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Uno de los siguientes grandes blancos para la era digital es la ciudad. La combinación de tecnología con infraestructura física y los servicios pueden simplificar las vidas de los residentes de las ciudades.

Este concepto es el resultado del —siempre en expansión— término “el Internet de las Cosas” (IoT por sus siglas en inglés), junto con temas como transporte, energía, telecomunicaciones, agua y saneamiento, seguridad, para mencionar algunos entre los muchos sectores que se pueden ver impactados por su puesta en práctica. Sin embargo, este es el momento ideal para tales tecnologías, ya que más del 60% de la población mundial vivirá en ciudades para el año 2050, según estudios de varias empresas tecnológicas mundiales y entidades como la Universidad Tecnológica de Delft en los Países Bajos.

Entre los primeros lugares en adoptar las tecnologías de las ciudades inteligentes se encuentran ciudades como Amsterdam y Barcelona, y los conceptos se propagaron rápidamente a otros países, llegando a ciudades como Dubái, Copenhague, Londres, Hamburgo, Singapur, y en los últimos años llegando a lugares como San Francisco, San Antonio y Nueva York en los Estados Unidos, que están empezando a tener fantásticos resultados implementando dichas tecnologías, también estamos viendo ciudades latinoamericanas uniéndose a este grupo, tales como Ciudad de México, Santiago de Chile y Sao Paulo en Brasil.

En Costa Rica apenas estamos viendo cómo se dan pequeños pasos con lapsos de tiempo bastante considerables entre cada uno, y bajo conceptos con más de una década de estarse utilizando, esto, en un mundo donde el concepto de ciudad inteligente se está volviendo cada vez más obsoleto y se da paso al término de ciudades receptivas, tema que me interesaría discutir en otra ocasión.

Se estima que una ciudad inteligente es capaz de ahorrarle 125 horas anuales a cada residente urbano, esto a través de la mejora de servicios como parqueo, salud, gestión de residuos, gestión del tráfico y trámites en instituciones públicas. Estas soluciones pueden facilitar las vidas de los residentes, al tener la información al instante y a la mano, todo esto, a un clic de distancia.

Se puede decir perfectamente que la tecnología es la columna vertebral de una ciudad inteligente, pero jamás su único componente, como muchos han querido decir. La ciudad inteligente se trata de proveer mejores condiciones de vida a los ciudadanos, mientras se hace a la ciudad más resiliente, sostenible y habitable.

Una ciudad también la podemos definir como inteligente cuando las inversiones en capital social y humano, así como las inversiones en la infraestructura tradicional y de telecomunicaciones avivan un desarrollo económico sostenible y generan una mejor calidad de vida, con un consiente balance en el uso de los recursos naturales, a través de la acción participativa y el compromiso de los diversos actores de la ciudad.

Muchas ciudades están en una carrera por hacerse inteligentes, y cada una a su manera, errónea o acertada, ha marcado varios lineamientos y filosofías sobre cómo debería ser una ciudad inteligente. Mientras algunas ciudades se enfocan y creen que las ciudades inteligentes se tratan totalmente de tecnología que conecta cada rincón y esquina de la ciudad, otras creen que una ciudad inteligente no se trata de algo más que de sus ciudadanos, personalmente soy total partidario de esa segunda teoría, especialmente si esas ciudades en un futuro buscarán pasar a ser ciudades receptivas, término mencionado anteriormente.

Para construir una ciudad inteligente, que provea de soluciones y servicios inteligentes a sus residentes, la clave está en la alfabetización tecnológica.

La alfabetización tecnológica se trata básicamente de crear aulas digitales donde se enseña a las personas a utilizar las herramientas y programas básicos computacionales. Destaco y aplaudo el que algunas municipalidades del país han implementado en los últimos años la creación de estos centros para enseñar a sus residentes, especialmente los de generaciones que no crecieron con el uso de las tecnologías informáticas, a utilizar estas herramientas. Todo esto se da con el fin de lograr que verdaderamente los servicios de las ciudades inteligentes lleguen a todos por igual de una forma más democrática y no se vuelva otra forma de segregar grupos poblacionales en el entorno urbano.

Además de ese importante componente, otros factores que definen la constitución y construcción de una ciudad inteligente y que se pueden mencionar son:

  • Tecnologías de Comunicación e Información
  • Internet de las Cosas
  • Sensores
  • Tecnología Geoespacial
  • Inteligencia Artificial
  • Cadenas de Bloques

De los cuales también se podría hablar extensamente, y se mencionarán de forma más completa en otra ocasión.

Costa Rica tiene un obstáculo extra para poder implementar las tecnologías de las ciudades inteligentes, y este es el gran problema que genera en su gestión y coordinación el tener instituciones separadas e independientes a cargo de cada servicio público y urbano que se provee, por lo que deberán crearse equipos interdisciplinarios de todas las entidades e instituciones involucradas para llevar al punto final todas las metas que el país se proponga en este tema.

Se debe tener claro que las ciudades inteligentes son ciudades que evolucionan constantemente, y su inteligencia es relativa. Parte de los requerimientos para ser y gestionar una ciudad inteligente es el entender que el cambio siempre será necesario, pero su inteligencia vendrá de que los tomadores de decisiones escojan de forma correcta las mejores herramientas para servir a las personas en la ciudad y a la vez mantener su cultura y sostenibilidad activas.