Hasta el año 2014, cuando la larga hegemonía del bipartidismo se resquebrajó, el liberacionismo estuvo acostumbrado al particular chantaje: Es esto lo que hay, tómelo o déjelo.
Cómodos sobre los laureles de su inercial maquinaria electoral, descontaba que, cualquiera fuese la figura que presentaran a elecciones, la gente le votaría. Dicha convicción se acentuó después de la crisis del PUSC, consecuencia de los actos de corrupción que vinculaban a sus expresidentes.
El hechizo se rompió cuando Solís gana arrolladoramente en una segunda vuelta en la que Johnny Araya (¡imaginen lo confiados en el peso muerto de su fuerza electoral para presentar a tan cuestionado personaje como plato fuerte!) decide no participar. Lo demás es historia.
Después del desventurado paso del PAC por la política nacional, ¿cómo llegamos a lo que tenemos hoy, a ese menjurje de ideas sueltas y contradictorias, a esta runfla de oportunistas y pegabanderas coaligados en busca de algún puesto? Un tipo absolutamente desconocido galvanizó el descontento y hartazgo acumulados, sumados a la decepción con los gobiernos PAC, cuando un liberacionismo soberbio que no aprendía de las lecciones se empecinó en presentar a uno de los políticos más detestados del país. ¿Pero qué hay del chavismo y sus “logros”?
El protagonismo de Chaves y la gestión de Fernández
Que Laura Fernández no gobierna ni con mano ni ideas propias, es más que evidente a esta altura del partido, y no soy el único votante decepcionado que no volvería a confiar mandato a nada ni a nadie que tenga detrás la sombra de Chaves o Cisneros. Muchos dimos un voto de confianza a una mujer que parecía un prospecto aceptable, porque, aun reconociendo a Chaves algunos logros (retóricos, al menos), no deseábamos verle en este gobierno, ciertamente no con el nivel de protagonismo avasallante que le comienza a pasar factura a ambos. Se rumora que el despido súbito de Tovar, así como el distanciamiento de la Embajada Norteamericana, son responsabilidad del exmandatario. Fernández ha demostrado ser una mujer sumisa, de escasísimos dotes discursivos, con una propensión a decir tonterías cada vez que habla, sea en el exterior, sea en el país. Es de un provincianismo aldeano pavoroso.
No es necesario que un Presidente se pase viajando por el mundo para ser un estadista, pero al menos confiamos en que no deje en mal al país cuando sale, tal como hizo en Colombia. La falta de roce internacional se puede subsanar leyendo, informándose. López Obrador era reacio a viajar, pero poseía una gran formación histórica, amén de su experiencia política amasada a lo largo de años de militancia. Ahora entendemos por qué Cisneros tenía grandes dudas sobre su candidatura.
El chavismo da signos de padecer -desde ya- el síndrome liberacionista del “aquí estamos, y es lo que hay”. Y todo esto a pesar de su corta edad y falta de sustancia (o, precisamente, por esto último). Carece de ideas-fuerza básicas, y si las tiene no las sabe transmitir, al menos a toda la población. De plano, no interpela a los más jóvenes (¿qué se hizo la “juventud jaguar”, por cierto?) y goza de considerable rechazo en el voto femenino. Tampoco le habla a la clase media que pierde sus puestos de trabajo en zonas francas, ni al mediano empresariado que genera la mayor cantidad de empleo y achica operaciones para evitar el cierre definitivo, gracias a la cuestionada política cambiaria.
El gobierno de Fernández muestra un declive, leve pero progresivo, en el apoyo popular. No dudo que sea buena funcionaria, con un manejo respetable de temas técnicos, pero Zapote le quedó grandísimo. Por esto mismo, no puede prescindir de Chaves, quien es su fortaleza pero al mismo tiempo su talón de Aquiles, ya que el expresidente padece de ese otro síndrome que el médico y político británico David Owen llamó hybris, esto es, la pérdida de contacto con la realidad. Chaves confunde sus ego trips y resentimientos con problemas de Estado, algo que el verdadero estadista no puede hacer. Se nota más escalado en su discurso, frustrado, hasta el punto que, de la apagada inauguración del CACCO, lo que sin duda pasará, no a los libros de historia, mas sí al acervo de los anales del humor popular, fue la no solicitada referencia a “supositorios bendecidos”. Súmese a esto que se pasa husmeando los perfiles de ciudadanos de a pie en redes sociales, algo totalmente inaudito. Se sospecha de un uso político de la DIS, lo cual no extraña, a confesión propia de sus ineptos funcionarios.
