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El mensaje temprano e insistente de “quedarse en casa” así como la suspensión profiláctica de eventos masivos y el cierre, también de manera temprana de los aeropuertos, fueron decisiones acertadas y tomadas a tiempo. La crisis por COVID-19 en Costa Rica está relativamente estable, aunque es una situación muy volátil —el Ministro de Salud la comparó con caminar sobre cáscaras de huevo— que solo requiere de 1 o 2 días de contacto social para volver a una curva exponencial y arruinar todo el buen trabajo realizado, e igual de importante, botar por la borda todo el sacrificio de millones de costarricenses que algunos a costa de sus empleos y sustento, se han quedado en la casa. Es un sacrificio fuertísimo de todos los ciudadanos que no se debe menospreciar, y se debe respetar.

Por eso mismo, la tarea que tiene el gobierno ahora es aún más difícil que la de pedir una cuarentena e incluso que la de planear la respuesta de la CCSS a la primera ola pandémica. La tarea ahora consiste en idear una estrategia para apertura económica progresiva, y así respetar el sacrificio de los costarricenses, sin arriesgar la vida de la población vulnerable, y principalmente, la capacidad del sistema de salud nacional, mientras se mantiene el control de la pandemia. Datos de otros países (y el sentido común) sugieren que un colapso del sistema de salud, aumenta la mortalidad de COVID-19 a más del doble. Visto que las medidas de mitigación para desacelerar la curva de crecimiento fueron tomadas a tiempo, y están surgiendo los efectos esperados, el gobierno compró tiempo y ahora puede y debe sentarse a planear una estrategia para salir de esta de manera efectiva.

No es una tarea fácil y casi ningún país —excepto China— ha salido de esta situación aún, por lo que casi no hay ningún caso de estudio que nos pueda ayudar como referencia. Algunos podrían citar el caso de Wuhan como modelo, sin embargo, existen muchas diferencias culturales y políticas que no aplican a nuestra realidad costarricense, aunque algunas de las medidas posteriores pueden ser estudiadas por nuestro gobierno. Otros gobiernos como Singapur han implementado medidas con poco éxito, arriesgándose una segunda ola pandémica.

El plan debe ser publicado cuanto antes, ya que los costarricenses iniciaron a ver el fruto de la cuarentena, y los casos nuevos promedio de los últimos 5 días ya están por debajo de 10 casos nuevos por día —aunque hoy hubo un repunte de 12 nuevos casos—. Esto pronto va a provocar que la población en general necesite un plan establecido con menos incertidumbre, especialmente para los costarricenses que necesitan salir de la casa para ganarse el sustento. De otra manera, se puede caer pronto en la fatiga colectiva aumentada por la incertidumbre, que puede provocar desacatamiento de las medidas de distanciamiento social sin actualizar.

Para ser claro, no se está proponiendo que se eliminen las medidas mañana sin control ni tampoco se está presumiendo que la primera ola pandémica ya paso. Simplemente que es urgente que el gobierno presente un plan claro y conciso de cómo vamos a regresar a la normalidad, y cuál va a ser la nueva normalidad.

Un plan publico claro con medidas controladas y escalonadas puede evitar una segunda ola que nuestro país no está en condición de sobrellevar económicamente. Y esta semana es clave para su publicación.