Por Patrick Anchía Brenes y Rodolfo Alberto Meléndez Campos – Estudiantes del Green Club

“Los logros obtenidos por las cuarentenas en diferentes partes del mundo se pueden 'esfumar' tan pronto como se obtuvieron” (Bloomberg, 2020). La pandemia ha representado un evento cuyos precedentes son inexistentes, sin dejar de lado que las situaciones aterradoras que la humanidad ha presenciado han sido variadas y de un alcance realmente extenso. Entre ellos cabe destacar desde grandes terremotos como el Terremoto de Chile hasta grandes pestes globales como nos relata Carlos Losada (2020): “la viruela como mayor pandemia sufrida por la humanidad, ya que se estima que ha dejado tras de sí la escalofriante cifra de 300 millones de muertes”. Sin embargo, ninguna de ellas ha generado repercusiones en condiciones tan ambiguas y extremas como lo ha hecho el Covid-19.

La ambivalencia propagada por el SARS-CoV-2 radica en los cambios abismales proporcionados en el ambiente, en la cultura sectorizada y en la economía mundial. Los factores de alteración logran intersecarse en aspectos espectacularmente positivos o sumamente negativos. No obstante, de los agentes mencionados, existe uno que prepondera en el significado de ambigüedad, y es el medio ambiente. Según las estimaciones de la Agencia Internacional de Energía, se dejaron de emitir a la atmósfera hasta 2 mil 600 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono, aproximadamente el 8 % del total estimado para el año. Acompañado a ello, los ecosistemas se renuevan, sus diversas especies aprovechan y realizan recuperaciones parciales de lo que ya les pertenecía, pero que debido al factor humano no podían disfrutar.

Lo suscitado implica un sentimiento de gran alivio para la población mundial, pero posee al mismo tiempo una contraparte que demuestra un escenario no tan esperanzador como la sociedad lo creería: el resurgimiento de un enemigo ambiental que nunca ha pasado desapercibido y cuyo uso racional estaba en primer plano de las preocupaciones concernientes a la mejora del ambiente. Este antagonista es el plástico, el cual, como nos cita Ethel Eljarrat (2020), “es un material imprescindible para los equipos de protección individual (EPI) del personal sanitario”. Las mascarillas que utilizan, las denominadas FPP, tienen un material filtrante constituido por un entramado de fibras plásticas que retiene los virus.

Prevalece la ironía de que hasta antes de la llegada de la pandemia la conciencia sobre ambiente y sostenibilidad estaba siendo trascendental en sector más importante: el doméstico. Pero está claro que una necesidad se sobrepuso ante otra y el imperativo de contener la propagación salió vencedor.

La irrupción del coronavirus a escala internacional ha desatado una serie de cambios en la conducta humana sobre los que debemos poner atención, puesto que el miedo no solo se ha apoderado de una parte importante de la población mundial que teme contagiarse del virus, sino también de los mercados; a lo que se suma la amenaza de una gran la crisis financiera mundial y, con ello, anuncios de nuevos tiempos de recesión para las economías globales (Liverona, 2020). La humanidad necesita tener presente que el COVID-19 es un agente modificador que, al igual que el cambio climático, nos puede someter de una forma en la que será difícil sobrellevar una nueva realidad.

Por ende, es imperativo enfocar los esfuerzos masivos en concientizar sobre la existencia de un mundo limitado, donde podemos evitar el pensamiento actual de la sociedad; como señala Flavia Liberona (2020) “cada uno de nosotros crea que tiene derecho a hacer lo que le plazca”. Esto es aún más evidente cuando se hace uso de una metáfora en la cual el planeta Tierra es una burbuja, cuya función principal es la protección de la civilización, pero que depende de esta para no explotar. Es momento de que, al retornar de una pesadilla de esta magnitud, se tomen acciones relacionadas al bien común y se permita crear un dogma sobre una cultura de cambio que vele por el bienestar integral del ser humano y su entorno ambiental.

 

MOXIE es el Canal de ULACIT (www.ulacit.ac.cr), producido por y para los estudiantes universitarios, en alianza con el medio periodístico independiente Delfino.cr, con el propósito de brindarles un espacio para generar y difundir sus ideas.  Se llama Moxie - que en inglés urbano significa tener la capacidad de enfrentar las dificultades con inteligencia, audacia y valentía - en honor a nuestros alumnos, cuyo “moxie” los caracteriza.

Referencias bibliográficas:
• Bloomberg. (9 de mayo de 2020). La pandemia que despejó los cielos y detuvo las ciudades no está frenando el calentamiento global. El Financiero. Recuperado de https://www.elfinanciero.com.mx/ciencia/la-pandemia-que-despejo-los-cielos-y-detuvo-las-ciudades-no-esta-frenando-el-calentamiento-global
• Eljarrat, E. (5 de mayo de 2020). Daños colaterales de la COVID-19: el resurgir del plástico. The Conversation. Recuperado de https://theconversation.com/danos-colaterales-de-la-covid-19-el-resurgir-del-plastico-137803
• Liberona, F. (26 de marzo de 2020). Cambio Climático en tiempos de pandemia. El Mostrador. Recuperado de https://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/columnas/2020/03/26/cambio-climatico-en-tiempos-de-pandemia/
• Losada, C. (5 de marzo de 2020). Cuáles han sido las grandes pandemias de la historia. 65 y más. Recuperado de https://www.65ymas.com/sociedad/internacional/grandes-pandemias-historia_13198_102.html