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Señalar como será su empresa o la propia economía post COVID-19, no es solo imposible, sino irresponsable; nadie lo sabe, lo único que es claro es que no regresaremos a una situación igual a febrero del 2020. Aunque si es posible mostrar oportunidades, señalar debilidades y ofrecer alternativas.  Lo que salga de ello, será una combinación de lo que todos nosotros hicimos y de la forma en que respondieron los agentes económicos y el mercado.

Por ello, debemos entender que no existe una nueva normalidad, lo que tenemos es una nueva oportunidad para desarrollar / proponer una nueva realidad. ¿Qué es lo que podemos hacer ahora? Aquí las opciones.

Reabrir la economía

Esa es la propuesta de los principales operadores económicos del sector privado. Es obvio, en estos momentos muchas de sus actividades están paralizadas, si no es que colapsadas. Si optamos por una medida de ese tipo, es posible que aumenten los casos de COVID-19, y eventualmente nos lleve a una espiral de casos que podría colapsar los servicios de salud. O bien, puede ser que —por un mandato de la divina providencia— no ocurra nada y la economía vuelva a moverse. Aun así, recordemos que una fuente importante de recursos llega de las manos del turismo, que además es la que genera los mayores eslabonamientos en la economía. El turismo extranjero representa alrededor de 4000 millones de dólares y como 250 mil empleos. ¿Cuántos, de los más de 3 millones de turistas —que llegaron el año pasado— vendrían a Costa Rica en este contexto? O bien ¿Cuántos del millón de turistas nacionales que van al exterior, se quedarían a hacer turismo en el país? ¿Es posible hacer una apuesta de ese tipo hacia el turismo interno, dado que normalmente gasta cuatro veces menos que el internacional? En este momento de crisis, si fuera posible echar a andar el turismo doméstico, su capacidad de gasto está muy mermada, por lo que los precios deberían ajustarse en consecuencia. ¿Usted se arriesga a hacerlo? Es una posibilidad.

Prolongar el confinamiento social

Alguna gente señala que si no reabrimos la economía,  la gente morirá de hambre, y posiblemente sea cierto; pero no porque no se reabra, sino porque la gente que podría consumir no está saliendo a la calle. Para eso es la red de asistencia social. El poder financiarla, podría darle tiempo a la economía para testear sectores y velocidades de reapertura.

¿Cómo financiar meses de economía ralentizada, con muy bajo consumo? Existen dos formas, que trabajando de forma simultánea, pueden sentar las bases para una posterior reactivación. Al mismo tiempo, le dan tiempo a la economía para que vaya haciendo pruebas respecto de cuáles son los sectores que pueden volver a la actividad económica, y a qué velocidad.

La primera es el ROP. Ya se ha señalado que esos son recursos que los ciudadanos tienen en custodia del Estado para la jubilación. Sin embargo, la situación actual pone en peligro ese escenario futuro, de ahí que tenga sentido el liberarlos hoy. Existen además dos consideraciones del porqué deberían liberarse esos recursos para todos quienes cuentan con ellos (y no solo los pensionados): la primera es el cálculo de los pagos, el cual ha sido cuestionado por suponer que las personas vivirán más de 100 años. La segunda es la forma de administración; dado que muchos de los aportantes hemos recibido pérdidas, aunque las operadoras han seguido cobrando por la administración de los recursos, como si ellos no fueran responsables de las mismas.

Liberar el ROP hoy permitiría no solo garantizar consumo de un porcentaje importante de la población trabajadora, sino eventualmente la posibilidad de invertir esos recursos en activos, actividades económicas, etc., que darán rendimientos futuros, y darían movimiento a la economía.  ¿Quién mejor que uno para administrar sus propios recursos?

La segunda son las reservas internacionales netas del BCCR. Al 12 de junio del 2020, existen 8,561.8 millones de dólares en reservas. Se considera un mínimo aceptable de reservas el equivalente de tres meses de importaciones. Eso es alrededor de 4,500 millones de dólares.

Si el bono proteger (de 125,000 colones al mes) pudiera llegar al millón de personas que lo requieren por cinco meses, empezando en julio (es decir, de julio a noviembre), estaríamos utilizando 1,078 millones de dólares de las reservas. Es decir, quedarían 7,483.8 millones de dólares de ellas (equivalentes a  cinco meses de importaciones). Ello permitiría solventar un mínimo (insuficiente, claro está) de alimentos para el 20% de la población hasta noviembre. Sin endeudamiento adicional.

Si podemos combinar ambas políticas, es posible un escenario de consumo bajo pero no detenido. Y si ello se asocia a una política de abastecimiento de bienes básicos, basada en la producción local, minimizando la intermediación (como se ha estado viendo con la creación de canales virtuales que van del campo a la ciudad), es posible mantener una parte crucial de la economía, a la vez que se promueve el empleo que no es posible virtualizar. Con adecuadas medidas de prevención es una forma viable de fortalecer el tejido empresarial local, la producción nacional y los encadenamientos productivos. Además de aportar a las economías territoriales, que son hoy las más azotadas económicamente por la pandemia.

Eso le daría recursos a quienes lo están perdiendo todo, posibilidades de inversión a quienes están en edades que los excluyen del mercado laboral, y aire a la economía para empezar a reactivarse, empezar un muy lento retorno a las actividades.