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A dos meses de la primera ronda de las elecciones presidenciales, el objetivo de la Iglesia Católica a convocar una caminata por la vida y la familia “ante el fenómeno de ideología de género” era simple: recordar a todos los candidatos su capacidad de movilizar los electores sobre los temas de sociedad. Desde su punto de vista, la marcha fue un éxito. Las imágenes de los miles de costarricenses en la Avenida Segunda y sobre todo la presencia de siete candidatos les permitieron poner sus temas en el centro de la mesa. Era importante pues el temor de la supuesta ideología de género llegó a Costa Rica, después de los Estados Unidos y de Europa. Según los grupos ultraconservadores que encabezan la lucha, el objetivo de esta ideología es negar cualquier diferencia biológica entre hombres y mujeres, destruir la familia tradicional, pervertir los niños o promover la homosexualidad. Difícil no estar preocupado: la palabra “ideología” es aterradora porque hace referencia a un grupo organizado y adoctrinado que quiere imponer su visión del mundo y que ya tiene su programa de acción. Además, el espectro de incriminaciones es voluntariamente ancho y las técnicas de comunicación estrenadas y probadas en otros países, aseguran una audiencia máxima.

En realidad, la ideología de género no existe.

Lo que sí existe es un campo de investigación que se llama “estudios de género” y que trata de reunir todo el conocimiento científico en historia, antropología, sociología y ciencias políticas sobre las relaciones sociales entre hombres y mujeres. Pero es un campo de investigación, y no una ideología. Entonces, se pueden criticar las conclusiones de algunas corrientes (o incluso de todas), pero decirse en contra de los estudios de género en general no tiene ningún sentido.

La expresión “ideología de género” es únicamente utilizada por los ultraconservadores estadounidenses, europeos y ahora latinoamericanos, para describir todos los que cuestionan la visión de la sociedad que promueven. En efecto, muchas personas crecieron con la idea que existe un único modelo, el modelo tradicional, promovida por las religiones cristianas: nuestro sexo, hombre o mujer, determina deseos sexuales unívocas (heterosexualidad). Este sexo también nos otorga un rol específico en la sociedad, porque está relacionado con comportamientos sociales específicos (masculinidad vs feminidad). Esta visión de la sociedad tiene muchas limitaciones y peor, permite justificar las inequidades entre hombres y mujeres con una supuesta superioridad natural de los hombres sobre las mujeres en varios ejes, y la discriminación de las personas que no se reconocen como heterosexuales.

Además, los estudios científicos de las últimas décadas permitieron destacar que muchas características que consideramos como parte de la masculinidad o de la feminidad no vienen de diferencias biológicas entre hombres y mujeres sino de las diferencias de educación que recibimos como niños o como niñas. También es probable que varias diferencias entre hombres y mujeres que observamos sean el resultado de que la organización de la sociedad y la educación acentúan las pequeñas diferencias naturales. Entonces, no es cierto que se trata de negar cualquier diferencia biológica entre los hombres y las mujeres, como lo dicen los ultraconservadores. Solo se trata de estudiar nuestra sociedad para entender lo que releva del estereotipo, para que, por ejemplo, las niñas no tengan miedo de empezar una carrera científica porque el estereotipo les dice que son menos capaces que los niños. Es contra esta voluntad que luchan los ultraconservadores que inventaron y popularizaron la expresión “ideología de género”.

Cuestionar nuestra visión de la sociedad, no es querer destruir la familia tradicional

El segundo problema es que la visión ultraconservadora reconoce la heterosexualidad como el único modelo normal y natural, catalogando las otras personas como anormales. Esta visión viene del uso, no tiene ninguna base científica. La heterosexualidad, como la definimos hoy, no hubiera parecido ni normal ni natural a los romanos, los griegos o los célticos de la Antigüedad. Por eso es tan importante enseñar a los adolescentes que existen personas bisexuales u homosexuales, que existen personas que están registrados como hombres y que se sienten mujeres y viceversa, que existen personas que son intersexuales, etc. Que no son anormales, que no es ni una moda, ni un tema nuevo, ni particular a la sociedad occidental. No se trata para nada de promover la homosexualidad o el cambio de sexo biológico. No es cierto que va a “llenar de dudas a los muchachos”, como lo dijo Rodolfo Piza. Es un hecho que estas personas existen, viven en nuestra sociedad y que sufren de discriminación. Para luchar contra estas discriminaciones, un paso importante es visibilizarlas, es decir, enseñar a los adolescentes su existencia. Por eso la escuela tiene un rol fundamental, que a veces las familias no pueden cumplir. Negarle este rol a la educación formal y decirse en contra de las discriminaciones como lo hicieron por ejemplo Rodolfo Hernández y Fabricio Alvarado, que apoyan el “a mis hijos, les educo yo”, no es compatible y ellos lo saben.

Cuestionar nuestra visión de la sociedad, no es querer destruir la familia tradicional. Es querer hablar de prevención y de lucha contra las discriminaciones. Es querer enseñar los avances científicos a las nuevas generaciones para que cuestionen y mejoren nuestra sociedad. Es querer dar las mismas oportunidades de vida a todos los costarricenses. Álvarez, Piza, Hernández, F. Alvarado y los otros candidatos que fueron a la marcha del domingo pasado, no solo fueron a defender la vida y la familia. Fueron a marchar contra “el fenómeno de ideología de género” como lo especificaba la primera frase de la convocatoria. Respondieron a la llamada de grupos ultraconservadores que se oponen frontalmente, no solamente en Costa Rica, a la lucha contra las discriminaciones y las inequidades hombres-mujeres. Obviamente, trataron de mitigar y edulcorar sus discursos para no perder una parte de su electorado. Pero el mal ya está hecho. Reutilizando la expresión “ideología de género”, legitimaron el vocabulario complotista de estos grupos. Es decir, apoyaron públicamente la propaganda de grupos cuyo único objetivo es asustar a los costarricenses para negar el derecho de todos los costarricenses a tener las mismas oportunidades, que sean hombre o mujer, heterosexual o no. Cuando un candidato a la elección presidencial va una marcha, es para enviar un mensaje: que ellos ya escogieron un campo.

Fotografía: Comunicación Conferencia Episcopal de Costa Rica.

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