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Tal vez usted ha escuchado acerca del llamado MMS o “Suplemento Mineral Milagroso” por sus siglas en inglés. Innumerables videos en YouTube se han realizado sobre el tema, y en Costa Rica, incluso Rolando Araya ha promocionado esta mezcla que, se dice, es supuestamente preventiva y cura contra la malaria, la COVID-19 y otros males.  También ha habido referencias a nivel internacional, como el presidente de los Estados Unidos, quien mencionó que alguna cura para el COVID-19 podría venir de un desinfectante. Quizás al igual que yo, usted tiene personas allegadas que le han escrito o han publicado en redes sociales de manera muy pasional sobre este tema, y hasta le han dicho que lo consumen y que los resultados han sido “maravillosos”. A pesar de ello, lastimosamente, no existe ninguna evidencia científica acerca del uso del MMS como medicamento, como lo vamos a explicar.

Mi primera motivación para escribir este artículo proviene del hecho de que me resulta doloroso ver cada vez más personas cercanas que me vienen a decir, que debería despertar, y darme cuenta de que la evidencia científica es cambiante, está influenciada, es falsa, etc. Creo que parte del causante de esta oleada de desinformación es el hecho de que las fuentes científicas especializadas no están disponibles, ni explicadas para la población en general, en cambio, miles de videos en la internet promocionan estas supuestas curas en lenguaje sencillo, y a las personas les resulta muy convincente.

Para entrar en el tema, ¿de dónde viene todo esto del uso del MMS? Pues un alemán, Andreas Kalcker, ha sido su más grande promotor, y lo ha hecho a través de su libro “Salud Prohibida” y su portal en internet. Para comenzar, entonces expliquemos, ¿Qué es el MMS? El principal componente de esta supuesta cura es el clorito de sodio, el cual se mezcla con un ácido, como el clorhídrico o el cítrico, que llaman “activador”, el cual produce una reacción química para generar dióxido de cloro, llamado CDS. El CDS es el supuesto compuesto activo, el cual es un gas que se desintegra en el corto plazo. Tanto el MMS, como el CDS actúan de una manera semejante a como lo hace el cloro comercial de limpieza (hipoclorito), que, aunque no es la misma sustancia, tienen en común que desinfectan por medio de oxidación, que es una manera de destruir lo que sea orgánico que encuentren a su paso.  El MMS y CDS son utilizados comercialmente desde hace muchísimos años para desinfectar piscinas, potabilizar agua, y tratar aguas residuales.  Es decir, es un desinfectante y no un medicamento.

Entonces, podemos preguntarnos ¿por qué no se puede utilizar un desinfectante como medicamento? Y ¿Cuál es la diferencia? Estas preguntas, aunque sus respuestas parecen muy obvias —y aunque me resulte increíble que en 2020 haya la necesidad de explicarle a las personas que no hay que tomarse los desinfectantes— han potenciado innumerables teorías sobre conspiraciones, supuestas curas y engaños.

Para entender la diferencia entre medicinas y desinfectantes, deseo explicar de manera simplificada, cómo funcionan algunos medicamentos. Los antibióticos, por ejemplo, —que, dicho sea de paso, no sirven contra la COVID-19— matan las bacterias (y no virus) atacando algunos mecanismos específicos de estas. Por ejemplo, las penicilinas no permiten que las bacterias construyan una parte del envoltorio celular (su piel, por decirlo así), y de esta manera mueran. Pero nuestras células son diferentes a las de las bacterias, y no contienen ese componente en particular, y por ende el medicamento no afecta nuestro organismo. A esto se le llama un mecanismo específico. De igual manera pasa con los antivirales. Aunque los virus se meten y actúan dentro de nuestras células, aun ellos tienen mecanismos específicos. Por ejemplo, el Remdesivir evita que el material genético del virus sea copiado. El proceso por el cual este se copia es bien distinto al de nuestro propio material genético. Por esto, no nos afecta, es decir, de nuevo el mecanismo es especifico. Otros tratamientos contra los virus, por ejemplo, el plasma convaleciente —como el que está desarrollando el Instituto Clodomiro Picado con la sangre de los recuperados y con sangre de caballos—, se basa en anticuerpos producidos por el sistema inmune, los cuales se unen a partes del virus, que en el caso del coronavirus que ocasiona la enfermedad COVID-19, lo más común son las proteínas espiga, que son las que utiliza el virus para infectar. Al estar el anticuerpo unido, el virus no puede infectar.  Esta unión es muy específica, lo que significa que no se une a nada más, es decir, una vez más el mecanismo es especifico.

Ahora bien, podemos hablar de los antisépticos y desinfectantes. ¿Cómo es que actúan? Pues a diferencia de los medicamentos, su mecanismo no es específico. El cloro comercial, que ya fue mencionado anteriormente, oxida todo a su paso, incluyendo virus, bacterias, hongos e incluso nuestras propias células. De aquí que algunas personas como asmáticos y aquellas con afecciones respiratorias sienten que los vapores de cloro les perjudican. La oxidación destruye tanto materia orgánica viva como muerta, de manera algo parecida a si se quemara, incluyendo no solo virus y bacterias, sino tejido.  De manera semejante actúa el MMS y el CDS. Este tipo de compuestos no funciona como medicamentos porque, de hecho, son venenos.

