— se encuentra más avanzada, y a pesar de la diferencia generacional, me di cuenta que no importa la edad ni la zona geográfica, el papel de la mujer es el mismo: hay que tener hijos porque una mujer sin hijos es menos, una mujer sin hijos se pierde de algo. Enfatizamos en que los hombres tienen que respetar cuando la mujer dice no a un acto sexual, pero como colectivo, hombres y mujeres no respetan cuando una mujer no quiere tener hijos y no aceptan su “no”. Cuando digo que no quiero tener hijos siento como si estuviera ofendiendo a la persona que pregunta —que no entiendo por qué tiene que preguntar en primer lugar— o que soy una bruja que odia a los niños. Me gustaría pensar que mi generación no tiene que disculparse por las decisiones que toma, pero no hay nada más alejado de la realidad.

Del papel de productora de hijos pasamos al papel de mujer objeto. Porque dicen que si una mujer habla mal, se ve fea, si fuma y toma se ve fea, si tiene tatuajes, se ve fea, si quiere vivir plenamente su sexualidad no solo es fea sino además zorra. Es el 2018 y la mujer sigue siendo un objeto no solo sexual sino de contemplación y ejemplificación. De ahí que si se cosifica a la persona sea tan fácil de cosificar sus derechos y que los mismos sean usados por los políticos de turno como ficha de canje político.

Cuando yo tenga 60 años, quiero vivir en una sociedad que respete plenamente a la mujer, desde sus derechos más básicos hasta sus decisiones más profundas. Me gustaría que la mujer que quiere tener hijos es porque quiere formar y amar a otro ser humano, no porque tiene que hacerlo, por miedo o porque ocupe alguien que la cuide y mantenga. Me gustaría que nadie se pregunte por qué una mujer no quiso tener hijos, o por qué quiso tenerlos. Quiero que un “no” sea respetado íntegramente en todos los ámbitos de la vida de una mujer y que se respete a la mujer como capitana de su propia vida. Porque el lugar de una mujer, al final de cuentas, es cualquiera donde ella quiera estar.