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En estas semanas, frente a la apremiante situación que vive el mundo intentando contener el Covid-19, una serie de personajes de la política en nuestro país han aprovechado la oportunidad para proponer recortes al Estado. 

El diputado independiente Erick Rodríguez proponía, hace unos días, vender la FANAL (sí, en media crisis, cuando la FANAL está produciendo alcohol en gel para hospitales y servicios de salud, así como para el público en general). El diputado Jonathan Prendas argumentaba hace unos días desde su cuenta de Twitter que había que recortar más los gastos del Estado, para cumplir con la regla fiscal.

Otto Guevara, 5 veces candidato fallido a la presidencia y cuyo partido quedó en la quiebra (financiera y política) proponía en El Mundo.cr la venta de activos del Estado para confrontar la crisis. Francisco Gutiérrez, PLN y exjerarca del BCCR, también ha aprovechado la crisis del Covid-19 para alertar sobre el déficit fiscal y criticar la respuesta del Estado costarricense, haciendo un llamado a la austeridad.

Haciendo eco de esta posición, el ex ministro de Miguel Ángel Rodríguez, Eliecer Feinzaig – hoy presidente del Partido Liberal, que no ocupa ningún puesto de elección popular – unía esfuerzos con el economista Luis Mesalles, ex asesor en temas económicos para Fabricio Alvarado durante la pasada campaña electoral y Thelmo Vargas, ex ministro y ex candidato a la vicepresidencia del Movimiento Libertario, para proponer que se aprovechara la emergencia suscitada por la crisis pandémica para reducir fuertemente los gastos del gobierno y cortar a un 50% el salario de los empleados públicos.

Estas propuestas se dan en momentos en que el Estado costarricense está intentando – con todo su limitado arsenal – tomar medidas para reducir los impactos económicos y sociales del virus, a la misma vez que intenta contener su esparcimiento.

¿El Estado ha sido eficiente en lograrlo? Sí y no. Es cierto que estamos bajando la curva, pero también es cierto que la FANAL ha sido ineficiente en distribuir el alcohol en gel, es cierto que los extensos racionamientos del AYA en áreas vulnerables de San José, como Hatillo o Bello Horizonte, así como en otras partes del país han sido preocupantes. 

¿Tiene sentido, entonces, los llamados a disminuir el Estado? No. En lo absoluto. Lo que la crisis ha puesto en evidencia es, justamente, la necesidad de un Estado capaz de responder a una emergencia de salud pública. Esto no sería posible sin los miles de doctores epidemólogos graduados, en su gran mayoría, de universidades públicas. Tampoco sería posible adecuar un hospital en tiempo récord sin una empresa como el ICE y sin la dirección estratégica que le permite la CCSS al Estado. Insistir en que el sector privado podría hacer lo mismo y mejor es simplemente dogmático.

¿Porqué? Porque estamos presenciando lo desastrosa que ha sido la respuesta del sistema de salud más privatizado del mundo occidental, Estados Unidos. Las historias de carencia de mascarillas para personal médico, de desorganización en los protocolos de atención a pacientes sospechosos de contraer el virus, de elevadísimos costos por el tratamiento y falta de pruebas suficientes para testear a la población, han generado que – desde ya – analistas predigan que EEUU se convertirá en un foco de infección similar o peor a Italia.

¿EEUU es una excepción? No. En Inglaterra, otro país en donde las políticas neoliberales de austeridad fueron aplicadas después de la crisis económica del 2008, el gobierno ha sido lento en responder – inicialmente apostándole a la errada “inmunidad de grupo” – y la NHS (National Health Service), el equivalente a la CCSS inglesa, se ha visto desbordada por las circunstancias, en algunos casos sus trabajadores han tenido que recorrer a usar bolsas de basura plásticas ante la faltante de trajes especiales. 

Los recortes al financiamiento de la NHS han dejado a Inglaterra en una situación crítica: hoy, la cantidad de camas en las UCI (unidades de cuidados intensivos) por cada cien mil habitantes es menor que en Italia.

En Italia, el país que más está sufriendo por el Covid-19 en los momentos que escribo este artículo, los sucesivos gobiernos han ido reduciendo progresivamente el financiamiento de su sistema de salud, recortando el presupuesto en €900 millones en el 2012, €1.8 mil millones en el 2013, unos €2 mil millones en el 2014 y en el 2016. Hasta hace un par de años, enfrentando un resurgimiento del sarampión, el Estado tuvo que replantear su política de recortes en salud, sin que ello se tradujera en un incremento significativo.

El descalabro de la NHS y del sistema de salud italiano se viene gestando por años de llamados a la austeridad, llamados como los de Feinzaig, Mesalles, Vargas, Gutiérrez y Guevara. 

¿Sirvieron las medidas de austeridad para la recuperación económica de los países europeos? La premio nobel en economía Esther Duflo afirma que hasta los economistas han reconocido lo errado que fue impulsar políticas de austeridad. El premio nobel de economía Paul Krugman afirma que en realidad esas medidas retrasaron la recuperación económica de Europa, y no la incentivaron, como afirman sus promotores. 

Ante la crisis del Covid-19 la Unión Europea ha suspendido sus reglas presupuestarias, que están diseñadas justamente para contener el gasto de los países miembro. 

La evidencia nos muestra que las recetas prescritas por estos economistas costarricenses tienen más de ideología y menos de economía. Están guiadas por paradigmas ortodoxos (neoliberalismo) que vieron su auge en popularidad durante los años ochenta y noventa, probablemente cuando estos señores estaban estudiando o bien dando sus primeros pasos en la política nacional. 

Estos no son momentos para aprovechar una crisis en la que, potencialmente, podrían morir cientos de costarricenses. Reducir el Estado en este contexto sería una irresponsabilidad enorme.

En lo que sí concuerdo con el señor Francisco Gutiérrez, y es ciertamente un debate urgente, es en que las medidas que se están implementando para aliviar la economía no están tomando en cuenta al sector informal, que constituye casi la mitad de la fuerza laboral del país. 

También tenemos que discutir cómo se garantizará que el dinero que pondrá el Estado (Plan Proteger) irá a quienes realmente lo necesitan. 

Los científicos nos vienen advirtiendo por décadas que enfrentaremos nuevas pandemias, que el calentamiento global y el crecimiento urbano desmedido van a tener impactos profundos sobre la salud pública. Esto que estamos viviendo va a ser cada vez más común en un futuro cercano.

Llamar a reducir el tamaño del Estado y el gasto público en momentos en que estamos presenciando las consecuencias de esa lógica en otros países, es simplemente inaceptable.