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The Bride!, el amor en segundo round

Frank e Ida —ahora conocida como “la Novia”— se aman. Y en esta nueva etapa, ambos se sienten, literalmente, “revitalizados”.

Frank no es un tipo cualquiera, es el monstruo creado por Víctor Frankenstein hace 117 años. La novia es —o era— una chica alegre y desinhibida, que frecuentaba el mundo del contrabando y la mafia, una mujer de vida suelta. Ahora, a ella no solo se le acabó esa vida, sino también parte de la soltura.

Su cuerpo está bastante maltrecho luego de caer por las escaleras —caer, romperse, fenecer;  para ponerlo con detalles—, su piel, relativamente dañada por la descarga eléctrica que le ha devuelto las funciones vitales y, por si fuera poco, también está habitada por el espíritu de Mary Shelley. Toda una historia para contar tiene la Novia; un verdadero entretenimiento para la conversación de una primera cita.

Volvamos. Frank y la Novia se aman. Ambos están viviendo su segunda oportunidad —o su segunda vida, siendo precisos—. No suena como una relación sencilla, ¿verdad? Y bueno, ¿qué podemos decir? Las relaciones amorosas, por lo general, no son sencillas.

Hay amores a primera vista y a segunda, hay amores eternos y efímeros, penitentes y reincidentes, sosegados y embriagadores, llenadores, abarrotados, complacidos y complacientes; algunos no dicen lo que están pensando, otros no piensan lo que están diciendo. Para gustos, colores; muchos colores.

Siempre asociamos el amor a la vida, porque normalmente uno es el desencadenante de la otra. Pero, ¿y luego de la vida? Esa pregunta la responde The Bride!

Acá es bueno introducir en nuestra historia a Maggie Gyllenhaal, la directora de The Bride!. Ella, al ver un tatuaje con la icónica figura de la novia de Frankenstein, decidió hacer esta película con Jessie Buckley, Christian Bale, Peter Sarsgaard, Annette Bening, Jake Gyllenhaal y Penélope Cruz, entre otros. Un tipo de tributo a la clásica La novia de Frankenstein (de 1935), un tributo también a Mary Shelley y, en general, a la feminidad y la rebeldía.

Con The Bride! Nos vemos ante una ola de empoderamiento. La revolución está en marcha, y nos arrastra hacia una historia de amor gótico y poco convencional con dos seres frágiles y deconstruidos.

Y bien, como íbamos diciendo sobre la Novia, ahora vive poseída por Mary Shelley. Dos mentes en lugar de una, un monstruo enamorado, una ciudad caótica, muertos que se mantienen en la vida, ¿qué puede salir mal? Todo o nada. Ya que estamos ante una historia de terror y de fantasmas… ¿O estamos ante algo aún más aterrador, como una historia de amor? Demasiadas interrogantes; mejor regresemos a las bases.

Frank y la Novia se fugan juntos; son forajidos, parias, outsiders. El mundo está lleno de monstruos; no hay lugar para otros, menos aún para un par de enamorados. Vida después de la vida, amor eterno. Puede que suene monstruoso, pero es a lo que debería aspirar el ser humano. Casi como un Romeo y Julieta post mortem.

Ya ellos no tienen a nadie, excepto el uno al otro. La complementariedad en la soledad; y así, juntos, solitariamente juntos, pueden construir sus vidas. Trozos de recuerdos, retazos de historias, cuerpos humanos cosidos por partes. No olvidemos que son “no muertos”, y quizá ese amor tampoco vaya a morir jamás.

Es una sensación tan particular y revitalizante; puede que tarde en alcanzarnos, pero cuando llega, llega.