Referencia del BCCR

Tipo de cambio

Compra

₡...

Venta

₡...

Presentado por
Logo Coopealianza
Imagen principal del artículo: Agua para la Bajura: ¿estamos preparados para operarla?
Foto: Senara

Agua para la Bajura: ¿estamos preparados para operarla?

Cuando, en la década del sesenta, Costa Rica se enfrascó en la construcción del proyecto hidroeléctrico Arenal, surgió una pregunta: ¿cómo aprovechar el agua que la generación eléctrica produce? De ahí nacieron los canales del Senara.

El Distrito de Riego Arenal–Tempisque (DRAT) ha sido el laboratorio donde el Senara ensaya la modernización de sus canales mediante automatización y telemetría. La ampliación de su sistema de canales mediante el Proyecto de Abastecimiento de Agua para la Cuenca Media del Río Tempisque y Comunidades Costeras (Paacume), hoy rebautizado Agua para la Bajura, se concibió como la gran apuesta hídrica para garantizar agua a Guanacaste durante las próximas décadas, tanto para consumo humano como para la producción agropecuaria.

Este proyecto enfrenta retos derivados de la tramitología y del paso por áreas extremadamente delicadas desde el punto de vista ambiental. A ello se suma la ausencia de una estrategia clara para su operación por parte de los gobiernos pasados.

El DRAT enfrenta así el mayor reto de su historia: ampliar considerablemente su red de canales de riego y sumar un complejo embalse e incluso el abastecimiento de una futura planta de potabilización. Todo esto en medio de carencias presupuestarias alimentadas por una tarifa completamente divorciada del costo real de operación de un sistema tan delicado y complejo.

Pretender que la estructura actual del DRAT absorba sin cambios la operación de la nueva etapa desarrollada por el proyecto Paacume es, en el mejor de los casos, ingenuo y, en el peor, una invitación a repetir un círculo vicioso de obras que en el papel lucen bien, pero en la práctica no alcanzan todo su potencial.

Debemos sumar a esto el proceso de modernización tecnológica del distrito, que debe procurar consolidar su autonomía técnica, ya sea mediante una solución existente o mediante el desarrollo de una solución a la medida, con todos los retos que esto implica.

Todos estos factores representan una oportunidad de oro para que el Senara dé un verdadero golpe de timón en la administración del recurso hídrico de Guanacaste.

La primera oportunidad consiste en que esta obra física vaya de la mano de una reingeniería organizacional, del fortalecimiento de los contratos, de la capacitación especializada y de la modernización de los procesos en el distrito de riego.

La segunda oportunidad pasa por el desarrollo tecnológico: exigir estándares abiertos, garantizar la seguridad de los datos y contar con sistemas accesibles que impidan que la entrega de agua dependa de un único proveedor tecnológico.

La otra oportunidad consiste en colocar a los usuarios del distrito en el centro, construyendo un esquema tarifario transparente, gradual y diversificado que cubra los costos de inversión y mantenimiento sin expulsar a quienes tienen menor capacidad de pago ni ocultar el costo real de sostener un sistema de esta magnitud.

Así, en el marco del proyecto Paacume, el Senara puede presentar a la ciudadanía dos resultados distintos: una obra que opere a media máquina y cuyo impacto en Guanacaste sea parcial, o un verdadero punto de inflexión en la gestión hídrica de Guanacaste, Costa Rica y toda Centroamérica. Debemos velar por que el discurso de “agua para la bajura” no se estrelle contra la realidad de canales subutilizados y sistemas cautivos.

Tomar el camino más exigente, pero también más esperanzador, implica asumir que la modernización no es solo comprar equipos y construir obras, sino transformar la cultura organizacional, fortalecer al DRAT y recuperar la soberanía sobre las decisiones técnicas y tecnológicas. Si el Senara se atreve a dar ese paso, Paacume puede dejar de ser un símbolo de promesas incumplidas y convertirse en el punto de partida de una nueva relación entre el Estado, el agua y el territorio guanacasteco.