El 13 de octubre venció el plazo que la Caja abrió para recibir observaciones sobre el nuevo instructivo de tiempo extraordinario. El Movimiento presentó las suyas el 5 de octubre y las amplió el 13, con base en documentos de la Auditoría Interna, mediante dos oficios que revisan, numeral por numeral, qué cambia y a quién afecta. La institución tiene ahora tres meses para revisar el documento. Vale la pena explicar, sin tecnicismos, de dónde sale el rebajo y por qué existe una mejor manera de lograr lo que la Caja dice buscar.
El momento que vive el personal
Esta discusión no ocurre en el vacío. Un informe de la Auditoría Interna, conocido en mayo, proyecta que la Caja cerrará el 2026 con un faltante de unos 430 especialistas, sobre todo en radiología, anestesiología y medicina del trabajo. Esa falta la cubre, turno tras turno, el mismo personal que se queda después de su jornada. Al mismo tiempo, desde julio, cientos de trabajadores han enfrentado atrasos en sus salarios durante la transición a un nuevo sistema de pagos, algunos por varios meses. La institución reconoció esos casos y se comprometió a normalizarlos. Para quien sostiene guardias y, además, no tiene certeza de cuándo ni cuánto le van a pagar, un cambio en el cálculo de sus horas extra no es un ajuste técnico más: es otra preocupación encima de las que ya carga.
Una división
El salario de una persona paga las horas de su jornada. Para saber cuánto vale una hora, lo lógico es dividir el salario entre las horas que realmente se trabajan. Eso hacía el instructivo de 1998: su propio texto indica que los factores de cálculo “tienen su origen en la relación de la jornada ordinaria de trabajo contratada”.
El instructivo de 2026 cambia el denominador. Divide el salario diario entre ocho, siete o seis horas, según el turno, sin importar cuál es la jornada real de cada persona. Sin embargo, las jornadas pactadas en la Caja son de 44 horas en el turno diurno, 38 en el mixto y 32 en el nocturno. El mismo salario se reparte entre más horas de las que se trabajan y cada hora termina valiendo menos. No se tocó ningún porcentaje de pago ni se eliminó ningún recargo: bastó cambiar el número entre el que se divide. Además, entre más corta es la jornada, mayor es el rebajo.
Lo que pidieron los órganos de control
El instructivo nuevo responde a una recomendación de la Auditoría Interna. En el informe AOPER-0107-2023, la Auditoría pidió conformar un equipo de trabajo “para realizar la revisión integral y actualización del marco normativo que regula el trámite, confección y pago de tiempo extraordinario”. Señaló vacíos concretos: cómo tramitar el pago de las jornadas de producción, qué puestos trabajan sin fiscalización superior inmediata, el uso de jornadas acumulativas y la necesidad de reunir en un solo cuerpo las circulares dispersas de casi treinta años. En esa recomendación no aparece ninguna solicitud de cambiar la forma de calcular el valor de la hora.
Tampoco lo pidió el Ministerio de Trabajo. La Caja ha relacionado el instructivo con una inspección de 2024, pero el acta de esa inspección ordenó limitar la acumulación excesiva de guardias y no contiene ninguna disposición sobre cómo calcular el pago. Según el propio Ministerio, ese procedimiento todavía no ha concluido.
En agosto de este año, en su informe de seguimiento, la Auditoría dio la recomendación por cumplida porque el instructivo fue aprobado. Su labor era verificar que la revisión se hiciera, y se hizo. Consultada después por los estudios técnicos que respaldaran el cambio, la Auditoría indicó que no los custodia y que corresponde a la administración valorar su entrega. La pregunta sigue abierta: ¿se midió cuánto iba a bajar el pago de quienes sostienen las guardias y qué efecto tendría eso en la cobertura de los servicios? La Gerencia Médica advirtió en setiembre que el efecto podía ser serio. Si existe un estudio que diga lo contrario, conviene que se conozca.
Contener el gasto tiene su propia ruta
Nadie discute que el tiempo extraordinario pesa mucho en las finanzas de la Caja ni que debe controlarse. Pero la institución ya definió cómo hacerlo. La Política Presupuestaria 2024-2026, comunicada por la Gerencia Financiera en mayo de 2024, establece que el gasto en tiempo extraordinario no debe crecer más de un 3% al año y que, para lograrlo, hay que convertirlo “en plazas nuevas para el II y III turno, especialmente”.
Esa es la ruta sensata: si un servicio depende de horas extra para funcionar todas las noches, lo que necesita son plazas. Bajar el valor de la hora no resuelve esa dependencia; solo hace menos atractivo aceptar la guardia que mantiene el servicio abierto, y en setiembre quedó claro lo que pasa con solo anunciar que el personal no la hará.
Lo que debería incluir la revisión
Volver al instructivo de 1998 tal cual no es la salida. El documento nuevo ordena, aclara y actualiza aspectos que lo necesitaban. Lo que hace falta es que la revisión de estos tres meses incluya cinco cosas:
- Un estudio de impacto, por jornada y por servicio, antes de aplicar cualquier cambio en el cálculo.
- La audiencia a las organizaciones de los trabajadores que prevé el artículo 4 de la Normativa de Relaciones Laborales, como la propia Auditoría ha recordado para otras normas sobre guardias y disponibilidades.
- La participación técnica de quienes hacen las guardias y conocen, colilla por colilla, cómo se paga cada hora.
- Una aplicación gradual, con reglas claras de transición.
- Que la versión final se conozca antes de que rija, para verificar que no lesione derechos.
Nada de esto detiene a la institución. Le da algo que el primer intento no tuvo: la confianza de quienes van a aplicar la norma en cada turno.
Al suspender el instructivo, la Caja reconoció por escrito que no puede garantizar sus servicios críticos sin el tiempo extraordinario de su personal. El paso siguiente es coherente con esa conclusión: ordenar el pago sin abaratar la hora y contener el gasto creando plazas.
Sin tiempo extraordinario, la atención es insostenible.
