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No, esto no va de izquierda o de derecha

Últimamente se habla de izquierda y derecha como si con esas dos palabras alcanzara para explicar todo lo que pasa en Costa Rica. No alcanza. O, por lo menos, la cosa no es tan sencilla.

Hemos llegado al absurdo de meter todo el pensamiento político en dos cajones. Como si de un día para otro se hubieran esfumado la socialdemocracia, el socialcristianismo, el liberalismo, el socialismo y tantas otras corrientes con historia, con principios y con gente que dedicó la vida a pensarlas.

Esa simplificación no es inocente. Es el abono perfecto para los populistas de cualquier signo, que necesitan un país partido en dos: buenos y malos, patriotas y enemigos.

Yo puedo coincidir con la derecha en ciertos asuntos y con la izquierda en otros. ¿Y qué? A eso, antes, se le llamaba tener criterio propio.

Cuando era pequeño, veía a mi papá escuchar el plenario legislativo en su radio. Yo entendía poco de aquellas discusiones y a veces le pedía que me explicara. Él, con la sencillez con que se le explican las cosas a un chiquito, me decía algo así:

Es que unos piensan de esta manera y otros piensan de esta otra".

No quiero idealizar aquellos tiempos; seguro también había gritos y escenas poco ejemplares. Pero me pregunto qué le diría hoy un padre a su hijo si este le preguntara por lo que oye en ciertas intervenciones de nuestros políticos. ¿Le hablaría de corrientes de pensamiento o tendría que decirle simplemente que esa señora está gritando e insultando a todo el mundo?

Hemos empezado a confundir la vulgaridad con la valentía. Hay quien cree que, mientras más fuerte grite, más razón tiene.

Y la cosa empeora cuando ese populismo se envuelve en la bandera del conservadurismo, se proclama defensor de los valores cristianos y usa el nombre de Dios para justificar discursos que irrespetan la decencia más elemental. ¡Cuántos fariseos contemporáneos! Gente que confunde la fe con la propaganda y parece creer que invocar a Dios le da licencia para rebuznar.

Hace poco, cierta figura del populismo, haciendo gala de una caridad cristiana verdaderamente conmovedora, soltó en público: "Que los perdone Dios, porque yo no". Curiosa manera de entender el Evangelio.

Ahora, tampoco nos engañemos: el populismo no es propiedad de nadie. Se viste de derecha o de izquierda, cita la Biblia o se dice revolucionario, habla en nombre de Dios o en nombre del pueblo. Cambia el disfraz, pero el truco es el mismo: inventarse un enemigo y convertir la política en una guerra que nunca termina.

En Costa Rica siempre ha habido ideologías distintas, y eso nunca fue el problema. Lo que me preocupa es que la descalificación esté ocupando el lugar de las ideas. Hoy una barbaridad se aplaude si la dice uno de los nuestros y se condena si la dice el de enfrente.

Una democracia aguanta bastante bien que la gente piense distinto. Lo que la va gastando, poco a poco, es que dejemos de pensar por cuenta propia y nos pongamos a repetir lo que otros nos dictan.

Por eso me pregunto si, después de tanto insulto y tanta mezquindad, vamos a poder volver a encontrarnos como costarricenses.

¿Será que todavía nos va a oler igual la tierra mojada con los primeros aguaceros de mayo, votemos por quien votemos?

¿Será que nos queda ese cosquilleo en el estómago cuando suena la Patriótica costarricense?

Yo quiero creer que sí. Debajo de tanta rabia sigue viva la Costa Rica que nos enseñaron a querer. Este país es bastante más que sus gobiernos y sus pleitos: es la memoria de nuestras familias y una manera muy nuestra de ser ticos, aun con todas nuestras diferencias.

¿O de verdad vamos a terminar regalándole el país a este montón de fariseos?