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Este año, como hace ya más de dos décadas atrás, conmemoraremos el 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, expresándonos colectivamente para hacer conciencia social y política sobre la persistencia de este grave problema en nuestro país.

Hablamos de la violencia machista, esa que se basa en la creencia de que las mujeres somos inferiores que los hombres; que nos coloca como propiedad de otros; que controla nuestros cuerpos y nuestras decisiones; que utiliza nuestra imagen y desvaloriza nuestro trabajo; esa violencia que se ejerce cuando se justifica a quienes nos agreden sobre la idea de que las mujeres somos las culpables de la violencia, es contra lo que luchamos y lo que debe ser erradicado.

Hoy nuestro país registra avances en legislación que reconoce el problema y contempla algunos mecanismos de protección, no obstante, estas leyes no impiden que la violencia continúe dándose.

El Instituto Nacional de las Mujeres (INAMU) reporta más de 20 mujeres víctimas del delito de femicidio en Costa Rica, es decir, mujeres que ya no están, que perdieron su vida por acción de otra persona que decidió matarlas, por considerarlas inferiores debido a su condición de género; descargando su odio y su violencia contra mujeres con quienes tuvieron hijos y compartieron cercanamente.

Son desgarradoras cifras de muertes deliberadas y evitables, donde el factor de riesgo, en esta lógica machista, es ser mujer. Porque es por ser mujer que estamos expuestas al control y al dominio de otros —hombres, instituciones u otras mujeres incluso— que conforman un complejo y heredado sistema patriarcal. Ahora lo que toca es afirmar nuestra condición de persona y nuestras plenas capacidades de desarrollo.

Por eso, salimos a las calles y nos sumamos a la Marcha este 23 de noviembre, en la legítima convocatoria nos hace INAMU, Porque no podemos ni queremos renunciar al derecho humano de las mujeres y las niñas a una vida libre de violencia, que se manifiesta en lo simbólico a través de estereotipos, prejuicios y demás actos de dominación, discriminación y desprecio por cualquier motivo, pero particularmente por el género de las personas, debe ser erradicada de nuestra cultura sin dilación alguna.

Porque nos queremos y deseamos vivas, vitales, libres, autónomas, empoderadas, ciudadanas desarrollándonos en una sociedad que reconozca los logros y aportes que las mujeres hemos alcanzado tras décadas de luchas colectivas, que celebre con nosotras nuestra existencia.

Lo haremos también para celebrar los procesos de cambio en aquellos hombres que asumen masculinidades no violentas ni opresivas, que también se han sumado a este proceso transformador, de forjar un mundo más igualitario y justo para todas las personas y para el planeta donde habitamos.

Como diputada, me siento muy orgullosa de formar parte de un congreso que alcanza la conformación más paritaria de su historia; hecho nada casual, porque es el resultado de un proceso de lucha de mujeres por la igualdad y la construcción de la democracia de nuestro país.

Así, asumo mi responsabilidad como diputada en impulsar la agenda parlamentaria necesaria para seguir avanzando en la garantía y el respeto de los derechos humanos de las mujeres de todas las edades, en todos los espacios. Necesitamos defender los logros alcanzados, no retroceder, necesitamos continuar nuestro camino democrático.

Grandes causas nos convocan. Vamos decididamente a marchar este 23 de noviembre, a partir de las 8:30 am, saliendo del Parque La Merced en San José centro. Sumémonos con un pañuelo o prenda anaranjada en señal que simboliza las décadas de lucha contra la violencia hacia las mujeres.

¡Por nuestros derechos! ¡Por nuestra libertad!