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Imagen principal del artículo: Mario Alfagüell: la derecha en el piano
Foto: Crédito: Teatro Nacional

Mario Alfagüell: la derecha en el piano

Posthumanista, posthumorista. Mario Alfagüell, costarricense, compositor, iconoclasta, Ionesco follower… lleva unos 45 años en modo temporal cerrao’ sin dulce ni cacao. Desde entonces, se levanta todos los días a las cuatro de la mañana a nutrir el patrimonio musical costarricense creando sinfonías, óperas, sonatas, conciertos, oratorios y hablatas oblatas, entre otros muchos géneros musicales.

En los últimos años, se había esparcido una leyenda urbana sobre el número de conciertos para piano que había compuesto. ¿Dos, tres, siete…? Nadie sabía la cantidad. Hasta que un día abrió las puertas de su casa y, con café y tortillas en la mesa, los invitados pudieron ver las partituras. A la fecha tiene 48 conciertos para piano, nueve para la mano izquierda y dos para la mano derecha.

Por allá, a finales de los noventa, en la última página de la sinfonía de despedida, había escrito: «Se estará rifando un CD de Julio Iglesias acompañado por Richard Clayderman y un metrónomo con tempo ambiguo entre aquellos músicos que toquen bien la obra». Como el humor absurdo no es requisito para dedicarse a la música, algunos colegas lo interpretaron como una ofensa a su profesionalismo decimonónico.

Perteneciente a la generación de costarricenses que aún nacían en casa, decidió salir a rodar tierras para ir a estudiar composición a Alemania. Se fue en un barco bananero que tardó 11 días en llegar de Puerto Limón a Amberes. En el Viejo Continente lo esperaba Carmen Méndez, su compañera de andanzas y travesuras, a quien había conocido en el conservatorio de música —hoy Escuela de Artes Musicales de la Universidad de Costa Rica—. Una vez instalados en la República Federal de Alemania, descubrieron que la beca con que iba a financiar sus estudios había «desaparecido». Llamó a la embajada en Bonn y la respuesta fue: «Cásense para que puedan optar por una beca familiar». Tan buena mano tenía la embajadora que en 2027 celebrarán las bodas de oro.

Como Alcoa es memoria, su aporte a la cultura costarricense es contestatario, contrario al modelo neoliberal de la industria musical comercial. Tampoco se asemeja al eslogan de tarjeta postal «Visit Costa Rica».

Como descendiente de Juanito Mora y Rogelio Fernández Güell, su música se rebela frente a las imposiciones colonialistas armónicas, el populismo melódico y el autoritarismo rítmico.

Como sobrino nieto de monseñor Odio y del padre Carlos Joaquín Alfaro, Alfagüell reúne en su ofertorio opus 8 tres elementos a simple vista imposibles de juntar: canto al estilo gregoriano, texto de la misa nicaragüense de Mejía Godoy y los de Palacagüina, y sonidos propios de la música contemporánea vanguardista.

En 1991, llegó a su casa una Macintosh Classic II. Ya para ese entonces había entendido que su música no incluía lo electrónico. Sin embargo, utilizaba la computadora para escribir su serie «Bemol y Becuadro», dos personajes que reflexionan con sentido crítico sobre la situación del arte y la cultura en Costa Rica. Un día, una fuerza maligna decidió que no iba a guardar el documento que con tanta dedicación había escrito durante horas, así que las palabras se perdieron en las profundidades de ese aparato cúbico incrustado en medio de la sala. El divorcio con esos chunches fue ipso facto.

Alfagüell comprendió, probablemente antes que todos, que la mejor tecnología eran el lápiz, el borrador, las plumas de distintos grosores y el Liquid Paper. Que el ser humano no es el centro del universo y que, más bien, pertenece a un sistema abierto, lleno de diversidades, contradicciones e irregularidades. Que Costa Rica no es la cuna de la salsa o el merengue, pero sí del sorbón bribri. Que nuestra identidad costarricense no necesita importar del extranjero para ser, ni enchufarse para sonar.

Fue catedrático de la Escuela de Música de la Universidad Nacional, donde trabajó durante 40 años. Actualmente, su obra va por el opus 695.

Este viernes 30 de octubre, a las 7:30 p. m., en el Aula Magna de la UCR, y el sábado 31, en la iglesia de San Vicente de Moravia, usted podrá escuchar el estreno del concierto para piano n.º 693 para la mano derecha, de Mario Alfagüell. Lo interpretarán el pianista Dr. Manuel Matarrita y la Orquesta de la Universidad de Costa Rica, bajo la dirección del maestro Alejandro Gutiérrez.