Hay noticias que nos hacen detenernos y pensar más allá del hecho inmediato. Lo ocurrido este 30 de septiembre a bordo del vuelo FZ1073 de Flydubai, que cubría la ruta entre Dubái y Tel Aviv, es una de ellas. El incidente ocurrió durante los días de Sucot y a pocos días de cumplirse tres años del ataque del 7 de octubre de 2023 contra comunidades del sur de Israel. Esta coincidencia nos invita a reflexionar sobre algo que muchas veces damos por sentado: la fragilidad de la vida y la responsabilidad que tenemos como sociedad de protegerla, especialmente cuando se trata de personas inocentes.
Los detalles y circunstancias del incidente han sido objeto de investigación por parte de las autoridades correspondientes. Según los reportes disponibles, durante el vuelo se produjo una confrontación en la cabina, el avión sufrió un descenso repentino y tuvo que ser desviado hacia Arabia Saudita, donde aterrizó de manera segura. Posteriormente, los pasajeros pudieron continuar su viaje hacia Israel. Cualquier conclusión sobre las causas, motivaciones o responsables debe basarse en la información oficial confirmada por las autoridades al momento de la publicación. Lo que sí podemos celebrar es que una situación que pudo haber terminado en una tragedia permitió finalmente que los pasajeros continuaran su viaje y regresaran junto a sus familias.
Como cristianos, nuestra primera reacción es de gratitud a Dios por la vida preservada. Detrás de una noticia como esta no hay solamente un avión o una ruta aérea; hay personas con nombres, familias que esperan, padres, madres, hijos, hermanos y amigos que desean volver a encontrarse con sus seres queridos. Cada vida preservada es motivo de agradecimiento. También reconocemos la responsabilidad de quienes, en medio de una situación de emergencia, actuaron para evitar que las circunstancias terminaran de una manera mucho más grave.
La coincidencia con Sucot nos lleva a una reflexión particularmente profunda. La Fiesta de los Tabernáculos, establecida en Levítico 23, recuerda los años en que el pueblo de Israel caminó por el desierto y habitó en moradas temporales. La sucá, una estructura frágil y transitoria, nos recuerda que nuestra vida también es vulnerable y que necesitamos de Dios. Sin embargo, Sucot no es una celebración marcada por el miedo, sino por la gratitud, la alegría y la esperanza. El pueblo se reúne, comparte y celebra, recordando que aun en medio de un camino difícil puede experimentar el cuidado y la provisión de Dios.
Este año el incidente ocurrió en pleno desarrollo de la festividad de Sucot. No pretendemos afirmar que lo sucedido tenga necesariamente un significado sobrenatural ni atribuirle un mensaje profético que no podemos demostrar. Pero la imagen de la sucá sí puede ayudarnos a comprender algo muy humano: podemos ser vulnerables y, al mismo tiempo, vivir con esperanza. La sucá no elimina las dificultades del desierto, pero recuerda que podemos atravesarlas sin perder la confianza en Dios.
Esta reflexión adquiere mayor importancia porque estamos a pocos días de recordar tres años del 7 de octubre de 2023. Más de 1.200 personas fueron asesinadas y muchas otras fueron secuestradas. Para Israel y para las comunidades judías alrededor del mundo, aquella jornada quedó marcada por la muerte, el secuestro y un dolor que todavía permanece en muchas familias.
El ataque ocurrió al finalizar Sucot, durante Shemini Atzeret y Simjat Torá, por lo que estas fechas tienen para muchos israelíes una carga emocional particular. Tres años después, cualquier amenaza contra civiles israelíes despierta una sensibilidad especial. Precisamente por eso debemos ser responsables con nuestras palabras y distinguir entre los hechos comprobados y aquello que todavía necesita ser aclarado.
En el caso del vuelo FZ1073, las circunstancias y motivaciones del incidente deben valorarse a partir de las investigaciones y de la información oficial confirmada. Resulta legítimo recordar que cualquier acción deliberada destinada a poner en peligro la vida de civiles debe ser tomada con absoluta seriedad. El terrorismo no puede ser normalizado ni justificado por razones políticas, religiosas o ideológicas.
Como cristianos, rechazamos el terrorismo y toda forma de violencia deliberada contra personas inocentes. Nuestra defensa de la vida debe ser universal y no depender de la nacionalidad o religión de una persona. La vida de un israelí tiene valor, pero también la de un palestino; la de un judío, la de un cristiano, la de un musulmán y la de cualquier otra persona. Ninguna causa puede convertir la vida humana en algo descartable. Por eso rechazamos el antisemitismo y toda forma de terrorismo y violencia contra civiles, sin importar quién la cometa ni contra quién se dirija.
Lo ocurrido también nos recuerda la importancia de la prevención. La seguridad en la aviación internacional no puede depender únicamente de reaccionar cuando una emergencia ya comenzó. Las compañías aéreas, los aeropuertos y las autoridades responsables deben revisar constantemente sus procedimientos y fortalecer las medidas destinadas a proteger a pasajeros y tripulaciones.
Para la comunidad judía y para el pueblo de Israel, estos días de Sucot llegan acompañados de la memoria del 7 de octubre. Desde Costa Rica queremos expresar nuestra solidaridad con quienes vivieron el incidente del vuelo, con sus familias y con todas las personas que han sufrido a causa del terrorismo. Como cristianos que creemos en la importancia de orar por Israel, entendemos que nuestra solidaridad debe expresarse también en oración, acompañamiento y una defensa clara de la vida.
Sucot nos recuerda que la vida puede ser frágil, pero que la fragilidad no tiene por qué hacernos perder la esperanza. Mientras el pueblo judío vuelve a levantar sus tiendas, se reúne alrededor de la mesa y celebra, queremos unirnos a ese sentimiento de gratitud por quienes pudieron continuar su camino y regresar con sus familias. También recordamos a las víctimas del 7 de octubre y a todos los que han sufrido por la violencia.
Desde ICEJ Costa Rica renovamos nuestro compromiso de orar por Israel, por Jerusalén, por la comunidad judía y por todas las personas afectadas por la violencia. Que Dios proteja al pueblo de Israel, consuele a quienes han sufrido y dé sabiduría a quienes tienen la responsabilidad de proteger la vida. Que podamos escoger siempre el camino de la vida, la esperanza y la paz.
