Rondaba el 2014 cuando se produjo un primer acercamiento entre extensionistas del Campus Tecnológico Local San Carlos del Instituto Tecnológico de Costa Rica (TEC) y la comunidad de San Ramón de La Virgen de Sarapiquí. En aquel entonces, llegar hasta allí implicaba desplazarse a caballo o en cuadraciclo y cruzar ríos por puentes improvisados, construidos con vigas de madera.
Las actividades productivas de la comunidad estaban vinculadas principalmente con la tala, la caza y otras actividades primarias para el sustento familiar. De aquellas primeras visitas surgieron proyectos de extensión universitaria orientados a explorar el turismo como una alternativa para complementar las actividades primarias, fortalecer el emprendimiento comunitario y generar mejores opciones de empleo para las mujeres y las personas jóvenes. Así nació la Cooperativa Agroturística y de Servicios Múltiples de San Ramón de La Virgen de Sarapiquí (Cooproturs R.L.), conformada por 30 personas.
Paralelamente, comenzó una articulación interinstitucional vinculada con la apertura a la visitación del sector El Ceibo del Parque Nacional Braulio Carrillo (PNBC), como una apuesta por el turismo rural sostenible para generar oportunidades de empleo y desarrollo comunitario. La comunidad y la cooperativa demostraron desde el inicio arraigo territorial, compromiso y deseos de continuar formándose. Este interés encontró respuesta en una colaboración entre el INDER, el SINAC, el ICT, la Municipalidad de Sarapiquí y el TEC, a través de la Carrera de Gestión en Turismo Rural Sostenible de la Escuela de Idiomas y Ciencias Sociales. Estas instituciones, desde sus competencias, compartieron un propósito: contribuir al bienestar y al progreso socioeconómico de la comunidad.
Con el tiempo, se sumaron la Escuela de Ciencias del Lenguaje del Campus Central Cartago del TEC y la FUNDATEC. Se desarrollaron diagnósticos sobre las necesidades de inglés, procesos de fortalecimiento lingüístico y una sistematización de las experiencias de aprendizaje y aplicación del idioma inglés en la comunidad. También se realizó un estudio de caso sobre mujeres de San Ramón de La Virgen, centrado en turismo rural, emprendimiento y empoderamiento femenino.
Cada institución aportó desde su propia trinchera. Desde el TEC, contribuimos mediante un proceso de extensión universitaria, ofreciendo educación continua y fortaleciendo las capacidades de personas emprendedoras que se preparaban para la apertura de El Ceibo.
No ha sido un trabajo sencillo. Ha requerido constancia, compromiso y perseverancia por parte de la comunidad y de las instituciones. Y quizá uno de los mayores desafíos ha sido, precisamente, el de los puentes, pero no únicamente aquellos que permiten atravesar los ríos y acceder de manera segura al sector El Ceibo del PNBC, sino también los puentes que se construyen entre instituciones, comunidades y personas: vínculos que requieren diálogo, confianza, coordinación y voluntad de colaborar. Porque sin esos puentes verdaderos, muchos de los avances alcanzados no habrían sido posibles.
El desarrollo de San Ramón de La Virgen no es mérito exclusivo de una institución. Es resultado de procesos que se han gestado en el tiempo, sumando actores y esfuerzos compartidos y, especialmente, de sus habitantes: personas altruistas, visionarias, emprendedoras y comprometidas que, durante más de una década, han participado en procesos de capacitación bajo aguaceros interminables y en jornadas nocturnas para apostar por el turismo rural sostenible. La clave incuestionable ha sido la articulación interinstitucional: unir esfuerzos, reconocer saberes diversos y trabajar por un propósito común. Ese es el puente más importante que une a todos y que, en los tiempos que vivimos, constituye la mejor manera de edificar en nuestras comunidades.
Sarapiquí todavía enfrenta desafíos, entre ellos el acceso al agua potable, a internet y, posiblemente, la construcción de más puentes. Sin embargo, también cuenta con comunidades capaces de imaginar oportunidades y trabajar para construirlas.
Nuestra experiencia nos recuerda que el desarrollo comunitario requiere instituciones dispuestas a escuchar, comunidades dispuestas a participar y personas comprometidas con soluciones colectivas. Los puentes más importantes no siempre se construyen con madera, concreto o acero. Algunos se construyen con confianza, unión, conocimiento compartido, educación y voluntad de colaborar. Y son esos puentes los que, con el tiempo, transforman comunidades y abren caminos hacia un futuro más prometedor.
Tender puentes es, en última instancia, una forma de hacer patria.
Este artículo fue escrito junto con Lady Fernández Mora, coordinadora de las carreras de Gestión del Turismo Rural Sostenible y Gestión en Sostenibilidad Turística del Campus Tecnológico Local San Carlos, TEC.
