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Estaba redactando un correo cuando me llegó la primera noticia, ese 18 de julio del 2018. “Matrimonio igualitario quedará resuelto en primera quincena de agosto, promete Sala IV”, informaba el sitio web de Amelia Rueda. Extraño anuncio, dado que la Sala rara vez indica cuando resolverá un asunto. Seguí trabajando, esperando confirmación de que efectivamente la Sala iba a resolver las acciones de inconstitucionalidad que han dado vueltas por sus pasillos desde el 2013 y 2015, respectivamente.

Sala IV resolverá en agosto sobre uniones de hecho y matrimonios entre personas del mismo sexo”, replicaba La Nación. ¿Será cierto? ¿Será posible que este tema se resuelva tan pronto? “Sala Constitucional anuncia que resolverá acción de matrimonio igualitario en 15 días”, titulaba también Delfino.cr. Ya era oficial. En los primeros 15 días de agosto se resolverá si se permite el matrimonio entre parejas del mismo sexo.

La noticia en vez de alegrarme, me generó un grado importante de ansiedad. Los siete magistrados de la Sala Constitucional decidirán por el derecho de miles de personas, la mía incluida, a formalizar su unión ante el Estado y ante la ley. Ellos tendrán que demostrar altos niveles de empatía con la población LGBTI, dado que a ellos nunca se les ha impedido casarse con la persona que aman (o divorciarse de la persona que decidieron casarse, si uno lo lleva al otro lado del espectro).

No tener acceso al matrimonio civil tiene consecuencias que podrían ni pensarse o darse por sentado. ¿Cómo sería una relación en pareja sin acceso a la posibilidad del matrimonio civil? Hagamos un ejercicio de cómo es la vida de muchas parejas del mismo sexo.

Usted ya encontró al amor de su vida y desea iniciar un proyecto de vida juntos. Ahora, ¿cómo se protegen los bienes de cada uno, y aquellos que se empiezan a comprar en común? Sin el matrimonio, las parejas del mismo sexo deben ver cómo se las ingenian para hacerlo, sin una figura legal como los bienes gananciales.

Dejando esas preocupaciones de lado, se llega a la importante decisión de sacar un crédito de vivienda para tener ese anhelado hogar. Sin embargo, al no existir un reconocimiento de la unión, no se pueden combinar los ingresos de cada uno para poder asumir una deuda de ese calibre. Además de la maraña de requisitos que solicitan todos los bancos, hay que tener capacidad crediticia para sacarlo, lo cual se dificulta enormemente sin que exista una figura legal que ampare la unión.

Una vez que lograron ahorrar, se logró sacar el crédito a nombre de su pareja, se pasan a vivir juntos y se pagan las cuotas del préstamo conjuntamente. Pasan los años y por fin se logran superar aquellos tiempos donde vivir feliz y en pareja parecía imposible.

Un día de esos, su pareja, a la que está a nombre el crédito, se enferma y debe ser internada en el hospital. Usted desea acompañarla, pero los protocolos hospitalarios determinan que sólo la familia directa puede ingresar. Usted, sin poder demostrar su unión, queda fuera, por la mala relación que existe con la familia, que nunca aceptó su relación.

Luego de semanas de estar internada en el Hospital, llega la trágica noticia de que su pareja ha muerto. El pensamiento de no estar ahí en los momentos finales lo agobia. La familia de su pareja no desea que usted atienda el funeral. Inclusive, ya tramitaron los seguros del banco para liquidar el préstamo y heredar la casa. Usted, ni por asomo, entra en la lista de posibles herederos, por no tener una relación reconocida por su pareja.

Finalmente, tampoco tendría acceso a la pensión por sobrevivencia de su pareja, a pesar de que ella cotizaba diligentemente. Esto por cuanto la Caja, aunque ha abierto el otorgamiento de pensiones a parejas del mismo sexo, requiere que se reconozca la convivencia por 3 años, cuando a las parejas heterosexuales únicamente se le pide presentar el acta de matrimonio.

Les acabo de pintar una historia sombría, pero les aseguro que existen incontables casos a nivel nacional e internacional donde los proyectos de vida de miles de parejas se han visto truncados por la falta de reconocimiento de su unión, por su orientación sexual.

Es por eso que esta incertidumbre genera ansiedad. Los Magistrados tienen la posibilidad de tutelar mi futuro, y el de muchos otros, con su decisión en agosto. No es un tema de caprichos o privilegios, es poder tener acceso a una figura que ayuda a empezar, mantener y finalizar un proyecto de vida. Yo solo espero que sea una decisión que me permita, como a mucho otros, tener la posibilidad de construir un futuro con la persona que amo.