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La filósofa Hanna Arendt señaló hace décadas que la crisis política es también fruto de la crisis de la educación. Si tomamos en cuenta que nuestra educación ha estado atravesada por los valores cristianos en nuestro Estado confesional, podríamos afirmar que parte de nuestra crisis política tiene una importante dosis de cristianismo y, en particular, de catolicismo, después del abandono de la cuestión social que impulsaron fervientemente Monseñor Sanabria y don Manuel Mora.

Educar es educar para la libertad y, de manera directa, tener unos límites para que “todos podamos ser igualmente libres” (V. Camps). Estos límites, que tienen que ver con los criterios de lo correcto y lo incorrecto, son éticos, ni jurídicos (judicialización) ni religiosos (pecaminosidad), pues en Costa Rica, aceptémoslo de una vez por todas, se practican muchas religiones que tienen verdades excluyentes (absolutas) y, claro está, sectarias, pues sus intereses -aunque los disfracen- son puestos por encima (tribalmente) de los demás grupos, con lo cual se rompe el ideal básico de la educación: la equidad.

A propósito de la libertad, los bonsái nos proveen una imagen llamativa: unos árboles minúsculos, en relación con el tamaño natural, puestos en macetas que los contienen. A medida que las raíces crecen, se las van cortando, pues las macetas son pequeñas. Las raíces no pueden profundizar, el árbol no puede crecer (libertad). Envejece, pero no crece. ¿Hay seres humanos así? Parece que sí, si nos atenemos al noveno mandamiento (Éxodo 20,16) en el Antiguo Testamento siguiendo al judaísmo, o en el octavo según el catolicismo. Ciertamente, este mandamiento no dice literalmente lo que apunta el título de este artículo, sino más bien "No presentarás falso testimonio de tu prójimo”, aunque las “noticias falsas” son un modo de dar información (testimonio) falsa sobre los otros y cuya intención es falsear la verdad sobre alguien o sobre algo.

Algunos grupos político-religiosos en el poder legislativo dicen que defienden la verdad, aunque en realidad la niegan, hablan de manera enigmática: su verdad es la que ellos mismos inventan religiosamente, pues lo que quieren decir entre líneas es que recibieron una revelación total que los convierte en elegidos: "Jesús, y nada más". Esta frase es banal y totalitaria al mismo tiempo: banal porque indica que ellos son la interpretación correcta de las enseñanzas de Jesús (¡pero no usan el Nuevo Testamento cuando dicen que son cristianos/as!), y a la vez estridente y, por ello, torpe; y totalitaria porque supone una jefatura masculina vertical e incuestionable, un poder desmesurado y sin control alguno.

Este movimiento político se inserta en el conservadurismo religioso costarricense de raíz católica, y no tiene nada de cristiano, puesto que es antidemocrático, debido a que pretende un liderazgo político encabezado por Dios, con todo lo ambiguo, ideológico y peligroso que esto signifique respecto de líderes que se escogen a sí mismos (es decir, a su secreta agenda económica y política), y cuyo movimiento gusta reclutar y exhibir públicamente a las figuras políticas, adineradas, deportivas y de la farándula, como lo vimos en las pasadas elecciones de 2018 para llevar a cabo de una guerra política y espiritual a nivel nacional -y mundial-, según ellos. Ellos/as creen que Jesús los eligió (¡!) para el liderazgo que ellos mismos se susurran al oído hasta creérselo. ¡Vaya timo!

En este contexto, inventar y socializar “fake news”, valiéndose de la velocidad con que se propagan en redes sociales y en internet, no es sino la manera más frívola e insensible de hacerse de poder político y religioso, dejando de lado las relaciones interpersonales para convivir y que hunden sus raíces en la importancia que tiene socializar la verdad entre quienes conviven. Cuando la verdad no es parte de los valores que se defienden, entonces de la falsedad se sigue cualquier cosa por absurda que resulte, tanto como pretenderse elegido por un dios que elige arbitrariamente a unos para que sean líderes políticos y a otros los hunde en la más miserable condición humana.

El problema no es de principios éticos, pues los derechos humanos están ahí y resumen todos los principios éticos a los que la humanidad ha llegado hasta ahora, sino de principios ciudadanos: no todo está permitido en la política, tampoco las “fake news”.