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Cuando una banda pone a marchar a todo un país

Hace un par de semanas, la Banda Comunal de la Fortuna de San Carlos representó a Costa Rica en el Festival Internacional Imagination Marching Concepts, celebrado en Mairiporã, en el estado de São Paulo, Brasil. Las transmisiones de algunos medios nacionales permitieron que muchas personas tuviesen la oportunidad de (a la distancia) acompañar a la Banda Comunal en algo que fue mucho más que presenciar una presentación artística.

Por breves momentos, la cobertura de algunos medios nacionales llevó hasta los hogares la proeza de la agrupación, conformada por aproximadamente 175 personas (103 hombres y 87 mujeres) que se distribuyen en las secciones de Color Guard, Bailes Folclóricos, Danza Contemporánea, Percusión, Vientos y Front Ensamble.

La dirección del maestro Erick Quesada es uno de los puntos de apoyo fundamentales para la agrupación, así como los padres de familia y personas encargadas, la comunidad de La Fortuna, quienes han acogido con orgullo el apoyo de la agrupación, y también la Asociación de Desarrollo Integral de la Fortuna (ADIFORT), como principal patrocinador del colectivo artístico.

Para las personas familiares quienes tuvimos la oportunidad y el enorme privilegio de acompañar y apoyar a la banda, esto fue como ver a Costa Rica marchar al ritmo del esfuerzo de jóvenes que, con cada nota y cada paso, llevaban consigo el nombre de sus familias, sus comunidades y un país entero. Estos jóvenes que están viviendo una de las etapas más retadoras de la vida de cualquier ser humano y en un país que ha disfrazado de austeridad la decadencia del sistema educativo, nos demostraron que la pasión por la cultura y por representar dignamente al país que les vio nacer, puede ir más allá de cualquier reto.

Muchos de estos jóvenes provienen de comunidades rurales, van a la escuela y al colegio, estudian con recursos muy limitados y algunos ni siquiera imaginaban la posibilidad de montarse en un avión y poder viajar fuera del país. La cultura y la música les permitieron tener una perspectiva muy distinta. Las familias de muchos de los jóvenes que participan en la banda tuvieron que recurrir a colectas, rifas y donaciones de familiares y vecinos, todo con tal de cumplir su sueño de poner el nombre de Costa Rica en alto.

La naturaleza de estas líneas no pretende romantizar el esfuerzo absoluto ante las limitaciones socioeconómicas que cualquier persona pueda experimentar a lo largo de su vida. Al contrario, busca generar la reflexión y la consigna de mirarnos como sociedad y entender que invertir en la población joven es asegurarnos una sociedad que en el futuro tome decisiones desde la sensibilidad, la disciplina y la inclusión.

La misma sensibilidad, la disciplina y la inclusión con la cual estos jóvenes hicieron su presentación frente al público, luciendo sus uniformes y coreografías, su talento y el fruto del esfuerzo; detrás de ellos había meses de ensayos, sacrificios cotidianos y personas que decidieron creer en ellos.

En cada integrante había una historia que no siempre se visibiliza ni alcanza el escenario y que, por lo tanto, pasan desapercibidas ante los ojos del público: el cansancio después de estudiar, las distancias recorridas para ensayar, el apoyo de madres, padres y encargados, y la guía paciente de quienes enseñan y acompañan. Jóvenes de diversos grupos etarios que encontraron en la agrupación un espacio que ofrece pertenencia, propósito y la posibilidad de imaginar un futuro distinto.

La Banda Comunal de la Fortuna en su participación por Mairiporã confirmó que una banda comunal también es una escuela de ciudadanía. Allí los integrantes aprenden a escuchar, a coordinarse, a asumir responsabilidades y a avanzar sin dejar a nadie atrás. Cada aplauso recibido en Brasil fue, en realidad, un reconocimiento a una red comunitaria que hizo posible que hayan logrado el primer lugar en las categorías de Grupo Folclórico y Batalla de Percusión y el segundo lugar en Color Guard Indoor, Stop & Play – Desfile y en el Full Showband con su presentación magistral "Don’t Rush the Tempo".

Fue particularmente conmovedor ver a compatriotas radicados en el país sudamericano hacerse presentes y viajar por horas hasta Mairiporã para acompañar y apoyar a la juventud de ese rinconcito sancarleño quienes, a pesar de estar lejos de casa, llevaron un poquito de Costa Rica en sus instrumentos musicales, sus coreografías y sus presentaciones.

Por eso, financiar de manera competente la educación y la cultura no puede considerarse un lujo ni una concesión para tiempos de abundancia. Es una inversión en prevención, convivencia, oportunidades y movilidad social. No basta con celebrar a nuestros jóvenes cuando representan al país: debemos garantizar instrumentos, formación, transporte, espacios seguros, alimentación y acompañamiento profesional.

¿Costa Rica puede? Sí. ¿La juventud de Costa Rica merece más? Totalmente. Está en nosotros brindar las oportunidades para que más jóvenes de diversas comunidades puedan soñar en grande, formarse integralmente y vivir una vida digna. Que esta experiencia no se quede en el anecdotario nacional y que sea el motor que necesitamos para soñar con la Costa Rica que queremos construir y accionar colectivamente para transformarlo en realidad.