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La noche del domingo 4 de febrero fue bastante complicada para mí. Aclaro desde el inicio que desde que tengo uso de razón me he sentido cercano al PAC, Ottón Solís siempre ha sido mi modelo en política y la ideología del partido ha resonado siempre con mi propia filosofía. Sin embargo; reconozco que este gobierno no brindó el cambió que esperaba y que al final del día el descontento sigue en aumento, y que el primer gobierno del PAC deja una especia de sinsabor en la boca.

A pesar de eso me levanté temprano, me alisté, agarré las llaves de mi carro y me fui a votar, después llevé a mi madre a votar. En días anteriores la había logrado convencer de votar por Carlos Alvarado, ella vota en Guadalupe, el ambiente estaba un poco frío, pero me alegró ver a mi madre votar, ella es mi compás moral en la vida y siempre me enseñó a pensar con el corazón y con la razón, que no son excluyentes y que ese es el equilibrio que debo buscar siempre en la vida.

Después de eso, el día siguió normal para mí, de verdad creía que íbamos a tomar la decisión correcta y que ese día podíamos empezar a sanar las heridas y cerrar las distancias que tanto nos enfrentaron en esta campaña; a las 8:17 p.m. me di cuenta que estaba bastante equivocado.

Mis amigos y yo nos quedamos fríos al ver el primer corte y aunque conforme pasó la noche fuimos recuperando el color, fue una mala noche en general… Cabe decir que no dormí bien, mi viaje a casa se sintió muy solo y me corrían muchas cosas por la cabeza, mis amigos LGBTIQ+, mi novia, mi familia, lo complicado de la crisis fiscal… en fin, cosas que no entendía del todo, pero aún así me quitaban el sueño esa noche.

Sin embargo, algo también fue cambiando esa noche, decidí leer y escuchar como nunca antes lo había hecho, entendí porqué las cosas se dieron así, mucha gente siente todos los días lo que yo sentí esa noche, nada más que sus temas son más trascendentales que los míos, logré entender que tengo el privilegio de preocuparme por algo más, porque el resto de las cosas de una u otra manera las tengo resueltas; otros no, hay una realidad que no entendía y seguiré sin entender, pero comprendo porque un mensaje que más allá de los tintes homofóbicos y fundamentalistas hace eco en tanta gente, lo que para mí es una realidad para otros es un lujo, y eso no hace que mi punto de vista sea más válido que el de los demás.

Costa Rica es más que el GAM, es más que mi newsfeed de Facebook y mucho más que mi contexto, en muchos lugares el Estado ha fallado, no ha creado las oportunidades necesarias y ha dejado un vacío enorme, los partidos tradicionales a lo largo del tiempo fueron gastando la esperanza que alguna vez tuvieron estas personas en la política, donde antes el gobierno era una salvación, ahora es sinónimo de abandono y negligencia, y esos vacíos lo han llenado otras instituciones, ya sean comunales, sindicales o religiosas, con gente de su propia comunidad y con un mensaje que proviene de su Costa Rica, la que no conocemos.

Ese entendimiento se vio acompañado de otra realización, ganas de hacer la diferencia, desde lo que puedo hacer, y sumar a lo que pueda para hacer mejor no solo mi contexto. Mi sorpresa fue mayor cuando vi que miles de personas más sintieron lo necesario para también involucrarse, compartir, construir y principalmente dialogar y escuchar.

Costa Rica va a estar mejor pase lo que pase, porque ya nos dimos cuenta de muchas cosas, nos dimos cuenta de que vivimos en una democracia, que el principal componente de esa democracia no es el acto de votar, es el acto de hacerse escuchar, de ser vigilantes, de exigir una verdadera representación en la que nadie se quede excluido, donde cada vez más podamos disfrutar de la Costa Rica que soñamos, ya vimos de frente todos nuestros problemas como sociedad, nuestra carencias y nuestras divisiones, ahora es cuestión de nosotros como ciudadanía cambiar esta situación y en estos días he visto que somos capaces de hacerlo, por eso es que sigo optimista.