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Advierto que no soy dado a pensar la política en clave conspirativa, por más que determinadas coincidencias y regularidades puedan dar pie a ello. Y menos, en relación con políticos a los que no necesariamente puede uno adjudicarles determinadas habilidades en esas artes. Pero nunca se sabe. Siempre puede haber “compadres hablados”.

Lo cierto, es que en lo que llevamos de 2020, el gobierno de Carlos Alvarado en Costa Rica registra al menos tres “hitos” que dan cuenta; bien, de una extraordinaria y poco reconocida capacidad para generar operaciones políticas de altísimo nivel; o bien, de una desconcertante descoordinación entre sus ministros y/o voceros generadora de determinados resultados políticos. O bien, una combinación de las dos cosas.

El mecanismo es el siguiente (si es que lo hay):

  1. Detonante: un determinado vocero gubernamental y/o medio de comunicación “mete la pata” y posiciona un tema polémico, generador de ruido.
  2. Reacción: el presidente Alvarado tras el correr de unos días de escándalo mediático, se posiciona frente a ello y echa “para atrás” esa “decisión”.
  3. Resultado: el sector originalmente afectado por la medida obtiene una suerte de victoria pírrica que le sirve de muy poco. ¿Compadres hablados? A continuación pasamos a describir los casos, uno de ellos en desarrollo:

La cortina de humo de la UPAD

El pasado 21 de febrero, salió publicado en La Gaceta el decreto No. 41.996 MP-Mideplan (firmado desde octubre del 2019), que creaba la Unidad Presidencial de Análisis de Datos (UPAD). CrHoy fue el medio a cargo de la primicia. El decreto fue publicado muy pocos días después de que el ministro de Hacienda, Rodrigo Chaves, reconociera la necesidad de levantar el secreto bancario frente a la lucha contra la evasión fiscal en el país. “Lo que queremos es reducir la evasión fiscal, saber cuáles son los activos, cuál es el ingreso de las empresas y el patrón de gasto y cuentas corrientes; es una pieza fundamental para combatir la evasión fiscal”, manifestó entonces. Voceros tanto de la Unión de Cámaras como de la Asociación bancaria evidentemente pegaron el grito al cielo.

La polémica desatada y el resultado ya lo conocemos: se desató una cruzada nacional contra el “espionaje gubernamental” y en defensa de los “derechos humanos”, la UPAD –que era cualquier cosa, no nos confundamos- no siguió y la perspectiva de aprobar alguna medida tendiente a levantar el secreto bancario fue enterrada. Ganó la ciudadanía que victoriosa celebró el entierro de la UPAD (gran victoria), pero también ganaron los sectores favorables a la evasión fiscal que juegan alrededor del gobierno. ¿Fue impericia o “falta de timming” por parte del gobierno, o fue una operación de determinados sectores internos en el gobierno con el objeto de inviabilizar avanzar levantar el secreto bancario?

El coronavirus y la pugna distributiva, o el ministro se pasó de la raya

La crisis económica a raíz de la pandemia del coronavirus profundizó la falsa dicotomía empleo público vs. privado en el debate sobre la estabilidad en las finanzas públicas en el país. Que los empleados públicos tienen privilegios, son vagos… los lugares comunes que ya sabemos. Eminencias como Eli Feinzaig, Dennis Meléndez, Luis Mesalles y Thelmo Vargas (todos neoliberales), publicaron un manifiesto titulado “Si hay patadas, hay pa´todos”: exigían cerrar instituciones, reducir jornadas… nada nuevo; propuestas que luego serían recogidas por la ministra de Planificación, Pilar Garrido, quien manifestó que el gobierno estudiaba esas opciones.

Los anuncios evidentemente caldearon el ambiente. Tanto, que el presidente tuvo que salir a desmentir a su ministro de Hacienda, quien se “pasó de la raya”, y anunció el presunto interés del gobierno en cobrar un “impuesto solidario” a los salarios superiores a los ₡500 mil. Eso marcó el entierro de todas aquellas propuestas impopulares que pudiese haber querido impulsar el gobierno, lo que de algún modo, le generó condiciones para avanzar la entrega de un bono de entre ₡62.500 y ₡125.000 para personas cuyas jornadas de trabajo hayan sido disminuidas, o despedidas, a causa la cuarentena. No mucho más que eso, tampoco.

¿Qué pasó? ¿Fue una descoordinación lamentable y el presidente tuvo que salir a corregir la metida de patas del ministro, o fue el presidente quien puso al ministro a hacer esas propuestas con el objeto de ganar fuerza frente a la arremetida de los empresarios?

La CCSS, el ministro se pasó de la raya otra vez

El tema de la semana fue la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), sin duda. La denuncia del economista y directivo de la institución, Mario Devandas, puso en definitiva a hablar a todo el mundo: “Hoy por la tarde la Junta Directiva de la CCSS se reunió con el presidente de la República, para conversar sobre la grave situación financiera de la Institución. La posición del Ministro de Hacienda y del presidente del Banco Central, fue que no se podía hacer nada, que el país no puede quebrar para salvar a la Caja”, publicó el también exdiputado a través de su cuenta de Facebook.

Mal timming por parte de sectores en el gobierno al hacer eso, en media pandemia y con la Caja en uno de sus picos de popularidad más importantes. El ministro de Hacienda quiso sacar la pata pero para desgracia suya, metió la otra. Frente al reclamo de Román Macaya, presidente ejecutivo de la institución, por los 1,95 billones de colones que le adeuda el Estado, Chaves sentenció que “el país no debe dedicar montos desproporcionados a una sola institución”, refiriéndose a la Caja. En boca cerrada no entran moscas, quedó peor que como estaba.

A todo esto, el propio presidente de la República hizo lo propio y también metió las patas, cuando “off the records” dijo al comenzar una conferencia de prensa que “no había plata” para apoyar a la CCSS. Menudo problema: tenía el micrófono abierto.

La respuesta en redes sociales estallaron y, a esta hora, sectores amenazan con romper la cuarentena y marchar en defensa de la seguridad social este 1 de mayo. La respuesta hasta ahora del presidente ha sido timorata, pero ha dejado entrever que no está en la misma sintonía que su ministro. Las cosas están en pleno desarrollo pero si por la víspera se saca el día, quien quita y el gobierno ahora pueda generar condiciones para fortalecer a la Caja. En buena hora si es así.