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Para nadie es un secreto que la situación que se encuentra viviendo el territorio costarricense y la población es bastante crítica; que los escenarios económicos no son los esperados, los inversionistas se encuentran en una situación desesperante, llena de zozobra e incertidumbre.

Se pensó que después de implementar la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas se continuaría con una serie de estrategias para reactivar la economía y a su vez retornaría esa confianza a los consumidores; mismos que al sentir el ambiente inoportuno e inseguro, pretenden mejor ser austeros con sus gastos, pero que, al mismo tiempo, se agiganta la famosa frase “no me alcanza el dinero”. Pero, ¿por qué el dinero ya no alcanza? Acaso, ¿será que la vida está más cara? ¿Se perciben muy pocos ingresos? O bien ¿El endeudamiento es muy amplio?

Pues sí, la respuesta es sí. Pero para todas las preguntas. El costo de vida está más encarecido, sin embargo, no es el factor principal. También en muchas familias los ingresos que se perciben son mucho menores a sus gastos (aquí se responde la tercera pregunta) y este es el factor principal: el gasto.

Por supuesto, es más fácil gastar que ahorrar. Desde temprana edad, se acostumbra en muchos núcleos familiares a gastar antes que ahorrar. Quizá, grandes ahorradores (abuelos), en vez de enseñar un poco de la sensatez que les caracteriza, más bien, (de manera tierna) se dejan llevar por la frase “tome para que se compre algo” (dando el dinero de manera escondida).

Pues sí, la cultura del buen manejo de las finanzas en generaciones de generaciones es un mito. Se necesita urgentemente en Costa Rica, Educación Financiera, pero no cuando ya se percibe menos del 70% del salario por estar endeudadocomo es el caso de muchos funcionario públicos actualmente—, no cuando el banco está a punto de acaparar un hogar más en su cartera de propiedades y mucho menos cuando muchos caen en depresión al no observar una solución. La Educación Financiera tiene que hacer el cambio desde la niñez, es una cultura, una manera de vivir, sin duda, un cambio de paradigma, pero para bien. A largo plazo, impactará positivamente en el país, las familias y en las finanzas personales. No se está diciendo ser austero de manera permanente, ni mucho menos tacaña o tacaño, sino que se debe de gastar de manera inteligente, en lo que se puede y la cantidad de dinero que se tiene. Tal cual la frase de Thomas Jefferson traducida al español:

 Nunca gastes tu dinero antes de tenerlo.