"Tener la oportunidad de ir a la Isla del Coco y hacer la primera publicación de microbiología marina de muestras superficiales y de muestras de buceo, simplemente no hay palabras para describir lo que significa para mí haber hecho esto. Es demasiada la emoción y el orgullo de haber cumplido con todo ese proceso".

Palabras de la bióloga biotecnóloga, Rebeca Rojas-Alfaro, principal investigadora de la publicación científica publicada bajo el nombre "Primer reporte de bacterias y dinoflagelados marinos luminiscentes del Parque Nacional Isla del Coco, Costa Rica", una investigación pionera en el campo microbiológico marino de la isla.

Evento poco estudiado y una oportunidad única

"La bioluminiscencia es la producción de luz en organismos vivos", simplifica Rojas. Se puede dar tanto en organismos terrestres (hongos y luciérnagas, por ejemplo) o en cuerpos marinos (microorganismos y peces, por ejemplo). Estas especies son capaces de transformar su energía química en energía luminosa mediante un proceso bioquímico.

En los ecosistemas marinos, las bacterias y dinoflagelados (un tipo de fitoplancton) son los dos grandes grupos de microorganismos que están implicados en la luminiscencia acuática, fenómeno que se encarga de teñir de tonalidades verdes o azules los ecosistemas marinos o las costas, por cierto relativamente fácil de observar en las noches.

En Costa Rica se da en las dos costas: Pacifica y Caribe. No obstante, en general es un evento poco estudiado. Por tanto, Rebeca Rojas quiso ir más allá. En 2016 escuchó a uno de los guardaparques de la isla, Heiner Golfín, hablar de la posibilidad de realizar una investigación en la isla. Ella vio una oportunidad para consolidar una meta profesional y además cumplir el sueño de conocer la isla que tenía desde niña.

Para realizar un estudio sobre organismos microorganismos -bacterias generalmente- se necesita trabajar con un equipo (microscopios, placas Petri y medios de cultivo estériles, etc) esterilizado. Es decir, se debían esterilizar los materiales y reactivos previo a un viaje de 532 km en bote para llegar a la isla, cerca de unas 30 horas de ruta. Rojas comenta que ese fue uno de los principales retos.

Ya en la isla fue al agua y tomó las muestras en distintos sitios, a partir de cuatro muestras de buceo a una profundidad entre 20 y 30 metros. Posteriormente, tuvo el reto de equipar un pequeño cuarto de madera y “convertirlo” en un laboratorio para poder procesar la muestra microbiológica tan delicada y susceptible ante las condiciones propias de la isla, su alto nivel de humedad alrededor de un 90% lo cual favorece el crecimiento de hongos, contaminando las muestras y el material estéril. Después esperó unas 6-8 horas para ver si había tenido éxito. "Cuando vimos los primeros resultados de bacterias alumbrar, fui la persona más feliz del mundo", detalla.

 

Parte del proceso del procesamiento de la muestra en el cuarto adaptado.

El reto siguiente era pensar en si las muestras iban a aguantar para ir al laboratorio de regreso. Con protocolos de almacenamiento y paciencia, partieron de vuelta al laboratorio de bacteriología de la Universidad de Costa Rica. Ahí se dio cuenta que había valido la pena y que todo salió como lo había planeado. 

El viaje se llevó a cabo en junio de 2017, también participaron los investigadores Rodolfo Umaña, Norman Rojas y Maribel Vargas, sin contar el aporte de guardaparques, marineros y más ayudantes que colaboraron con Rojas. La investigación fue publicada en la Revista de Biología Tropical de la UCR, en la edición de marzo del presente año.

¿Por qué es importante el estudio de la bioluminiscencia?

"Lo que no se conoce, no existe", en esa frase Rojas resume la importancia de estudiar y registrar el peculiar fenómeno.

Las bacterias luminiscentes forman parte de la base de la cadena alimenticia, muchos organismos se alimentan de ellas.  Un ejemplo:

"Si no cuidamos lo pequeños, ¿de qué se van a alimentar los grandes?", señala Rojas. Imagen: Significados.com

Esos microorganismos tiene en su metabolismo metabolitos secundarios que pueden ser toxinas, pigmentos, o enzimas, por ejemplo. Estos actúan como potenciales degradadores de compuestos, lo que quiere decir que pueden ayudar a degradar varios compuestos cuando haya un derrame de petróleo, por ejemplo.

The New York Times habla de ello en su noticia Por qué un derrame de petróleo de más de dos millones de litros fue casi invisible, del cual destacamos el siguiente párrafo:

La bacteria podría  incorporar los hidrocarburos del petróleo en su metabolismo.

Atractivo turístico y una oportunidad de crecimiento para las comunidades  

De igual forma, la bióloga biotecnóloga indica que en el momento en que se dio cuenta de que esa información no se registraba, inició un propio proyecto llamado Bioluminiscencia Costa Rica. La idea es que, a través de formularios de Google Forms, las personas pueda registrar donde presenciaron el fenómeno y otros datos similares. Algo así como ciencia ciudadana.

"Es una alternativa para pescadores a la que pueden optar con solo su lancha y representa un ingreso económico. Es una actividad gratis, que está en el mar y que con un bote se puede explotar a nivel turístico. Lo que queremos es que las mismas comunidades se organicen y reciban las ganancias. Darle acompañamiento al turismo rural-comunitario y eliminar intermediarios", enfatiza la investigadora.

La Doctora Rebeca Rojas-Alfaro

Además es una oportunidad de rescatar la memoria histórica de los y las pescadoras que antes navegaban sin las herramientas que hoy existen. El proyecto se convierte así en una forma de rescate cultural para esas personas que tienen un conocimiento enorme del mar y que han presenciado la llamativa experiencia toda sus vidas.

Actualmente el trabajo continúa en varias áreas desde el CIEMIC-UCR, pasando por análisis de datos de bioluminiscencia hasta un libro de cuentos y uno de poemas. Si usted quiere colaborar y ser parte del equipo, puede contactar a la página de FB BioluminiscenciaCostaRica o bien al correo rebeca.rojas.alfaro@gmail.com.