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Imagen principal del artículo: Reseña de “Comerás flores” de Lucía Solla Sobral
Foto: Imagen ilustrativa hecha con inteligencia artificial

Reseña de “Comerás flores” de Lucía Solla Sobral

Comerás flores es la primera novela de la escritora española Lucía Solla Sobral, publicada el año pasado por Libros del Asteroide, una editorial independiente que realiza ediciones muy bonitas. La leí como parte del club de libros que tiene la Librería Internacional.

Esta novela cuenta la historia de Marina, quien, poco después de la muerte de su padre, de graduarse y comenzar un trabajo poco satisfactorio y de irse a vivir con su amiga Diana en lugar de irse a vivir sola, como deseaba, conoce a Jaime. Hay muchas personas con una historia así: se sienten mal, se sienten sin lugar en el mundo o apenas lo están armando, o tenían un lugar seguro que se descolocó por una pérdida; entonces aparece un Jaime: los hay de muchos nombres y tipos, pero suelen ser personas que son muy hábiles detectando la carne herida y se instalan intensamente —no te dan espacio ni para respirar—, aprovechando esa vulnerabilidad.

Como se puede intuir, la historia de Marina con Jaime es una historia de violencia en una relación de pareja, pero de violencia sutil, invisible y a veces, encantadora, que no es fácil de notar o intuir sus peligros (dice la autora ahora el amor era el gesto menos cruel). Jaime es guapo, seductor, adinerado, agrada a la gente, parece un hombre de cultura y de mundo, pero pronto comienza el chantaje emocional: no golpea, pero la hace sentir culpable y miserable; no golpea con su mano, pero deja silencios y abandonos; termina la relación una noche para aparecer la mañana siguiente magnífico y tierno. Tira platos, teléfonos; acelera a más no poder su vehículo, la deja abandonada por horas en un restaurante, cela, vigila. Comienza a controlar la vida de Marina, la lleva a vivir a su casa, la aísla de Diana, conquista a su familia con su don de gentes y la hace su aliada, manipula su autoestima, su imagen corporal, incluso su dieta: en la misma cena en que conoce a su suegra, ordena un menú de carnes, pese a que Marina es vegana. Marina cede a todo, come la carne, vomita la carne, luego come cualquier cosa, vomita cualquier cosa.

Es una historia de la que podemos encontrar fácilmente ecos: una hermana, una amiga, una madre. Al leerla reflexionaba sobre el privilegio de género que tengo como hombre de no decir “yo mismo”, pero ese privilegio no lo tienen las mujeres, y habrá quien, al leerla, lea partes de su propia historia, pues, como Marina, que se cuestiona sobre cómo ella, una mujer culta, crítica, graduada universitaria, cualquiera puede ser víctima de violencia en sus relaciones afectivas.

Creo que ese es el valor de la novela: llamar la atención sobre la violencia en las relaciones, sobre todo en un contexto en que se hace apología, en redes sociales, series, películas y libros, de los desequilibrios de poder que posibilitan la aparición y el mantenimiento de la violencia en las relaciones de pareja (este fue un comentario muy acertado de Dunia, amiga del club de libros, algo que aprovecho para resaltar la importancia de la lectura conjunta). Se han romantizado y validado formas de violencia que deberían alarmarnos, en lugar de ser admirables o deseables. Quienes hemos vivido los efectos de esas violencias tenemos muy claro que no hay nada de romántico o seductor ahí, no hay nada hermoso, hay otras cosas, como la tensa espera de una llamada que anuncie una muerte o la necesidad de un rescate.

En cuanto a su valor literario, más allá del argumento, la novela resulta ser, lamentablemente, deficiente: es poco innovadora, poco creativa y, si bien el tema es muy relevante, no hay una construcción de peso en la novela, algo que la haga memorable. Posee algunas frases muy poéticas que me agradaron, sobre todo lo relativo a la muerte del padre, una especie de monólogos poéticos brevísimos y hermosos, pero son gotas aisladas. Argumentalmente, la historia colapsa en la resolución de la trama. La resolución del problema, aunque angustiante y dolorosa (Tardaras en perdonarte por haber tardado tanto en protegeros se dice Marina), es demasiado fácil, demasiado simple y, sobre todo, demasiado rápida. Ese es un fallo importante en la narración: no se construye un evento que reactive o acelere los mecanismos de protección de Marina y rompa de forma convincente el estatus de miedo instaurado por Jaime. Esas cosas son difíciles, prolongadas y en la novela se reducen a unos pocos contactos y eventos intensos, pero breves, acelerados. La enumeración de eventos que hace al final es un recurso forzado, poco armonioso con el estilo que se lleva. Las páginas finales se dedican a exponer el difícil retorno a la vida propia.

Para un lector exigente no será una gran obra; no obstante, es disfrutable (o angustiante, en un sentido catártico) y adecuada para la reflexión. En mi caso, inicié la lectura del libro físico y la finalicé en su versión de audiolibro en Storytel, lo que me pareció más disfrutable.