Por Vanessa Filloy Coto – Estudiante del curso de Estudios Generales

En la vida cotidiana, muchas veces caemos en generalizaciones culturales, las cuales no siempre son correctas ni apropiadas, pero ¡son naturales! No debemos sentirnos mal si en algún momento caemos en ellas. Debemos entender que nuestros cerebros son muy inquietos, siempre están buscando sintetizar y catalogar información y, además, siempre están buscando patrones, de modo que puedan entender mejor la información.

Sin embargo, cuando generalizamos corremos el riesgo de reforzar y darle una importancia excesiva a las creencias y los estereotipos. Un estereotipo es cuando tomamos estas generalizaciones y las aplicamos indiscriminadamente a todos los individuos de una cierta nacionalidad, raza, o grupo. Desafortunadamente, es muy habitual caer en este tipo de prejuicios sin darnos cuenta. La cultura nos afecta de muchas formas en el ámbito laboral, entre ellas, la manera en que nos relacionamos con la autoridad, la manera en que nos planteamos metas y objetivos, la manera en que gestionamos nuestro tiempo, y la manera en que nos relacionamos con otros.

Una persona interculturalmente competente puede percibir y entender las visiones de mundo, pensamiento y actuaciones de personas de culturas distintas a la suya. La mejor forma para fomentar un ambiente de trabajo intercultural, así como gestionar equipos de trabajo con personas de diferentes orígenes y culturas, es aplicar una perspectiva multicultural, o sea reconocer, aceptar, apreciar y entender las diferencias. La mejor manera para lograr esto es, en primer lugar, estar preparado para aprender de las diferencias y similitudes que puedan existir entre las diferentes personas, y, más allá de eso, entender las diferentes interpretaciones que pueden hacer sobre un mismo asunto personas de distinta nacionalidad.

Es necesario reconocer las realidades de los demás y generar un ecosistema propio empresarial, el cual tendrá sus propias reglas y aspectos culturales basados en la multiculturalidad de la empresa. Al sumar habilidades, una vez identificadas las diferentes habilidades culturales, el equipo ganará en eficacia y eficiencia si sabe sacar partido a todas ellas. No se trata de imponer una cultura dominante, sino de aprovechar las distintas cualidades de los diferentes miembros del equipo —como liderazgo global, estar abierto a diferentes perspectivas y ser capaces de conectar con las demás persona—, e interesarse por conocer las características propias de cada cultura presente en su empresa con el objetivo de poder conectar con las personas de manera positiva.

Al gestionar las diferencias de una manera provechosa, estas se convierten en una ventaja competitiva para la empresa, al aportar en creatividad, rendimiento y trabajo en equipo. Cada vez trabajamos más con diferentes personas, diferentes equipos y en diferentes entornos. Todo esto es parte de vivir en un mundo globalizado que requiere personas cada vez más preparadas para navegar de manera eficiente a través de todas las diferencias.

En un entorno de trabajo multicultural, los estereotipos resultan muy dañinos puesto que generan desconfianza entre los colaboradores de un determinado equipo y, además, nos impiden sacarles el máximo provecho a las diferentes competencias y habilidades de los demás. El ambiente laboral se puede volver tenso y, por ende, baja la productividad y la calidad del trabajo.