Costa Rica mantiene una relación muy cercana con Estados Unidos. Una relación que trasciende lo comercial y que pareciera intensificarse cada vez más. Desde lo económico hasta lo migratorio, Costa Rica está fuertemente alineada con los intereses de Washington. Hay buenas razones para esta relación cercana; el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) señala que EE. UU. es el principal socio comercial de Costa Rica. Este país representa el 45% de las exportaciones y el 42% de las importaciones de bienes de Costa Rica.
Los números corroboran la pertinencia de esta relación. Sin embargo, vale la pena cuestionar si la estrategia diplomática de Costa Rica es la más adecuada o si nos está volviendo excesivamente dependientes de un único actor.
De ahí surge la pregunta: ¿está Costa Rica esforzándose lo suficiente para construir relaciones igualmente estratégicas con otros actores en la escala global?
Costa Rica, por décadas, ha diseñado su estrategia alrededor de una visión del mundo muy específica. Una visión en la cual EE. UU. es la clave para todo. Hoy este mundo está cambiando.
Una comparación útil es Canadá: este país depende de Estados Unidos en una escala mucho mayor que Costa Rica. The Washington Post revela que más del 70% de las exportaciones canadienses se dirigen a este país, mientras que las importaciones provenientes de Estados Unidos representan alrededor de la mitad de todas las importaciones canadienses. Pero, ante el incierto escenario político y comercial y los aranceles volátiles de Washington, Canadá ha empezado a mirar con fuerza hacia Europa, Asia y el Pacífico como una medida de protección económica. Tanto es así que Canadá ha sido invitado a ser miembro asociado de la Unión Europea.
Por otro lado, Chile es un ejemplo interesante, ya que, al ser un país latinoamericano, ofrece una comparación más cercana que el caso canadiense. Al igual que Costa Rica, Chile mantiene una relación cercana con Estados Unidos. Pero ha apostado por China como su principal socio comercial, diversificando enormemente su estrategia de política exterior. La estrategia de Chile no se ha limitado a China. Chile ha fortalecido de manera sostenida sus relaciones comerciales con Estados Unidos, Asia, Latinoamérica y Europa.
Comparar Chile con Costa Rica es útil, ya que Chile es liderado por José Antonio Kast, mientras que Costa Rica es liderada por Laura Fernández Delgado; ambos son países latinoamericanos con gobiernos derechistas muy cercanos a Washington.
Semanario Universidad documenta que, desde el 24 de julio de 2026, Estados Unidos le aplica a Costa Rica un arancel del 12,5% sobre sus exportaciones. Pese a esto, la administración de Fernández Delgado no se ha enfocado en diversificar sus relaciones. Más bien, ha aumentado la cooperación con Washington en diversos temas.
Nadie está diciendo que se deba abandonar a EE. UU. No sería realista ni conveniente. Pero sería prudente que, ante este escenario global, Zapote enfocara su política exterior en no depender de una sola relación y se acercara a otros socios importantes.
La realidad es que Costa Rica ya cuenta con una variedad de mecanismos para ampliar sus relaciones. Nuestra relación con la UE no es menospreciable. En 2024 entró en vigor el Acuerdo de Asociación entre Centroamérica y la Unión Europea. La UE señala que Costa Rica es su principal socio comercial en Centroamérica.
Canadá también es un aliado significativo. Desde 2002, Costa Rica y Canadá tienen suscrito un tratado de libre comercio y ambos coinciden en temas de democracia y derechos humanos. Comparten intereses de diversificación económica y cooperación.
Esto comprueba que el problema de Costa Rica no es la falta de opciones de diversificación internacional. El problema es que la política exterior de Costa Rica sigue dejando estas relaciones globales de gran valor en un segundo plano, con menor importancia, mientras dirige toda la atención diplomática hacia Estados Unidos. Este manejo de la política exterior puede representar una desventaja para Costa Rica.
Llaman la atención hechos como la destitución del excanciller Manuel Tovar en plena Asamblea General de las Naciones Unidas o el respaldo poco enérgico por parte de Zapote a la candidatura de Rebeca Grynspan. Estos hechos han generado cuestionamientos sobre el rumbo de la política exterior costarricense.
La presidenta Laura Fernández Delgado justificó la destitución del excanciller alegando que Tovar no le habría informado de una reunión del Escudo de las Américas. Pero, más allá de las opiniones respecto de la destitución, es cuestionable el momento en que ocurrió, cuando aún no había finalizado la Asamblea General de las Naciones Unidas. Las relaciones internacionales requieren estabilidad y tardan años en construirse. Decisiones inoportunas y políticamente cargadas como estas, tomadas durante la Asamblea General de la ONU, aunadas a una visión limitada de cooperación internacional, pueden afectar gravemente la imagen internacional de un país pequeño como Costa Rica y cerrarle puertas comerciales y diplomáticas.
Costa Rica se ha encargado de perfeccionar una imagen internacional de neutralidad, democracia, paz, derechos humanos y cooperación. Esta imagen es un activo valioso para la política exterior que cada Gobierno de turno debería cuidar, independientemente de su posición en el espectro político.
Tener fuertes relaciones bilaterales con Estados Unidos no impide fortalecer nuestra cooperación internacional con otros actores relevantes en las Américas, Europa o Asia. Costa Rica no está limitada a escoger entre Estados Unidos y el resto del mundo. El manejo de la política exterior debería ser responsable y diverso.
Las interacciones globales están cambiando rápidamente. Muchos Estados están enfocados en diversificar sus relaciones y mejorar su seguridad comercial y diplomática. Costa Rica es demasiado pequeña para controlar el mundo, pero tiene la responsabilidad de modernizar y adaptar su política internacional a nuevos escenarios en desarrollo para no quedarse rezagada.
Por eso, nuestra política exterior debe estar guiada no solo por lo que se nos hace cómodo y familiar, sino también por preguntarnos con cuántos lugares le falta a Costa Rica acercarse.
