“La piel absorbe el miedo. Éste se queda a vivir bajo los poros como una alergia latente que despierta al rozarse con cualquier otro miedo”.
— Un silencio lleno de murmullos, Gioconda Belli.
El año 2018 marcó un parteaguas en la vida política de Nicaragua, o más bien, fue el momento en que reventaron los diques y todo se convirtió en un naufragio, al menos en lo que respecta a la violencia política. Esa es la tesis central de dos novelas publicadas recientemente por las dos figuras literarias más renombradas de la literatura nicaragüense contemporánea. Ambos autores comparten el haber sido parte del sandinismo en su primera llegada al poder, ocupando cargos públicos, así como el triste destino del exilio.
Las novelas en cuestión son Tongolele no sabía bailar, de Sergio Ramírez, y Un silencio lleno de murmullos, de Gioconda Belli. En la primera, Ramírez vuelve a traer al inspector Dolores Morales, ahora exiliado en Honduras, quien debe regresar a Nicaragua para enfrentarse a Tongolele, el temible director de los servicios secretos del país. Tongolele es una figura violenta y despiadada que mueve la maquinaria sangrienta del Estado. Morales comienza a recibir información anónima sobre actividades que involucran a Tongolele y, con la ayuda de doña Sofía, su socia, y un uso subversivo de las redes sociales, instiga la caída del villano.
Aparece también la madre de Tongolele, la profesora Zoraida, una mujer que ha encontrado su lugar en el poder gracias al gusto de Rosario Murillo por lo esotérico. Murillo, actual copresidenta de Nicaragua, ha instalado en el país numerosos “árboles de la vida”, estructuras metálicas de simbología esotérica. Las protestas de 2018 pronto hacen arder estas estructuras, desatando la represión estatal mediante grupos paramilitares formados por delincuentes apadrinados por el poder, con negocios que van desde empresas legítimas hasta el contrabando y la prostitución. Pero también hay quienes, dentro del régimen, aprovechan la situación para congraciarse con Ortega y Murillo, arrebatando posiciones a otros en un juego de traiciones y ambiciones. La novela concluye mostrando la magnitud y diversidad de la maldad que gobierna Nicaragua, su capacidad de adaptación y su tendencia a radicalizarse.
Por su parte, Un silencio lleno de murmullos, de Gioconda Belli, es una novela de múltiples capas. Se puede decir muchísimo de ella y por tanto estas líneas se enfocan en solo una de sus capas.
Su protagonista, Penélope, viaja a España tras la muerte de su madre, Valeria, para resolver los asuntos relacionados con su fallecimiento. Valeria fue guerrillera y miembro del primer gobierno sandinista, para luego sufrir el exilio. Se trata de una suerte de alter ego de la propia Belli, quien también estuvo vinculada al sandinismo y posteriormente vivió el exilio.
Penélope tuvo una relación distante y complicada con su madre, marcada por las exigencias de la militancia revolucionaria. Valeria hizo muchos sacrificios, demasiados, y ambas pagaron un alto precio por ello. Quizá por eso la novela es tan personal, casi una disculpa de Belli hacia alguien que no es el lector; la dedicatoria del libro a sus hijas es clara en ese sentido.
La historia transcurre en 2020, en plena pandemia. Penélope, atrapada en España por el cierre de fronteras, debe enfrentar el aislamiento y el miedo lejos de su patria y de su red de apoyo, sola con los fantasmas de su madre, a quien apenas comprendía. Al revisar sus papeles, descubre sus dolores, sacrificios y secretos, mientras experimenta aparentes fenómenos paranormales y recibe visitas de una misteriosa mujer que asegura haber sido amiga de Valeria.
Pero hay más. Penélope participó en las protestas de 2018 y conoció allí a su pareja, quien permaneció en Nicaragua. Los tentáculos del poder no descansaron, ni siquiera entre la muerte de la pandemia, siguieron persiguiendo a los manifestantes, encarcelándolos. Ortega y Murillo manejaron la pandemia con una indiferencia cruel, casi como una venganza contra el pueblo que se sublevó. Ernesto, la pareja de Penélope, deberá buscar el exilio en Costa Rica en un contexto de fronteras cerradas.
En mi opinión, la novela de Belli es de una calidad muy superior a la de Ramírez. Con gran maestría en la construcción literaria, recrea el ambiente de temor que todos vivimos durante la pandemia, logrando una cercanía con el lector.
La novela de Ramírez se me antojó más abrupta, sobre todo su final, con una incidencia muy periférica de los personajes. Aunque esto es interesante si se analiza como resultado de la violencia de la pareja presidencial, que no aparece directamente como personajes, solo son mencionados por otros que ejecutan o sufren agresiones. La novela inicia con violencia, primero la del exilio, y se mantiene a lo largo de toda la historia, radicalizándose hasta exponer cómo opera la represión y cómo instrumentaliza a cualquiera.
Los dos grandes de la literatura nicaragüense nos han entregado novelas que, a su manera, exponen la violencia política y el trauma de ser vulnerable ante un Estado represor.