Hoy se sabe que, si todas las personas adultas terminaran sus estudios de secundaria la pobreza en el mundo se podría reducir a la mitad, según la Unesco.

Se escucha decir que, en este país “el que no estudia es porque no quiere”, pero cuidado. Eso no es tan así. La semana pasada veíamos con Leonardo Merino —coordinador del Informe anual del Programa Estado Nación— que actualmente siete de cada 10 personas desempleadas no tienen secundaria completa, en parte, porque pertenecen a una generación que tuvo que salir de las aulas para ir a trabajar durante la crisis de los 80s.

Entonces, que haya personas que no lograron pasar por las aulas de un colegio o de una escuela, muchas veces, poco o nada tiene que ver con que “no quisieran”. Existen realidades distintas, inimaginables. Hay personas que tienen que salir a trabajar o no comen, jóvenes y niños que son obligados a contribuir en sus casas porque simple y sencillamente no hay de otra.

Con esta introducción la idea no es causar lástima, ...