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Quedó claro, tras las elecciones presidenciales en Costa Rica, que Dios, sin importar la tradición religiosa, nunca asesoró, asesora ni asesorará a ningún candidato ni mucho menos será su voz. Decir lo contrario es oportunismo político, es pura retórica. Eso sí, parece que los infiernos están de moda, y que nos han hecho creer que los otros son mi infierno. Quizás el infierno sea una realidad interior, al estilo del Job bíblico, en virtud de lo cual aproximarse a los infiernos requiere de un acercamiento diferente porque la intimidad de los demás es sagrada. ¿Quiso Jesús destruir o perseguir a unos para salvar a otros? No.

Hay tres maneras de enfrentar un conflicto:

  1. la lucha como modo para detenerlo,
  2. la huida, evitando más conflicto y aceptando la opresión,
  3. la noviolencia activa.

Jesús de Nazaret insinuó a los suyos un método activo de resistencia como estrategia para desarmar los infiernos. Aquí es donde aparece la mentira de la violencia redentora: “(...) el mundo no es ordenado ni ausente de mal gracias a la destrucción de enemigos” [J. Morena Perich], lo cual es la mentira de la violencia restauradora, cuando los infiernos más bien se vencen con la integración. Surge así la respuesta de Jesús el Galileo al sistema opresor: la no cooperación con el mal. ¡Jesús fue audaz y mordaz! Veamos.

En Mateo 5, 39 y siguientes, respecto de alguien que abofetea la mejilla de la víctima: no se trata de una bofetada convencional porque se está frente a una relación desigual entre dos. El texto bíblico señala que se abofetea la mejilla derecha para lo cual se requiere la mano izquierda, pero la mano izquierda era considerada en tiempos de Jesús impura (Génesis 48, 13-26; 2 Samuel 20, 7-10, etc.) y nunca se utilizaba, de modo que podemos concluir que el golpe más bien debía ser dado con el revés de la mano derecha. Se trataría de una bofetada que no tiene la intención de pegar, sino de humillar y menospreciar. El gesto de volver la cabeza para que le peguen en la otra mejilla no es un acto de sumisión, sino un movimiento que resta poder y control al violento para indicar que se trata de un comportamiento inhumano. Se está reclamando dignidad de forma no violenta.

Hay un caso judicial en Mateo 5,40: la víctima es desposeída del vestido y “a quien quiera quedarse con tu túnica, déjale también el manto”. La desnudez en condiciones de desigualdad (véase el Evangelio de Tomás 21) era un acto para provocar que el otro se sintiera avergonzado por lo que estaba haciendo. En la cultura semítica, la desnudez tenía un dejo de escándalo porque violaba las costumbres respecto de la indumentaria con que era reconocida socialmente una persona. Extirpar el rango social al desnudarse era intolerable y un reclamo muy claro de humanidad.

Por último, Mateo 5,41: “y al que te obligue a llevar una carga durante una milla, ven dos con él”. Pero el texto bíblico no dice literalmente “te obligue a llevar una carga”, sino que utiliza el verbo griego angareuō, con el sentido de que un oficial romano, militar o no, podía obligar a un civil a que hiciera por él una labor o un servicio de manera obligada. Parece que existía el límite de una milla (1,61 km) en esa práctica, aunque no se ha hallado ninguna ley romana que lo demuestre. Usar personas como animales de carga no solo era una práctica detestable y temida por la población. La respuesta de Jesús a este abuso resulta atrevida: una ley depravada hasta el exceso, hasta el ridículo. Cuando la víctima toma la iniciativa y, en lugar de caminar una milla, camina dos, el oficial pierde el control sobre su carga, lo cual resta poder al explotador. La persona afirma su dignidad, no de animal de carga, porque elige por su cuenta. El soldado no puede informar de esta desobediencia por exceso.

Atemorizar a los frágiles es una estrategia indigna y cobarde. No se debe tratar al malvado como un enfermo que necesita tratamiento (contra la homosexualidad, por ejemplo) para que consiga la curación deseada. [Lo absurdo de la tesis: si la homosexualidad es una enfermedad, entonces ¿uno puede ser incapacitado por el sistema de salud dependiendo de la gravedad? Si alguien amanece ligeramente enfermo (¿“ligeramente homosexual”?), ¿dos días de incapacidad? Y, si la persona es homosexual desde siempre, entonces ¿una incapacidad de por vida por invalidez?] ¿Qué hacer ante esta absurda actitud? ¡Ninguna persona, partido político o candidato presidencial de hoy o de mañana que violente los derechos humanos puede tener las manos limpias! ¡Jamás!

No olvidemos la historia de América Latina en la que los miedos han sido toda una detestable institución: miedo a la enfermedad porque la caducidad llegó o porque nuestros políticos desmantelan el sistema de salud público o cualquier otra institución que les amenace, como el INAMU; miedo al sinsentido de la vida y a no encontrarlo; miedo a perder el trabajo o a no conseguir uno; miedo a la soledad porque somos muchos pero solitarios; miedo a no ser amados tras muchas recetas trasnochadas; miedo a ser agraviados por defender la dignidad; miedo a la muy cotizada muerte con la que lucran muchos vendiendo paraísos y regalando infiernos a las personas etiquetadas como ‘diferentes’… ¡No más miedos!

Resulta inimaginable un Jesús sumiso ante el sufrimiento de esos grupos victimizados con el estigma de sus “enfermedades”, aunque los perseguidores se llamen inmerecidamente a sí mismos ‘seguidores de Cristo’ y, mucho menos, es inimaginable un Jesús ofreciendo, en una coyuntura así, “el trasero a tasa cero” a un poder religioso (o a cualquier otro) que coquetea y desea desesperadamente el poder político para aplastar a los hermanos/as más pequeños/as. Desgraciadamente, la herencia recibida ha diseñado identidades para ‘odiarnos’, para ‘ignorarnos’ y para ‘introyectar’ una impotencia que nos convierte en espectadores, en ‘desechos’ humanos que osan predicar la dignidad, y que para muchos es un delito.

Si Costa Rica tiene las venas abiertas por estas elecciones, la única manera de sanarla es desterrar la persecución a las personas que son ‘diferentes’, asumiendo la supremacía de la solidaridad. ¡Es urgente que todos los partidos políticos y los distintos actores sociales cultiven una mirada empática!