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Vinicio Cerezo, ex presidente de Guatemala y actual Secretario General del SICA, es una de las nuevas cartas de Daniel Ortega, una vez que se le distanció Luis Almagro, Secretario General de la OEA, a quien había logrado convencer de negociar en privado una lentas y pausadas reformas electorales, y desestimar los reclamos de la oposición nicaragüense para su pronta salida del poder, a raíz de la represión de las protestas estudiantiles que iniciaron el Abril 2018. Almagro tomó distancia de esas componendas, ante el repudio de la mayoría de los Estados miembros de la OEA a la creciente brutalidad de la represión de Ortega.

Aislado internacionalmente, Ortega también se encuentra incapaz de maniobrar a su gusto en el Diálogo Nacional al que convocó en Mayo, con la esperanza de forjar un pacto con la amplia oposición interna que se le aglutinó a partir de su violenta reacción a las protestas de Abril. Su interés al convocarla era ganar tiempo político para retomar el control del país. La mediación de los Obispos nicaragüenses santificaría esa vuelta a la mansedumbre, pero tanta sangre había corrido que las cosas no salieron así.

La oposición (Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia) no cede en su demanda de una salida cívica, constitucional, para adelantar las elecciones, y el retiro de Ortega antes de que culmine su actual período en 2021. Los mediadores no resultaron fácilmente manejables para Ortega, trasmitiéndole íntegras las demandas de la oposición y negándose a rebajarlas en aras de la armonía con el Gobierno, así como a asumir el rol de apaciguadores de la oposición. Ortega comenzó a descalificar a los mediadores, hasta acusarlos y atacarlos públicamente. Ahora necesita un Vinicio.

Por más de un mes Ortega ha bloqueado toda posibilidad de diálogo. No solo atacando a los mediadores, sino encarcelando a algunos de los representantes de la oposición ante ese diálogo, y abriendo procesos judiciales contra otros, a partir de acusaciones de la Fiscalía. Sin embargo, a pesar de sus diatribas contra el diálogo, éste le sigue siendo indispensable, pero Ortega necesita neutralizar al mediador independiente o ponerle a la par a alguien más dócil, matrero o comprable.

Ninguna de estas cualidades las encontró en la Conferencia Episcopal, cuya capacidad de mediación Ortega apunta a diluir, ya que no puede eliminarla del todo. Para ello ha lanzado a algunos de sus operadores políticos de procedencia socialcristiana, como Azucena Ferrey, y a la “Comisión de la Verdad” creada por el orteguista presidente de la Asamblea Nacional, para que se activamente se pronuncien por una ampliación de la Comisión del Diálogo, “reforzando” a sus actuales mediadores con nuevos actores procedentes de organismos internacionales.

Ortega clama ahora que en aras de hacer un diálogo “más inclusivo” es necesario incorporar a otros interlocutores además de la Alianza Cívica, como a su tradicional aliado Partido Liberal Constitucionalista y a otros actores que han resultado ser una “oposición cómoda” con la que ha gobernado los últimos once años. Ortega necesita desesperadamente un Diálogo, pero con actores que le resulten dóciles.

Teniendo a Vinicio de su lado, Ortega no las tiene todas consigo. Los jefes del SICA son los 8 países miembros plenos, que tienden mayoritariamente a inclinarse por una solución democrática no favorable a Ortega. Costa Rica claramente en posición contra Ortega, Guatemala, Honduras, Panamá y República Dominicana en posición menos firme, pero que ya votaron contra Ortega en la OEA, y solo el vergonzante silencio de El Salvador y Belice podrían concederse como apoyos al Gobierno de Ortega, que hoy cifra sus esperanzas en hacer de Vinicio su Quinta Columna en el SICA, para con su apoyo domesticar al Diálogo Nacional.

La correlación de Centroamérica tiende a ser favorable a la oposición nicaragüense, pero no está asegurada. El silencio de El Salvador se va a acabar pronto, no solo por la casi segura derrota electoral del FMLN en febrero 2019, sino porque en esta misma campaña le resulta cada vez más costoso continuar defendiendo los excesos de Maduro y los horrores de Ortega. El candidato efemelenista Hugo Martínez ha comenzado a tomar distancia de la ciega defensa que el Presidente Sanchez Cerén todavía concedió a Ortega apenas la semana pasada en la última reunión del Foro de San Pablo, realizada en La Habana. En el ámbito centroamericano el aislamiento de Ortega es inminente, a menos que Vinicio lo trabaje hasta revertir su actual tendencia.