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La soberanía alimentaria del país no debe comprometerse en el Acuerdo Transpacífico

La reciente decisión de la Presidencia de la República de suspender el respaldo a la adhesión de Costa Rica al Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP) constituye un acto de alta responsabilidad política. Al abrir este compás de espera tras el encuentro con las agrupaciones agrarias nacionales el pasado 9 de octubre de 2026, el Poder Ejecutivo ha validado una realidad técnica ineludible: el agro costarricense no puede ser la pieza de sacrificio en las estrategias de la diplomacia comercial.

Como documento de posición dirigido tanto a la opinión pública como a las jefaturas de fracción de la Asamblea Legislativa y a las autoridades de Gobierno, este análisis detalla las razones estructurales por las cuales la incorporación a este megabloque multilateral resulta desproporcionada, regresiva y lesiva para el tejido social y económico de Costa Rica.

Competitividad demostrada y reglas claras:

Es fundamental aclarar que nuestra postura no nace de un temor infundado a la globalización. Costa Rica ha demostrado con creces ser un país capaz de aprovechar las aperturas comerciales y de competir con éxito en los mercados internacionales. El éxito de nuestro modelo exportador radica en que se ha negociado bajo reglas claras y en escenarios donde la cancha ha estado pareja.

Es gracias a esa madurez comercial que el país cuenta hoy con 18 TLC firmados, marcos en los que históricamente se ha sabido defender la soberanía alimentaria del país, la producción nacional y el empleo. Sin embargo, el CPTPP rompe ese equilibrio al imponer un esquema asimétrico de adhesión pura y dura donde Costa Rica carece de margen para nivelar el terreno frente a competidores desproporcionados.

Lecciones de la pandemia: las armas esenciales del país

La crisis global provocada por la pandemia de COVID-19 nos dejó una lección histórica sobre la resiliencia nacional que no podemos olvidar. Durante ese período crítico, que se extendió por más de dos años, el país contó con dos sectores fundamentales que jugaron un papel heroico para superar la emergencia:

  • En el ámbito de la salud, la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), el Ministerio de Salud y su personal sanitario salvaron vidas mientras llegaban las vacunas.
  • En el ámbito de la seguridad alimentaria, nuestros agricultores también salvaron vidas mediante su producción agroalimentaria: proporcionaron alimentos a las personas hospitalizadas, a las personas privadas de libertad y al resto de la población del país.

Esos alimentos fueron necesarios para superar la pandemia. Por tanto, al personal médico y a nuestros productores del agro les corresponde el reconocimiento de héroes de la pandemia: el primero actuó como escudo sanitario y los segundos como escudo alimentario, evitando el desabastecimiento nacional.

Estas fueron nuestras dos armas esenciales. Cuando las fronteras del mundo se cerraron y las cadenas globales de suministro colapsaron, fueron nuestros agricultores, junto con la agricultura familiar, quienes se mantuvieron activos en sus fincas y en el campo para que en nuestras mesas no faltaran los productos básicos para nuestra alimentación. Ellos lograron garantizar la continuidad de la producción, manteniendo la disponibilidad y el abastecimiento, evitando así una catástrofe por desabastecimiento.

Si bien el acceso económico a los alimentos se vio fuertemente golpeado por el desempleo y la pérdida de ingresos de las familias, la comida nunca faltó en los centros de distribución gracias al esfuerzo de nuestros agricultores, por cuanto la gran mayoría de los países del mundo aplicaron un cierre drástico y restricciones estrictas a sus fronteras aéreas y marítimas a partir de marzo de 2020 para frenar los contagios. A nuestros agricultores les debemos el suministro de alimentos en el peor momento de nuestra historia moderna; ignorar este valor estratégico en una negociación internacional es un acto de grave miopía nacional, ya que Centroamérica y el Caribe fueron las regiones que experimentaron aumentos en los precios de los alimentos frescos por el desabastecimiento temporal de ciertos productos.

El acceso al mercado y el interés por Japón:

El principal argumento para justificar el ingreso al CPTPP ha sido la aspiración de alcanzar un acuerdo comercial preferencial con Japón, un socio con el que no se dispone de un TLC. Sin embargo, solventar esta meta mediante una adhesión multilateral equivale a demoler una infraestructura para sustituir una ventana. De los miembros actuales del Transpacífico, nuestro país ya posee acuerdos consolidados con seis de ellos (Canadá, México, Chile, Perú, Singapur y el Reino Unido).

