Costa Rica tiene un hito histórico en sus manos: la segunda presidencia femenina en su historia, la elección de 30 diputadas frente a 27 diputados, y el nombramiento de 13 mujeres en el gabinete de Laura Fernández. Pero esto ¿en qué se traduce? ¿es el gobierno más feminista de la historia del país? Hay que discutirlo.
Destaca en especial, el nombramiento de Carolina Delgado como presidenta ejecutiva del INAMU. Delgado es exdiputada y precandidata presidencial en el 2026 por Liberación Nacional, y se recuerda entre otras cosas por oponerse al levantamiento de inmunidad del presidente Rodrigo Chaves y por impedir la votación a una sanción a Fabricio Alvarado por las acusaciones de abuso sexual. Debido a este nombramiento, se “separó” del Partido Liberación Nacional. Tal noticia sorprende, no solo por las decisiones legislativas de la diputada, sino también por el escrutinio público por el que ha pasado el INAMU desde la dirección de Cindy Quesada, quien inclusive llegó a responsabilizar a las mujeres víctimas de violencia doméstica y a quien los grupos feministas solicitó su renuncia en varias ocasiones.
Todo lo anterior lleva al cuestionamiento, ¿qué podemos esperar las mujeres al tener mayor representación y una presidenta mujer electa? Evidentemente presencia femenina no se traduce en esfuerzos feministas. Debemos recordar que son los esfuerzos feministas los que han generado avances en la vida de las mujeres: el derecho al voto, al divorcio, a la paga equitativa, a reconocer la violencia, entre otros.
Sería manifiesto pensar que debido a la gran cantidad de mujeres, todos los proyectos, decisiones y caminos que tomen las mujeres electas serán en beneficio de la mitad de la población femenina, esto deberá evaluarse en cuatro años, sin embargo, hay que dejar claro que es un arma de doble filo. Esta representación puede funcionar como una falsa justificación que permita el retroceso de derechos fundamentales de las mujeres porque quien lo enuncia es una mujer, o la legitimación de proyectos “por la familia” que desdibujen la necesidad del reconocimiento diferenciado de género y de la violencia ejercida contra las mujeres.
Al contar con más mujeres en política, se esperaría mayores avances, más oportunidades y un mejor manejo de la crisis de femicidios, sin embargo, debemos ajustar las expectativas y comprender que solo con presencia femenina no se logran avances feministas.
Las mujeres debemos ser vigilantes, como dijo Simone de Beauvoir:
No olvides jamás que bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados. Estos derechos nunca se dan por adquiridos, debes permanecer vigilante toda tu vida”.
Costa Rica -y el mundo entero- enfrenta una crisis en todos estos aspectos, nos encontramos en un momento de quiebre, de polarización, y de recesión económica, donde las mujeres debemos luchar y defender los derechos, y no permitir retrocesos arbitrarios, como se han visto ya en otros países como Estados Unidos. El gobierno saliente y el continuismo entrante han sido claros: desmantelar las Garantías Sociales como la salud pública, omitir el Código de Trabajo con las jornadas 4x3 y demoler la educación pública. Todas amenazas que afectan en especial a las mujeres.
Las mujeres podemos esperar más lucha, más resistencia, más amenaza a nuestros derechos. No es este el momento de desistir en la lucha, es el momento de actuar.
