Erick Badilla Valverde – Estudiante de la carrera de Ingeniería Electrónica

Desde el inicio de los tiempos, los humanos han tenido el afán de automatizar (o al menos aligerar, librarse, o ejecutar de la manera más fácil posible), la mayor cantidad posible de acciones y quehaceres y, desde la revolución industrial, un porcentaje de este ideal ha logrado convertirse en realidad. Muchas de las tareas que una vez fueron imposibles de realizar, hoy se llevan a cabo con un “click”, o un “tap” en una pantalla.

Sin embargo, los vehículos automatizados siguen siendo solo una visión del futuro, aunque cercano y desconocido. Si bien es cierto que existen empresas que trabajan arduamente en desarrollar un vehículo totalmente autónomo, capaz de manejar de un punto a otro sin la asistencia de un ser humano, sus proyectos plantean inconvenientes difíciles de cumplir, como la predicción de acciones de los conductores de otros vehículos, o la optimización vial de tener un 100% de vehículos autónomos en las calles.

Algunos de problemas resultan paradójicos como la toma de decisiones en caso de un choque, para saber qué es “mejor” golpear, o las indicaciones a seguir para cada variable que pueda surgir en el trayecto. A pesar de estas incógnitas, desde una perspectiva optimista, la implementación de automóviles capaces de realizar acciones como acelerar, frenar, y manipular la dirección, estando siempre “conscientes” de sus alrededores y teniendo claro la ruta que deben cumplir, hace esta propuesta algo que podría prevenir atrasos, ahorrar combustible y hasta disminuir el número total de accidentes en carreteras, ya que el uso de algoritmos especializados e inteligencia artificial, podrían llegar a tener un mejor criterio que los mismos conductores. Incluso, si todos los automóviles fueran dirigidos por un sistema autómata, las personas que viajan no tendrían problema alguno si se quedaran dormidos(as), o si estuvieran bajo la influencia de alguna sustancia psicotrópica.

Desde una perspectiva más realista, la persona promedio no podría tener acceso a un vehículo automatizado, ya que no tiene el presupuesto necesario para adquirir uno, esto debido a que los precios de tales tecnologías no son nada bajos.  No existen actualmente tecnologías capaces de adaptarse a automóviles regulares, ni sistemas automatizados al 100%. Lo único que existe (al menos para el público regular) son vehículos con componentes inteligentes ya integrados, imposibles de transferir o adaptar.

Tal vez, en algún futuro, podría comercializarse la venta de un equipo que sea adaptable a cualquier automóvil, y de tal manera hacer un poco más accesible la tecnología a los usuarios potenciales, sin dejar de lado la dificultad de que este pueda tener un precio elevado. En el mejor de los casos, el desarrollo

Desde la perspectiva ambiental, el uso de tecnologías con inteligencia artificial para la automatización es beneficioso para la reducción de la contaminación emitida por los automóviles, ya que estos estarán siendo utilizados de la manera más eficiente posible, reduciendo los niveles de emisiones de los mismos.

También, una autonomía vehicular completa puede ser ideal, favorable y útil para la descongestión de las calles ya que, mediante una interconexión entre vehículos, podrían comunicarse para establecer patrones de comportamiento en donde la circulación de los vehículos sea fluida y no existirían problemas de cortesía, o si alguien tiene o no derecho de paso. En un futuro lejano incluso no sería necesario rotular las calles o instalar semáforos, porque la red de vehículos ya tendría esto dentro de sus sistemas, y podrían ser modificados fácilmente para distintos propósitos como nuevas construcciones o cierres de carreteras.

En conclusión, el futuro prepara una idea difícil de alcanzar con respecto a la tecnología automatizada automovilística, llena de desafíos y promesas por alcanzar. Sin embargo, no es imposible. Aunque en el presente no existan las tecnologías necesarias para llevar a cabo un proyecto de tales dimensiones, se está progresando en la materia, y mediante esfuerzo y soporte de las compañías centradas en este campo, podremos ver avances interesantes en el futuro próximo.

 

MOXIE es el Canal de ULACIT (www.ulacit.ac.cr), producido por y para los estudiantes universitarios, en alianza con el medio periodístico independiente Delfino.cr, con el propósito de brindarles un espacio para generar y difundir sus ideas.  Se llama Moxie - que en inglés urbano significa tener la capacidad de enfrentar las dificultades con inteligencia, audacia y valentía - en honor a nuestros alumnos, cuyo “moxie” los caracteriza.