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Las últimas semanas nos han heredado muchísima incertidumbre, somos muchos quienes estamos preocupados por el futuro del país de cara a la Segunda Ronda Electoral.

A diario lo hemos constatado en diversas redes sociales donde hemos leído (y seguimos leyendo) mensajes de todo tipo. Lamentablemente buena parte de este contenido viene cargado de odio e indiferencia por las minorías. En lo particular, lo que más desazón me generó fue leer tantos mensajes que expresaban ofensas hacía los pobladores de lugares fuera del GAM (eso sin mencionar aquellos que culpan al Gobierno de todos los problemas que nos sacuden).

¿Es el resultado de la Primera Ronda un llamado de atención para los costarricenses?

Estoy segura de que sí. Uno de los mensajes que llamó mi atención en Twitter decía algo en la línea de “me da miedo ir a Limón”. Yo pensaba lo mismo antes de ser investigadora, hasta que me tocó ir allá y comprobar que muchos capitalinos nos encerramos en nuestra burbuja de confort y poco nos interesamos por conocer las culturas más allá de nuestras calles aledañas. Nos acordamos de Guanacaste, Puntarenas y el Caribe solamente cuando vamos de vacaciones. El resto no interesa, es problema de ellos…

Muchos de los habitantes de estas zonas alzaron su voz por los únicos medios de peso que poseen a su alcance: el voto y el abstencionismo. Los dos mecanismos, muy poderosos a la hora de expresarse en las elecciones, pueden ser una llamada de urgencia nacional para hacer reflexionar al resto de costarricenses a fin de que empiecen a conocer la realidad que se vive en los cantones con menor desarrollo social. Es imperativo que más profesionales estén dispuestos a trabajar más cerca de estas poblaciones en temas de desarrollo comunal y realidad nacional.

Está claro que estas elecciones fueron un claro ejemplo del fenómeno de la otredad, no solo por el tema recién aludido, sino también por las comunidades LGTB+ y las comunidades religiosas. La RAE (2018) define otredad como: “Condición de ser otro”.

Yo le agregaría lo siguiente: “Cuando encontramos al otro, a ese que es diferente a nosotros, que merece ser conocido, ser escuchado y respetado, sin imponerle nuestras ideologías, con el fin contribuir en el enriquecimiento de nuestra diversidad cultural y hacerlo formar parte de una sociedad”.

Logré observar, además cómo en reiterados casos los costarricenses atribuimos a los gobiernos todas las raíces de las problemáticas de nuestro país, mientras esperamos sentados frente a la televisión a que otros resuelvan estas situaciones, sin hacer absolutamente nada por cambiar la realidad de Costa Rica.

Vemos entonces la figura del Presidente como la única autoridad capaz de hacer los milagros que esperamos. Se nos olvida, como ciudadanos, que nosotros mismos tenemos el poder en nuestras manos para mejorar y contribuir a la sociedad en la que vivimos.

Es cierto, los gobiernos cometen errores, pero eso no es excusa para que usted no haga nada y solo se queje, eso no va a cambiar la incertidumbre que a usted y a mí nos acecha. En el momento en que usted esquiva el pago de impuestos, bota la basura en los ríos y espacios vacíos, regatea al productor nacional a casi regalarle un producto, silencia actos deshonestos en su comunidad entre muchos otros etcéteras señalados por el Programa Estado de la Nación pues… usted forma parte del problema.

Quisiera invitarle entonces a salir de la Gran Área Metropolitana y conocer la biodiversidad y la cultura que ofrecen las zonas rurales, a involucrarse más con su comunidad (ese Gobierno local que está más cercano a usted), a apoyar, a unirse o a gestionar por sí mismo diversas iniciativas que contribuyan al progreso del barrio, el cantón, la provincia y la nación. De paso, ¡a informarse más del panorama nacional! Existen muchas problemáticas en torno a las cuales podemos unirnos para ser parte de la solución.

Nuestra idiosincracia debe madurar para sentirnos ticos siempre, no solo cuando juega La Sele o cuando alguien nos representa en el extranjero, siempre. Un primer paso es simple y sencillamente ser solidarios con la tierra en donde nacimos y con quienes nos rodean.

“Sirvo a la patria sin otro objetivo que el de verla constituida, ese es el premio al que aspiro”. 
— Manuel Belgano