El jabón, por ejemplo, mezcla los componentes grasosos con el agua, y sí, esto es suficiente para destruir un virus mortal. Es cierto que el jabón en nuestras manos no nos envenena (porque la piel nos protege), pero les aseguro que ninguno de ustedes acompañaría el almuerzo con un vaso de jabón líquido como bebida, ni lo usaría como suero intravenoso.  Entonces, también es cierto que el virus se muere con algo tan simple como jabón, y que aún no hay una vacuna, porque desarrollar una vacuna no es tan sencillo como hacer jabón. Podríamos utilizar un ejemplo tan irracional como el argumento: muchas sustancias son potencialmente capaces de matar el virus, por ejemplo, muy posiblemente el ácido sulfúrico concentrado lo desintegre, pero claro está, que yo jamás les recomendaría meter las manos en acido sulfúrico concentrado, ni mucho menos tomárselo. Jamás lo propondría como cura.

Regresando al MMS/CDS, considerando lo anterior, no es casualidad que no exista ni un solo estudio clínico al respecto, aunque algunos videos en línea digan que sí los hay. A nivel de la ciencia, los estudios se publican en revistas de ciencias o medicas que realizan revisión por pares y, si es aceptada, se publica con todos los detalles de qué se hizo y cómo se hizo, y de esta manera, otros investigadores pueden repetir el experimento y confirmar los resultados. Las investigaciones en estas revistas no están restringidas a ningún grupo, en tanto se sea capaz de demostrar rigurosidad científica; así que cualquier centro, hospital, universidad, empresa o grupo de investigación público o privado del mundo puede publicar sus datos. En el caso del MMS no existe ninguna publicación a nivel clínico. Esto significa que no existe ningún tipo de evidencia de que funcione. Como este tema ha sido recurrente, he realizado múltiples búsquedas al respecto. En la página del señor Kalcker se mencionan algunas publicaciones científicas en las cuales el MMS/CDS se utiliza para eliminar virus en aguas residuales, en agua potable, en desechos de sangre y otros. Como ya mencionamos, sí es capaz de eliminar el virus como desinfectante pero, esto no lo convierte en medicamento.

Entonces, ¿cuál sería el problema de utilizar un desinfectante como medicamento?

En el caso del MMS, las disoluciones madres están a niveles de concentración peligrosos. Los “protocolos” para el uso de estos productos, explican cómo hacer las diluciones con utensilios domésticos, los cuales no son muy precisos. Un error en esta preparación potencialmente produciría una intoxicación, como se presume, ya ha venido pasando. Ahora bien, las concentraciones en las cuales se utiliza como desinfectante son mayores a las que son seguras para consumo humano. En agua potable, algunas veces hay un residuo de estos compuestos, a una concentración lo suficientemente baja como para que no sea perjudicial. Entonces, si la disolución fue preparada de manera correcta (es decir que es casi solo agua), ¿Qué pasaría al consumir este compuesto? Pues no mucho, simplemente, esa pequeña cantidad del dióxido de cloro oxidaría lo que encuentre por la garganta hasta desintegrarse.  No sería capaz de llegar a todas las partes del sistema respiratorio y digestivo, ni evitaría reaccionar con cosas distintas al virus, como, por ejemplo, nuestro mismo tejido. Como decíamos, la concentración debería ser lo suficientemente baja para no hacernos un daño, también sería lo suficientemente baja para no ser eficiente contra el virus. Volviendo al ejemplo del ácido sulfúrico: si lo mezclásemos con suficiente cantidad de agua como para hacer seguro su consumo, pues ¿qué pasaría si lo tomásemos? La respuesta es simple: nada.

Entonces podríamos pensar, ¿Qué pasa con los múltiples videos en YouTube que contienen testimonios de personas en diversos países que utilizan MMS? Debemos tener muchísimo cuidado al analizar datos, y sacar conclusiones. De lo contrario podríamos experimentar una ilusión estadística. ¿Qué es esa ilusión estadística? Por ejemplo, si mi vecino tiene 4 autos y yo ninguno, en promedio tenemos dos cada uno. O, por ejemplo, si en una ciudad, en promedio uno de cada tres carros choca en un año, una conclusión incorrecta seria pensar que mi auto está obligado a chocar cada tres años. Ahora bien, en el caso de los testimoniales, del todo ni siquiera hay estadística.

Muchos de estos testimonios fueron grabados por personas que muy posiblemente creen, de manera honesta, en todos los supuestos beneficios, y, además, lo explican en un lenguaje más accesible a la gente que la información científica, pero esto no constituye una prueba en sí misma. Usualmente, un estudio en buena forma involucra un número significativo de pacientes, a los cuales a un grupo de control se le ha asignado un placebo (es decir, como una pastilla sin medicamento) y otro grupo experimental (seleccionados aleatoriamente) se le entrega el tratamiento. Se compara los resultados del grupo experimental contra el grupo control, para demostrar que el tratamiento funciona más allá del llamado “efecto placebo” en el cual, una persona se siente mejor por el efecto que genera en el cerebro el sentir que está tomando un tratamiento. El efecto placebo en sí mismo es una posible explicación a los testimonios. Que alguien sienta que mejore por tomar CDS, no implica que la evolución de sus síntomas sería distinta si no lo hubiese tomado. Por eso la comparación estadística es necesaria.

Lo mismo ocurre cuando estos videos nos presentan a médicos, o al menos, personas con una gabacha y un estetoscopio que dicen haberlo utilizado con éxito. No nos están mostrando los datos, el grupo de control y la rigurosidad en la adquisición de datos. Por eso la ciencia no trabaja por YouTube, y por eso nos importan tanto los estudios publicados en forma.