La realización de la Asamblea General de las Naciones Unidas en la ciudad de Nueva York ha vuelto a poner en la agenda algunos de los desafíos cruciales de los tiempos que vivimos. Más allá de los sobresaltos que hemos tenido en Costa Rica en los últimos días en relación con la proyección de la imagen internacional de nuestro país —lo cual ha generado serias y fundadas preocupaciones—, la realidad nos obliga a analizar y encarar lo que en estos momentos está en juego: nada menos que el futuro mismo del sistema multilateral y, en estrecha relación con ello, el desarrollo del proceso para la designación de quien sustituirá a António Guterres al frente de la Secretaría General.
Esta elección se desarrolla en un momento particularmente crítico para la organización, en el cual el multilateralismo está siendo ferozmente atacado por fuerzas interesadas en imponer autoritariamente su poder, debilitando la idea fundacional de un mundo regido por la ley y por reglas compartidas. A esto se suma el incremento de los conflictos, el debilitamiento de las instituciones democráticas, la crisis climática y el surgimiento de amenazas tecnológicas sin precedentes. La escogencia de una persona con experiencia y liderazgo probado para encabezar la Secretaría General es, por ello, crucial.
En este contexto, la candidatura de una mujer costarricense de amplia trayectoria y profundo conocimiento del sistema multilateral reviste particular relevancia. Rebeca Grynspan tiene el perfil necesario y los méritos indiscutibles para ocupar la Secretaría General y, desde esa posición y en estrecha comunicación con los diversos países, generar iniciativas para hacer frente a los monumentales retos globales e institucionales que enfrenta la ONU. Al profundo conocimiento de la organización, Rebeca suma su vasta experiencia en procesos de negociación y de búsqueda de acuerdos, ámbito en el cual ha podido mostrar resultados concretos, como es el caso del importante acuerdo del Mar Negro, que contribuyó a prevenir una crisis de seguridad alimentaria.
A lo largo de mi vida como funcionaria pública y en el ejercicio de diversos cargos que tuve el honor de ocupar, tuve la oportunidad de interactuar con Rebeca y conocer de primera mano su estilo de liderazgo, su forma de proyección y su compromiso. Cuando estuvo al frente de la Secretaría General Iberoamericana pude comprobar su capacidad para escuchar y crear espacios privilegiados de diálogo, así como para impulsar, en estrecha comunicación con los distintos actores, procesos de innovación y reformas significativas. Y, más recientemente, en ocasiones en que mi labor diplomática en la Embajada de Costa Rica en París y en el seno de la UNESCO me llevó a interactuar con ella, comprobé su alta sensibilidad para comprender las posiciones de los otros y, muy particularmente, su respeto y valoración de la diversidad de posiciones, elemento clave de su capacidad negociadora.
Pero, más allá de estos atributos probados, Rebeca Grynspan es —como bien señaló Elizabeth Odio Benito— una fiel defensora de los principios y valores de la Carta de las Naciones Unidas. Ha expresado su preocupación por las violaciones del derecho internacional y del derecho internacional humanitario, y ha reiterado la urgencia de retomar, como objetivo fundamental de la ONU, la defensa de la paz y la seguridad, dándole mayor espacio a la prevención y a la mediación. Este compromiso es una garantía para los países que, como ha hecho Costa Rica a lo largo de su historia, han defendido un orden mundial regido no por la fuerza del más poderoso, sino por el derecho internacional, por el reconocimiento de la dignidad de todos los seres humanos y por la cooperación como herramienta clave para construir un mundo mejor.
Es imposible no señalar otro elemento capital de este proceso: la elección de Rebeca Grynspan permitiría a la organización saldar una deuda histórica con las mujeres —en sus ochenta años de existencia solo ha designado hombres en la Secretaría General— y enviar así un mensaje fuerte al mundo en momentos en que los derechos de las mujeres sufren serios retrocesos o amenazas en distintos países. También es relevante que una persona de América Latina ocupe un cargo que, durante más de tres décadas, ha tenido titulares provenientes de otros continentes: la región de América Latina y el Caribe ha estado ausente de esa posición de liderazgo desde 1991.
Rebeca Grynspan está preparada para asumir el cargo de secretaria general de las Naciones Unidas en un momento de altas tensiones geopolíticas y fuertes presiones financieras. Su trayectoria es una garantía para una organización que debe fortalecerse y reconstruir la confianza en el sistema multilateral, al tiempo que emprende valientes reformas que resultan críticas para el cumplimiento de su insustituible papel en el ámbito global. Y, como bien ha señalado la candidata, el tiempo se está acabando para acometer esa gigantesca y estratégica empresa.
No cabe duda: esperanzadora y positiva señal sería la elección de Rebeca Grynspan como secretaria general de las Naciones Unidas.
