Hace un mes tuve la oportunidad de visitar Antigua, Guatemala. Por fortuna aún existe una ciudad así de linda que seduce fácilmente. Pintoresca, sabrosa, de calzadas angostas, cargada de historia y un sincretismo profundo. En una tienda esquinera de paredes de adobe y ventanas anchas compré una almohada pequeña con bordados de colores, flores tejidas a mano y una sutil frase que dice: "Yo creo en los milagros".
Palabras que juntas sugieren esperanza y nos recuerda el poder de confiar en una fuerza mayor a nosotros mismos. Más que una prenda comercial es una declaración cultural que expresa una concepción de mundo. Elementos que sugieren la esencia de los pueblos originarios y su mestizaje. Los tejidos plasman elementos de la vida cotidiana, creencias y tradiciones. De una cultura que está más viva que nunca y se manifiesta a través de las manos de sus artesanos. Expresiones, también intangibles, propias de la región.
Como ahora. El arte popular desborda creatividad. Una vez más pienso en la importancia de celebrar la diversidad cultural en un mundo cada vez más inclinado a lo homogéneo y al gran negocio de la globalización. El curador brasileño Luciano Alves Duffrayer sostiene que “el arte popular, ha conseguido trascender lo meramente artesanal, incorporando una visión propia y a veces primitiva de la naturaleza, los hombres y su imaginario mágico-religioso; aunque también advierte sobre las amenazas que representan las fuerzas del mercado y la sociedad globalizadas".
En un artículo publicado hace pocos días en la revista Harper’s Bazaar “Meximalismo: la estética mexicana que desafía al lujo silencioso y al minimalismo global” hace referencia al concepto de meximalismo. Aquel que celebra la identidad a través del exceso curado y el color sin miedo. “El meximalismo no es un capricho estilístico; es un manifiesto visual que se nutre de la riqueza cultural del país. En lugar de negar lo decorativo, lo magnifica con flores bordadas, chaquiras, textiles artesanales, joyería de gran formato y paletas cromáticas intensas que remiten tanto al folclore como a la vida urbana contemporánea. Si el clean look exige una sobriedad casi clínica, el meximalismo abraza lo estridente, ruidoso y colorido, y lo convierte en sofisticación y vanguardia”. Continúa explicando que “este movimiento conecta con una visión profundamente mexicana de la estética y la idea de que los objetos, las prendas y los accesorios tienen un significado que va más allá de la función. Una bolsa tejida a mano no es solo un accesorio, es un símbolo de herencia y modernidad entrelazadas".
Después de todo, celebro la tenacidad de una cultura por seguir vigente, desafiando la homogeneidad. Al transitar por las calles de Antigua tuve una especie de conversación profunda conmigo misma y pensaba en cómo las culturas se salvan una y otra vez de una manera tan particular y se reivindican todos los días como pequeños milagros.
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