En este momento todos los poderes del Estado costarricense son ocupados por mujeres, un hito de gran relevancia para nuestro país, sin embargo, también nos presenta una encrucijada, pues los eventos recientes en la política nacional nos hacen dudar si esas mujeres van a trabajar por construir una sociedad más igualitaria y justa, o si, simplemente irán destruyendo todas las “escaleras” que han transitado para llegar ahí.
Estas mujeres tienen alguna excepcionalidad no lo dudo y no pretendo quitarles méritos a sus logros, todo lo contrario, los celebro. Sin embargo, también son un resultado de una sociedad y un Estado social que ha estado ahí para ellas, que les permitió estudiar y capacitarse, incluso sin tener todos los recursos para hacerlo, un Estado que en más o menor medida también las ha mantenido seguras y saludables. Tampoco podemos olvidar que se su trabajo es un servicio público y que ha sido a través del Estado que han hecho una carrera política y técnica y que su deber es con toda la sociedad costarricense, igual que la todas las personas servidoras públicas.
El acceso al poder político de las mujeres ha ido acompañado de una lucha constante, primero por el acceso a la educación, luego al voto y a la fuerza económica, y finalmente a los puestos de toma de decisiones. En el caso de los partidos, la lucha por el acceso a los órganos internos y de representación de los partidos es de los avances más recientes que hemos tenido con la ley de paridad y alternancia. Todas esas luchas, los avances en leyes y normativa, es lo que se conoce como “escaleras” para que las mujeres puedan subir, no obstante, se pueden quebrar las escaleras una vez que se suben.
En Costa Rica incluso se ha garantizado que la condición socioeconómica no sea un impedimento para esto. Nos guste o no, la receta de la gran diferenciación de la llamada “Suiza Centroamérica” no ha sido la construcción de cárceles, sino de escuelas, colegios, universidades públicas, clínicas y hospitales cuya base social es la solidaridad. Es decir, la creación de escaleras para que las personas con condiciones sociales más difíciles, como el género, tengan posibilidades de movilización social.
Todas las mujeres que en este momento están liderando los poderes de nuestro país se han beneficiado de esto en distintos sentidos. Recortar el presupuesto en educación, modificar leyes para limitar derechos y debilitar lo público es un discurso incendiario, que, aunque tiene resultados electorales, va a terminar afectando a nuestra sociedad y es ahí cuando cerramos las oportunidades para que la mayoría pueda acceder a mejorar su situación económica de forma legal y dejamos el espacio para que se recurra más y más a la delincuencia como una forma de generación de capital. Y es ahí cuando ya no hay escaleras por las que subir cuando si necesitamos invertir en cárceles.