El beneficio marginal de duplicar reglas comerciales con socios existentes es mínimo, mientras que el riesgo de desmantelar nuestra seguridad agropecuaria es absoluto. Si el interés prioritario es Tokio, la vía soberana es la negociación de un TLC bilateral directo. Esta ruta permitiría a los negociadores nacionales excluir sectores sensibles y pactar cuotas protegidas, una facultad regulatoria que el rígido protocolo del CPTPP prohíbe explícitamente. Además, Japón ya tiene proveedores de productos agropecuarios (véase la tabla). Entonces, la pregunta es: ¿dónde está el beneficio para Costa Rica?

Exposición asimétrica de sectores productivos estratégicos

La adhesión al Transpacífico obligaría al país a aceptar reglas prediseñadas por los países fundadores. Esto expondría de golpe la producción y el empleo de sectores agrícolas y pesqueros cruciales: hortalizas, granos básicos, sector pecuario, pesca y acuicultura, café, banano, piña, caña de azúcar, plantas ornamentales y flores, oleaginosas y otras frutas.

Al consolidarse los aranceles en cero, el gremio de lácteos y el sector cárnico quedarían en la indefensión ante potencias como Australia y Nueva Zelanda; la producción nacional de palma aceitera sufriría el embate directo de Malasia; mientras que productos como el arroz y el café se verían asfixiados ante el volumen y los bajos costos de producción de Vietnam.

El embudo logístico: infraestructura portuaria y vial colapsada

Sostener que el CPTPP convertirá a Costa Rica en una plataforma de exportación hacia Asia-Pacífico es ignorar el severo rezago de nuestra infraestructura. La proyección exportadora hacia el mercado asiático debería canalizarse por el litoral Pacífico. Sin embargo, nuestra infraestructura vial y portuaria en el Pacífico arrastra problemas crónicos de saturación y cuellos de botella que elevan los costos logísticos y anulan cualquier ventaja arancelaria teórica.

Aún nos quedan tierras en el Pacífico Sur con vocación agropecuaria y potencial productivo, ya que esta región cuenta con condiciones agrológicas y climáticas excepcionales para el desarrollo agropecuario; no obstante, sufre un aislamiento histórico por la ausencia de infraestructura portuaria eficiente y de una terminal aeroportuaria robusta.

Condenar a los productores de zonas vulnerables a asumir fletes terrestres prohibitivos para movilizar productos perecederos (como hortalizas, flores o frutas frescas), y al mismo tiempo obligarlos a competir en el Transpacífico, no es promover el libre comercio; es sentenciar al agro a desaparecer en el mediano plazo junto con sus encadenamientos económicos, lo cual alimentaría la espiral del desempleo que ya experimenta.

El agro requiere de políticas claras por parte del BCCR y del apoyo institucional que fomenten la producción y el empleo. Administrar el desempeño de los 18 tratados que ya tenemos firmados permitiría determinar qué subsidios y/o ayudas reciben los productores agropecuarios de sus gobiernos, como ocurre en Canadá, Perú y México, países que también forman parte del bloque Transpacífico. El propósito no es solicitar que aquí se nos otorguen esas mismas ayudas, sino analizar por qué sus productos son más competitivos que los nuestros.

Una nueva gobernanza comercial: administrar los 18 TLC existentes

Antes de aventurarse a contraer nuevos compromisos, es de suma urgencia constituir dentro del Ministerio de Comercio Exterior (COMEX) una unidad especializada que se encargue exclusivamente de administrar los 18 TLC que Costa Rica ya tiene vigentes, garantizando que el comercio existente realmente beneficie al tejido productivo local.

Asimismo, como se expuso firmemente en el foro nacional, cualquier intento futuro de negociación comercial debe subordinarse a dos condiciones innegociables:

  • Inclusión directa del sector agropecuario: es imperativo incluir de forma vinculante a los representantes de los sectores productivos en los cuartos de negociación de Comex. Se deben evaluar técnicamente los volúmenes de producción existentes para evidenciar la disponibilidad real de productos antes de comprometerlos.
  • Línea roja para la soberanía alimentaria: debe quedar establecido que los productos que forman parte de la soberanía y seguridad agropecuaria del país no deben ser objeto de negociación en ningún TLC. La única excepción aceptable para abrir el mercado de un alimento estratégico sería la existencia de excedentes de producción demostrados, asegurando primero el abastecimiento nacional.

Finalmente, la soberanía de nuestro país comienza por la defensa del derecho al trabajo, de la tierra que nos permite producir nuestros alimentos y de los agricultores que nos sostuvieron en la peor crisis de nuestra historia. Por lo tanto, el camino hacia el desarrollo no exige el sacrificio de nuestra soberanía alimentaria.

Tanto la FAO como la CEPAL enfatizan que la “seguridad alimentaria es la base de la estabilidad social y económica de una nación”. Por ello, instan a los gobiernos a fortalecer con urgencia la producción agrícola local y a expandir los sistemas de protección social rural.

Nuestro deber es proteger la producción agropecuaria, no destruirla.