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La resiliencia es la clave que puede ayudar a las naciones a hacer frente a la crisis actual. Además, la resiliencia determinará el nivel de afectación posterior a la crisis y debe ser guía para la toma de decisiones futuras de planificación.

Resiliencia es la capacidad de hacer frente a las problemáticas o crisis que puede sufrir un territorio y el potencial para usar cada desafío como oportunidades de desarrollo. Es una palabra muy usada, pero una característica difícil de construir.

Construir resiliencia real en una nación requiere de cambios complejos en muchos niveles y por muchos sectores, pero sin duda, hoy queda demostrado que invertir en aumentar la capacidad de resiliencia es imperativo. El planeta hoy se encuentra con una oportunidad, que va a tener un alto costo social, pero que da la posibilidad de usar la perspectiva que solo deja el observar las cosas a la distancia, al detenerse, para analizar, y ver realmente el panorama.

La crisis mundial actual por el coronavirus deja al descubierto la fragilidad del sistema económico y sus posibles impactos o afectaciones sociales, emocionales y ambientales.  Las rápidas repercusiones de esta disrupción permiten tomar perspectiva sobre los sistemas de alimentación, el mercado, el sistema de salud, la estabilidad financiera, la infraestructura y muchos temas más. Esta distancia y pausa para contemplar tiene valor solo en cuanto permita propiciar decisiones responsables para enfrentar mejor los retos futuros. Aprender la lección. Expertos, economistas, científicos y filósofos ya muestran sus previsiones de lo que esta disrupción puede significar a nivel mundial.

La capacidad de resiliencia no trabaja de manera aislada, se fortalece en un ecosistema completo tal como la Fundación Rockefeller y su marco para la resiliencia territorial propone. Esta interconexión es posible identificarla al ver la pandemia del coronavirus, una crisis de salud pública, y en donde el sistema de salud lucha directamente. Sin embargo, la capacidad de resiliencia que es necesaria para una crisis como la actual, no solo abarca el sistema salud, sino también el sistema económico y financiero, así como de tejido social, la infraestructura, y las plataformas de liderazgo y estrategia, se unen como un ecosistema integral que ayuda o dificulta dar respuesta y determina la magnitud de afectación posterior. Una lucha que cada país, según su capacidad, recursos y cultura lleva a cabo.

La resiliencia trabaja sobre el fortalecimiento de 7 cualidades básicas que permiten responder, mantenerse y adaptarse a las afectaciones. Se trata de construcción de sistemas y territorios reflexivos, robustos, inclusivos, integrados, innovativos, redundantes y flexibles. El coronavirus muestra una problemática global, dentro de un mundo globalizado, dejando al descubierto la fragilidad de esta interconexión y el valor del fortalecimiento de los sistemas que promueven el bienestar humano y las bases de la calidad de vida más básicos. Repensar y replantearnos estos sistemas debe ser la base de las primeras acciones hacia la construcción de resiliencia.

Esta claridad en el panorama que se muestra al tomar distancia, al detenernos, al ver las cosas a otra velocidad, se refuerza en el valor de ver de manera tangible y muy rápidamente el poder de las acciones individuales y de las decisiones que tomamos diariamente, y quiebra lo que hasta el momento constituía una imposibilidad de acción ante problemáticas mundiales como el cambio climático o locales hacia un desarrollo responsable. Esta claridad, puede ser nublada al incorporarnos nuevamente, pero debe llevarnos a replantearnos la permanencia en un estado de pensamiento y contemplación crítica de nuestro habitar. La resiliencia individual y colectiva nos da herramientas para afrontar el futuro y puede ser la clave para enfrentar los desafíos y crisis que sin duda nos tocará vivir.

“Mantenerse al margen es tomar la perspectiva de un extraño sin alejarse, siempre orientado hacia lo que se habría dejado. Significa, no huir de tu enemigo, sino conocer a tu enemigo, que resulta no ser el mundo – contemplus mundi -, sino los canales con los que te encuentras con el día a día. También significa, darte un descanso que los medios de comunicación y las narrativas no harán, permitiéndote el poder creer en otro mundo mientras se continúa viviendo en este.  Mantenerse al margen, es mirar al mundo (ahora) desde el punto de vista del mundo que podría ser (el futuro), con toda la esperanza y la contemplación afligida que esto conlleva”.

— Jenny Odell  How to do Nothing, Resisting the Attention Economy.