Esta semana precelebratoria han mandado circulares en las escuelas pidiendo que las familias consigan trajes típicos, con todo y caites, para el acto cívico del 15. Y, “naturalmente”, todos sabemos cómo luce ese traje típico, que sin fallo conseguimos en el mercado y en el que de fijo no puede faltar el chonete. Al nuestro le ponemos los colores de la bandera en telas satinadas y camisa blanca, enseñando a veces uno o dos hombros para las mujeres, y machete de plástico y sombrero para los hombres.
¿Qué dice de nosotros el traje que nos hemos inventado como típico?
El traje que nos inventamos viene de un oficio específico —la familia cogedora de café—, porque el café fue desde principios de la República el motor de la economía, el combustible de la política y el cemento de la sociedad. Ahí queda su origen: el traje típico no es de Costa Rica, es del Valle Central.
La elección, como toda decisión, no es inocente, porque implica convertir una expresión cultural en representación de cada distrito, de cada cantón y de cada provincia del país, en una única expresión. Incluso en Lepanto de Puntarenas tienen que ir vestidos de cogedores de café, o en Bribri de Talamanca, o en la escuela de Los Chiles. De esta manera también quedan invisibilizadas las poblaciones no cogedoras de café, a menos que sean indígenas y entonces haya oportunidad de pedir “traje de aborigen”.
Después de 200 años seguimos asociando la patria con el café. Aunque el banano llegó a producir más riqueza, esa nunca entró al imaginario nacional porque fue exportada y porque la producía una población mayoritariamente afrocaribeña a la que, hasta mediados del siglo XX, no se le consideró costarricense.
Queda claro que la identidad cultural se hereda, pero ¿por qué todos heredamos lo del Valle Central cuando somos del Valle de la Estrella? ¿De Curré o de San Vito? Un único traje típico produce una imagen sencilla, reconocida y homogeneizadora, y eso nos une; pero también produce una única imagen de una sociedad que es plural. Pudiéramos, en cambio, hablar de trajes tradicionales de Costa Rica. Y entonces preguntarnos:
- ¿Traje típico de dónde?
- ¿De qué momento histórico o industria?
- ¿De qué saber ancestral o tradición?
La escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie tiene un TED Talk traducido como un librito precioso en torno a las historias únicas que se crean sobre los países, y dice que se crea una historia única cuando se muestra a un pueblo solo como una cosa, una única cosa, una y otra vez, y, al final, lo convierte en eso. “La historia única crea estereotipos, y el problema con los estereotipos no es que sean falsos, sino que son incompletos. Hacen que una historia se convierta en la única historia.” Una manera de contrarrestar esta historia única es, según el escritor también nigeriano Chinua Achebe, con “un equilibrio de historias”.
Con “un equilibrio de historias”, un traje nacional de verdad no sería solo uno. Sería el que cada quien se inventa cuando puede nombrar su origen sin borrar el de nadie más. Dejaríamos el chonete guardado y saldríamos vestidos de época, de industria, de origen geográfico, de saber, de todo lo que el país realmente es. Y, de paso, nos estaríamos inventando un traje nacional en el que por fin Costa Rica entera cabría.
