Por Elvira Fernández – Estudiante del Club de Debate

El levantamiento de las minorías es algo inevitable, la desigualdad social tiene fecha de culminación, y para lograrlo es necesario que todas las personas que creen en el ideal igualitario tomemos parte, pero que, sobre todo, entendamos cuál es nuestro lugar en esta lucha. Si hacemos referencia a la visión 2030 del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, en su documento de Poblaciones Excluidas en Costa Rica (PNUD, 2017) podemos observar que, históricamente, poblaciones como las personas afrodescendientes, personas diversas sexualmente, mujeres, personas indígenas, personas discapacitadas, personas en condición de indigencia y, en general, todas aquellas son oprimidas, han exclamado y han intentado poner un alto a los abusos por parte de los poderes de turno. Sin embargo, en muchas ocasiones, esto no ha sido exitoso y se ha invisibilizado el problema con el fin de mantener la discriminación y que esto beneficie a la población privilegiada. Lo que sí ha cambiado es que muchas de estas personas que no sufren discriminación se han vuelto partidarias de la lucha y se han declarado aliados. Ahora, la pregunta es ¿cuál es nuestro lugar en la lucha cuando no sufrimos discriminación?

La pregunta parece fácil, pero es mucho más complicada de lo que creemos. La verdad es que representa un esfuerzo extra posicionarse en un conflicto que, en principio, no nos afecta y que incluso, en muchos casos, nos beneficia, pero he aquí algunas cosas que es importante considerar: lo primero es que hay que entender que hay cosas que nunca vamos a poder entender, por el simple hecho de que nunca las hemos tenido que vivir. Un hombre no puede determinar la forma en la que una mujer se siente con respecto a algo inherente a la condición de ser mujer porque nunca se ha visto expuesto a ese sentimiento, así como una persona no puede describir el aroma de algo que nunca a olido, ni el sonido de algo que nunca ha escuchado. Es bastante simple, sin embargo, un concepto sumamente complicado de entender para aquellas personas que se sienten apoderadas de tomar decisiones en nombre de poblaciones que no representan.

Al ser problemas delicados, muchas personas que no se identifican como víctimas pueden sentirse ofendidas al ser incluidas como parte del problema, pero hay que recordar que no es personal, en ningún momento lo ha sido: si una persona se identifica como caucásica y se siente ofendida por la lucha por la igualdad racial, esa persona no ha entendido de que se trata la lucha. Nadie está diciendo las personas blancas son malas por naturaleza, pero sí que el sistema las beneficia por sobre otras poblaciones. De igual forma, si direccionamos la conversación a la percepción de la gente, según un estudio de la UNICEF (2009), un 64% de los costarricenses consideran que sí se respetan los derechos humanos de las personas afrodescendientes en el país, lo que nos deja a el alarmante porcentaje de un 36% de la población que piensan lo contrario, por lo que todavía queda mucho camino por recorrer para alcanzar una sociedad igualitaria en términos raciales.

Por último, es importante estudiar la historia, esa que a veces no es contada de la mejor forma. Muchos de los héroes nacionales que glorificamos y alabamos no eran seres humanos admirables según los estándares que hoy conocemos, la habilidad de reconocer que se equivocaron y las malas prácticas del pasado, es el primer paso para evolucionar. Finalmente, tomando en consideración las premisas anteriormente expuestas, podemos concluir que nuestro papel como aliados es el de escuchar, el de educarnos y deconstruirnos con el fin de librarnos de prejuicios para así poder verdaderamente apoyar la igualdad, la forma en que se manifieste la lucha, las medidas que se tomen en nombre de la causa no son de nosotros. No debemos criticar la forma en que las poblaciones históricamente oprimidas se rebelan porque no estamos en su posición, no lograremos entender su dolor; podemos respetarlo y apoyarlo, pero nunca adueñarnos de él, porque eso solo sería un acto de opresión más.

 

MOXIE es el Canal de ULACIT (www.ulacit.ac.cr), producido por y para los estudiantes universitarios, en alianza con el medio periodístico independiente Delfino.cr, con el propósito de brindarles un espacio para generar y difundir sus ideas.  Se llama Moxie - que en inglés urbano significa tener la capacidad de enfrentar las dificultades con inteligencia, audacia y valentía - en honor a nuestros alumnos, cuyo “moxie” los caracteriza.

Referencias bibliográficas:
• PNUD. (2017). Visión 2030: Poblaciones Excluidas en Costa Rica. No Dejar a Nadie Atrás. San José, Costa Rica: Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Recuperado de https://www.latinamerica.undp.org/content/rblac/es/home/library/poverty/vision-2030---poblaciones-excluidas-en-costa-rica.html
• UNICEF. (2009). Percepciones de los costarricenses sobre la población afrodescendiente. San José, Costa Rica: UNICEF-IDESPO. Recuperado de https://www.unicef.org/costarica/sites/unicef.org.costarica/files/2020-02/cr_pub_Percepciones_sobre_poblacion_afrodescendiente.pdf