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Las armas biológicas según Naciones Unidas, son virus, bacterias u otros gérmenes que se transmiten por organismos que causan enfermedades para dañar o matar humanos.

En ocasiones estos virus han sido modificados en laboratorios para aumentar su capacidad de ser esparcidos. Pero, ¿cómo se hace un arma biológica?, por lo general, están hechas de dos partes: un agente armado y un mecanismo de entrega, esto las diferencia de las armas químicas, porque no necesitan un método de transporte hermético; las armas biológicas pueden ser transmitidas por medio del aire, agua, comida o entre los mismo humanos. Sin embargo, ¿se encuentran los países del mundo preparados para armas biológicas, desde sus legislaciones internas o regionales?

A nivel universal se encuentra la Convención de 1972 sobre la prohibición de armas bacteriológicas y sobre su destrucción de Naciones Unidas. Donde se dice que los Estados firmantes se comprometen a no desarrollar, producir, almacenar o de otra forma adquirir o retener, nunca ni en ninguna circunstancia armas biológicas, en cantidades que no estén justificados para fines de protecciones u otros fines pacíficos. En otras palabras esta convención, prohíbe la producción de armas químicas para fines bélicos, pero permite su manejo siempre y cuando sea para fines investigativos y/o de protección.

En el plano, de la Unión Europea, existe la Política de Defensa Nuclear, Radiológica, Biológica y Química, cuyo objetivo es crear un planteamiento que tome en cuenta todos los peligros destinados a reducir la amenaza y el daño provocados por los incidentes que tengan unos orígenes accidentales, naturales o intencionados, incluidos los actos terroristas. En el plano europeo, se plantean soluciones destinadas más al estudio y mitigación del impacto, es importante recordar, que en caso de riesgos biológicos, las afectaciones no se pueden eliminar, la única solución viable es la mitigación de sus efectos, en otras palabras, lograr que la menor cantidad de personas sean afectadas por estas armas en ataques terroristas.

Por otra parte, en el continente americano se encuentra la legislación de Estados Unidos, desarrollada dos años después del ataque que dicho país sufrió con el Ántrax. Dicha, política pública denominada Ley de Seguridad de la Salud Pública y de Preparación y Respuesta al Bioterrorismo, la cual se enfoca en proteger el suministro nacional de alimentos, medicamentos y material biológico frente a la amenaza de una contaminación intencionada.

Asimismo, en la región de America Central en el marco de la Organización de los Estados Americanos (OEA), firman el Tratado Marco de Seguridad Democrática en Centroamérica. Según este, los Estados de la región se comprometen a abstenerse de adquirir, mantener o permitir en sus territorios armas de destrucción masiva, entre las cuales se incluyen las armas biológicas. En otras palabras, la OEA aboga a la región a que no sea un lugar de tránsito para las armas biológicas, esto anudado a la poca estabilidad democrática y a la violencia en la región, lo cual podría traducirse como un riesgo para los demás países vecinos.

Finalmente, se puede observar que en materia de legislación a nivel universal y regional, los países han hecho lo posible por generar políticas que mitiguen los efectos. Sin embargo, el tema recurrente siempre será ¿están los países preparados para amenazas biológicas? Se ha hablado que una de las formas de mitigación ante estas amenazas es la creación de vacunas que mermen el efecto de dichos patógenos. Pero, existe una dificultad con dichos patógenos, la cual es que muchos de ellos se encuentran de forma natural en el ambiente, lo cual facilita la adquisición de los mismos a fuerzas terroristas. Asimismo, no se pueden crear leyes muy estrictas porque esto limitaría el avance científico en dichos temas, a favor de la sociedad. Por lo cual, se espera que los países mejoren sus sistemas de salud hacia una protección efectiva a la población civil.