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Foto: Imagen con fines ilustrativos. Créditos: Laura Rodríguez Rodríguez, Universidad de Costa Rica.

Más de 340.000 personas viven en viviendas en mal estado en Costa Rica

El Pacífico Central presenta la mayor proporción de viviendas en mal estado, mientras que las zonas rurales registran condiciones más desfavorables que las urbanas.

Un total de 340.257 personas en Costa Rica viven en viviendas que presentan daños graves en su estructura, según los resultados de la Encuesta Nacional de Hogares (Enaho) 2026, publicada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).

La encuesta identificó 122.160 viviendas ocupadas clasificadas en mal estado, equivalentes al 6,4% de las 1.917.772 viviendas ocupadas que se estiman en el país.

Para determinar las condiciones de una vivienda, el INEC examina el estado físico de tres componentes: las paredes exteriores, el techo y el piso. Una vivienda se clasifica en mal estado cuando al menos uno de estos elementos presenta un deterioro grave y los otros dos requieren alguna reparación.

Según la metodología del instituto, estas condiciones pueden representar algún grado de peligro para las personas que habitan el inmueble. Sin embargo, la clasificación no significa necesariamente que todas las viviendas sean inhabitables o deban demolerse.

Los resultados muestran diferencias importantes según la región donde viven las personas. El Pacífico Central presenta la mayor proporción de viviendas en mal estado, con un 11,5%, equivalente a 13.918 viviendas ocupadas en las que residen aproximadamente 35.949 personas.

Le siguen la región Huetar Caribe, donde el 9,5% de las viviendas está en mal estado, y la Huetar Norte, con un 9,3%. En contraste, la región Central presenta el porcentaje más bajo del país, con un 4,9%.

Las regiones Brunca y Chorotega registran proporciones del 6,8% y 6,2%, respectivamente.

Aunque la región Central presenta la menor proporción de viviendas en mal estado, concentra la mayor cantidad de personas que viven en estas condiciones: unas 167.017, distribuidas en 57.475 viviendas. Esto se explica por la mayor cantidad de viviendas y habitantes que tiene esta región en comparación con las demás.

La situación es más frecuente en las zonas rurales

La encuesta también revela que las condiciones de las viviendas son diferentes según se ubiquen en zonas urbanas o rurales.

En las zonas rurales, el 8,7% de las viviendas ocupadas está en mal estado, frente al 5,5% de las urbanas. La diferencia es de aproximadamente 3,3 puntos porcentuales.

En números absolutos, el INEC identificó 45.700 viviendas rurales en mal estado, habitadas por unas 124.680 personas. En las zonas urbanas, las viviendas en esa condición ascienden a 76.460, con aproximadamente 215.577 ocupantes.

La encuesta también clasifica las viviendas en estado regular cuando sus componentes requieren reparaciones, pero no presentan el nivel de deterioro utilizado para calificarlas en mal estado.

Al sumar las viviendas en estado regular y malo, el 47,5% de las viviendas rurales presenta algún grado de deterioro, mientras que en las zonas urbanas la proporción es del 34,3%.

En todo el país, el INEC contabilizó 605.153 viviendas en estado regular y 122.160 en mal estado. En conjunto, representan el 37,9% de las viviendas ocupadas, aunque las condiciones de ambos grupos tienen distintos niveles de gravedad.

El deterioro de las viviendas afecta especialmente a los hogares pobres

Las diferencias también aparecen cuando se analiza la situación económica de quienes habitan las viviendas.

Entre los hogares considerados pobres tanto por sus ingresos como por sus condiciones de vida, el 82,3% habita viviendas en estado regular o malo. En cambio, entre los hogares que no son pobres por ninguno de los dos métodos utilizados por el INEC, la proporción es del 31%.

Esto significa que el deterioro de la vivienda es considerablemente más frecuente entre las familias que enfrentan mayores dificultades económicas y otras carencias básicas.

El INEC utiliza dos mediciones para identificar la pobreza. Una compara los ingresos de los hogares con el costo estimado de sus necesidades básicas, mientras que la otra considera dificultades en educación, salud, vivienda, trabajo y protección social.

Dentro de esta segunda medición, denominada Índice de Pobreza Multidimensional (IPM), el 49,6% de los hogares pobres presenta la privación relacionada con techos o pisos en mal estado, mientras que el 40,2% presenta la correspondiente al deterioro de las paredes exteriores.

Estos indicadores examinan componentes específicos de las viviendas y no deben confundirse con la clasificación general de estado físico bueno, regular o malo utilizada para contabilizar las 122.160 viviendas.

Los resultados de la Enaho 2026 muestran así que el deterioro de las viviendas afecta a cientos de miles de personas, con diferencias importantes entre las regiones del país, las zonas urbanas y rurales, y los hogares según su condición económica.