Gabrielito y el CACCO
A falta de mayores logros, el gobierno y sus operadores mediáticos se han abocado a mostrarnos la nueva cárcel desde todos los ángulos posibles; conocemos desde sus inodoros hasta los “lugares de esparcimiento”. Es LA noticia, con mayúscula, recalentada una y otra vez para azuzar al núcleo duro y fanático que siempre estará allí, no importa lo que el gobierno haga. Ciertamente, el otrora paisaje mediático hegemónico (bautizado “prensa canalla”) no era suficientemente plural ni democrático, pero lo que hoy tenemos es algo mucho peor: hemos descendido a niveles cloacales, donde el gobierno y sus propagandistas se apalancan en medios de comunicación que son en realidad agencias de publicidad, cuando no en influencers que elogian el nuevo peinado de la Presidenta.
La pelea con el Poder Judicial parecen haberla perdido, al menos en buena parte. No hay circo que no termine fastidiando, todo comediante aburre y tiene que reinventarse. El Chaves comedian hace cada vez menos gracia, y muchos están cansados de sus humoradas. Como si no fuera suficiente con un bufón, aparece otro, aunque menos gracioso. Se trata de uno de los personajes más serviles de esta administración, un escalador que el gobierno decidió que nos interesa ver, un día sí y el otro también. Donde los chavistas ven una suerte de ‘justiciero’, otros vemos a un resentido envalentonado. Quizá por eso se lleve tan bien con el Súper Ministro, pues fue su “¡che pibe!”, el “traeme un café, llamame a fulano, ordename el escritorio”, durante su paso por Casa Presidencial. ¿Y la Presidenta? Bien gracias, como siempre. Pintada.
El cristianismo de Laura
Es conocido el perfil de los cristianos de la cepa de Fernández. En nada, o en muy poco, se diferencia de los Fabricios de la vida. El verdadero cristiano debe representar valores de valentía y humildad, y jamás toleraría los repulsivos espectáculos del Mini Aguilar. Si le parecen normales, adolece de falta de empatía y brújula moral; si los desaprueba, pero calla, es una oportunista quien, para no contradecir a su Jefe, deja pasar. Si hay algo que distinguió al cristianismo primitivo fue su rebeldía frente a la autoridad. Por tal razón fueron perseguidos, como Pablo de Tarso. Los cristianos de la prosapia de Fernández escúdanse en su “relación privada” con Dios, una justificación perezosa porque fe y valores cristianos tienen que condecirse con acciones.
El chavismo debe plantearse qué tiene que ofrecer más allá del “prensa canalla” o el “cremita de rosas”. Los chistes tienen su ciclo, y lo que hoy genera risa, pasado mañana empalaga.
No obstante, quizá erro en mi diagnóstico, si debemos interpretar la premura por avanzar el proyecto de reelección ante el fundado temor de que Fernández se fume buena parte de su apoyo electoral hacia el final del mandato.
¿Y los desencantados, qué?
Para quienes nunca votaríamos al FA, ni bajo tortura, pues tenemos sus propuestas por equivocadas, así como peligroso su crecimiento, mas tampoco nos identificamos un ápice con el PLN de hoy que, bajo el “liderazgo” de un niño caprichoso ha decidido volver a una propuesta setentera de la socialdemocracia, no existe opción en la acera del frente. El PUSC murió, o fue asesinado, bajo la conducción de Hidalgo. Gracias a él y a Eli Feinzaig, liderazgos torpes y autoritarios, el electorado se quedó sin opción liberal de centro. A la espera quedamos de alguna alternativa electoral potable para el futuro.
Posdata. ¿Y ahora con qué rostro podrán seguir acusando los operadores mediáticos del chavismo de “comunistas” al FA, cuando Fernández acaba de cumplirles uno de sus más importantes objetivos de plan de gobierno (página 50), esto es, la anulación del Acuerdo Transpacífico? No lo sé Rick. Esto huele tan mal como el asunto con Tovar.
