A 166 años del fusilamiento de Mora y Cañas.
Ofenden la memoria de nuestros héroes nacionales los actos solemnes realizados el pasado 30 de setiembre en Puntarenas. El Gobierno decretó banderas a media asta, encabezó honras fúnebres de Estado en el Parque Mora y Cañas y sesionó en Puntarenas. Pero los héroes se honran con coherencia, y ahí es donde este Gobierno falla.
Basta recordar de qué se trató la gesta de 1856-1858. Costa Rica, junto con sus naciones hermanas centroamericanas, derrotó y expulsó el intento anexionista de los ejércitos privados llamados filibusteros, tolerados por el Gobierno de los Estados Unidos. Fue una lucha de liberación nacional contra una potencia extranjera, y por eso se elevó a la condición de héroes de nuestra soberanía a tantos compatriotas que pagaron con su vida. Dos nombres encarnan esa lucha: el presidente Juan Rafael Mora Porras, don Juanito para su pueblo, y el general José María Cañas Escamilla, líderes políticos y militares de la Campaña Nacional.
Su recompensa fue breve. Aclamados a su regreso, no se sostuvieron un año más en el poder. Las élites político-económicas no les perdonaron su obstinación en decidir según nuestros propios intereses y no los foráneos. Los mismos que aconsejaban no pelear y pactar con el invasor los fueron cercando hasta el golpe de Estado del 14 de agosto de 1859. Desterrados en El Salvador, intentaron recuperar el Gobierno que les habían arrebatado y fueron derrotados y asesinados: don Juanito el 30 de setiembre y el general Cañas el 2 de octubre de 1860.
La lección es que Mora cayó, entre otras cosas, por disentir. Por eso duele lo ocurrido en la sesión solemne del Plenario Legislativo en la Casa de la Cultura de Puntarenas. Como se pudo constatar en los videos en redes sociales y de varios medios, diputadas y diputados de oposición de distintas fracciones fueron interrumpidos con gritos, abucheos y “fuera”, instigados por las propias diputaciones de Gobierno.
La presidenta en ejercicio del Congreso, Esmeralda Britton, tuvo que llamar al orden repetidamente, y una diputada aseguró que algunas madres abandonaron el recinto con sus hijos a causa de ese bochornoso acto. Los buses, las filas para la repartición de —asumo— arroz con pollo, los fresquitos para el calor... sin duda agregaron más interrogantes a una sesión muy lejos de ser solemne.
La incoherencia fue más allá del recinto. A pesar de sus frases patrioteras, afrenta a la memoria de nuestros héroes un Gobierno que ve con buenos ojos la intervención en nuestro territorio de una potencia extranjera mediante bases militares y que sigue teniendo una actitud entreguista de nuestros recursos; todo para favorecer los intereses de otros países por encima de los nuestros. Un Gobierno incapaz siquiera de apoyar un minuto de silencio en memoria y respeto de un compatriota fallecido mientras estaba detenido por el Gobierno estadounidense, por haber cometido el terrible delito de buscar un mejor futuro para él y su familia en aquel país, nada más para no incomodar a su patrón del norte.
No sé ustedes, pero tal nivel de vasallaje y complacencia con potencias extranjeras sería enfrentado por don Juanito y el general Cañas. El nivel de cinismo es tal que ni siquiera podríamos perdonarlos, porque, lamentablemente, sí saben lo que hacen.
Tomemos nota. Ojalá pronto seamos muchos Moras y muchos Cañas, plantándole cara a un Gobierno candil de la calle y oscuridad en la casa.
