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Durante la crisis de los años ochenta el país acudió a un régimen de reactivación económica que aún tiene un alto grado de importancia para la economía nacional. El Régimen de Zonas Francas cumple 33 años de impulsar la economía costarricense, generando empleo, atrayendo inversión extranjera directa y hasta modificando la matriz productiva del país. Este régimen tiene y tendrá que seguir vigente en Costa Rica.

Sin embargo, existen una serie de detractores que amenazan la promoción de este tipo de régimen productivo, grupos sindicalistas liderados por Albino Vargas han visto con malos ojos el proyecto 20.580 “Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas”, en el que atacan las exoneraciones presentes a las que se excluye a las Zonas Francas del impuesto de valor agregado (IVA) y demás beneficios que históricamente ha tenido el régimen productivo, haciendo referencia al trato del país hacia las zonas francas como “cariñoso” y excesivo.

Frente a este cuestionamiento de los grupos sindicalistas, la respuesta es obvia, ¿cómo no vamos a ser “cariñosos” con un régimen que contribuye con 125.254 empleos (82.086 directos, 43.168 indirectos), aportando cerca del 50% de las exportaciones del país y diversificado los mercados objetivos de los productos y servicios generados por las empresas establecidas bajo este régimen?

Además, la existencia de encadenamientos productivos es esencial para la economía costarricense, no solo se beneficia a la multinacional instalada en el país, también existe un beneficio para el productor local estableciéndose relaciones comerciales tanto al corto como al largo plazo. El impacto del Régimen de Zona Franca según PROCOMER es tal que el beneficio del país neto (BPN) representa cerca del 6% del PIB y el país recibe 6,2 dólares por cada dólar exonerado en el régimen. Por estas razones cuantitativas, es necesario para el país mantener la protección de las Zonas Francas.

Por otro lado, existe una serie de factores que arrastra el régimen, entre ellos podemos encontrar capacitaciones, el mejoramiento de comunidades en las que se ubican los diferentes parques industriales, ayudas a centros educativos, mejoras de infraestructura y demás, confirmándose como un gran impulso social para las diferentes comunidades cercanas.

Asimismo existen los llamados efectos “spillovers” o “derrames”, en los que tanto el conocimiento como el capital son transferidos de una industria a otra, aumentando la productividad de los diferentes sectores involucrados en las transferencias de personal y capital. También existen otros factores de importancia como los son las prácticas sostenibles con el ambiente y la integración de personal femenino en las diferentes empresas, algo digno de los tiempos de cambios.

Dada la existencia de los factores ya mencionados –y muchos más-, me parece inviable e irresponsable tanto social como económicamente el accionar de grupos que critican y ponen en tela de duda el papel del régimen de Zonas Francas. Dada la situación financiera que vive el país existe la necesidad de reactivar la economía, las Zonas Francas son una herramienta de las muchas existentes para revertir los problemas de desempleo, pobreza y sobre todo, el problema fiscal, ya que el crecimiento del país es la mejor medicina en este tema. Se debe de impulsar la creación de nuevas Zonas Francas, principalmente en las regiones periféricas, llevar la inversión y el desarrollo a las zonas históricamente olvidadas.