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Un país que envejece necesita repensar la luz de sus espacios

Costa Rica está envejeciendo y nuestros espacios todavía suelen diseñarse como si todas las personas vieran, caminaran y se orientaran de la misma manera. El Instituto Nacional de Estadística y Censos proyecta que la población de 65 años y más se duplicará en los próximos veinte años. Es una señal para revisar viviendas, comercios y espacios de atención desde una pregunta concreta: ¿permiten seguir realizando las actividades cotidianas con autonomía?

La iluminación no resuelve por sí sola los retos del envejecimiento, pero puede hacer una diferencia tangible. Leer una etiqueta, distinguir un escalón, identificar un rostro o encontrar el camino hacia el baño durante la noche son situaciones ordinarias que dependen, en parte, de cómo llega la luz y de qué obstáculos visuales crea. La práctica especializada en iluminación para personas mayores presta atención al contraste, al deslumbramiento y a las distintas tareas que se realizan en cada lugar.

Eso exige ir más allá de la idea de que basta con instalar una fuente de luz más potente. Una luz intensa colocada frente a los ojos puede dificultar la visión; las sombras bruscas o los reflejos sobre pisos y superficies también pueden entorpecerla. En cambio, una distribución adecuada, puntos de luz donde se realiza una tarea y controles fáciles de usar permiten que el espacio se adapte mejor a sus ocupantes. Cada solución requiere considerar las condiciones y preferencias de las personas.

Una vivienda pensada para durar debería permitir ajustar la iluminación con el paso del tiempo. Hoy puede bastar una lámpara junto al sofá; mañana podría ser importante iluminar mejor el área de preparación de alimentos o el trayecto nocturno entre habitaciones. ¿Cuántos hogares permiten hacer esos cambios sin grandes obras? En un comercio, consultorio u oficina pública, el mismo criterio invita a revisar la legibilidad de los rótulos y formularios, los cambios de nivel y las zonas de espera. El país envejece; conviene preguntarnos si la luz de esos lugares está cambiando al mismo ritmo.

Tampoco se trata de diseñar espacios que parezcan clínicos. La seguridad, la comodidad y la estética pueden convivir. Una casa sigue siendo un hogar; un lugar de encuentro debe continuar invitando a conversar y disfrutar. La buena iluminación ofrece opciones para necesidades diversas sin encasillar a las personas por su edad.

El envejecimiento de la población nos pide una conversación anticipada entre familias, diseñadores, arquitectos, profesionales de la salud y proveedores de soluciones. Integrar la luz desde el diseño y revisar los espacios ya construidos puede ayudar a que más personas mantengan sus actividades y se sientan cómodas en ellos.