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Escuela de Biología de la UCR cuestiona que reforestar compense tala de árboles en Papagayo

Expresidente Chaves defendió en abril la corta de árboles en Playa Panamá y afirmó que se podían sembrar 5.000 árboles como compensación.

La Asamblea de la Escuela de Biología de la Universidad de Costa Rica (UCR) pidió revisar de forma rigurosa, transparente y con criterios técnicos la autorización para cortar 748 árboles en Playa Panamá, en medio de la discusión pública y de procesos judiciales, administrativos y penales relacionados con el Polo Turístico Golfo de Papagayo.

La escuela aclaró que su pronunciamiento, emitido el pasado 20 de mayo, no pretende resolver el fondo legal del caso, sino aportar criterios científicos sobre el valor ecológico de la cobertura boscosa.

Según el documento, un bosque tropical no puede valorarse solo por la cantidad de árboles, su valor maderable o la posibilidad de compensar la corta con nuevas siembras.

La instancia universitaria señaló que los bosques y sus remanentes cumplen funciones como captura de carbono, regulación del clima local, protección del agua, reducción de la erosión y sostén de biodiversidad.

También destacó la importancia de la conectividad ecológica, especialmente en zonas costeras de Guanacaste, donde los fragmentos de bosque permiten el desplazamiento de fauna y mantienen continuidad en paisajes ya fragmentados.

En un país pequeño como Costa Rica, donde la cobertura boscosa fuera de áreas protegidas es decisiva para la conservación, mantener la conectividad es esencial. Esto es especialmente relevante en zonas costeras de Guanacaste, donde los escasos remanentes boscosos cumplen funciones indispensables para la fauna silvestre y para la continuidad ecológica del ya fragmentado paisaje”.

En el pronunciamiento también se cuestionó que la corta de cientos de árboles adultos pueda compensarse únicamente con la siembra de miles de árboles jóvenes.

El documento señala que, aunque la reforestación tiene valor, la supervivencia en el bosque seco puede ser muy baja, incluso menor al 10%, y no reemplaza de inmediato la estructura, el suelo, el microclima, la fauna asociada ni la historia ecológica de un sistema establecido.

El bosque reforestado no reemplaza de forma inmediata la estructura, las interacciones, el suelo, el microclima, la fauna asociada ni la historia ecológica de un sistema ya establecido. Al talar árboles, la pérdida ecológica ocurre inmediatamente, mientras que la recuperación de funciones equivalentes tomará décadas, si es que se mantiene el paisaje circundante”.

En abril, durante sus últimos días como presidente de la República, Rodrigo Chaves Robles defendió la tala de árboles en Playa Panamá al argumentar que respondía a una inversión turística de gran escala en la zona.

Esos 750 árboles pudimos haber sembrado 5000, sobra plata para eso. Pero no, dañemos la inversión turística por incertidumbre legal”.

La Escuela de Biología también advirtió que los bosques secos y de transición de Mesoamérica han sufrido una reducción histórica severa y que queda menos del 2% de esa cobertura, prácticamente todo ubicado en Costa Rica.

Además, señaló que la pérdida de bosque y el terraceo en la zona durante los últimos 20 años generaron sedimentación y afectaciones en ecosistemas marinos.

En una región cada vez más presionada por urbanización, infraestructura turística, sequías y cambio climático, seguir debilitando la cobertura boscosa producirá indudablemente impactos acumulativos que no siempre se aprecian cuando cada permiso de cambio de uso se analiza de manera aislada. La pregunta no debería ser únicamente cuántos árboles se cortan, sino qué funciones ecológicas se pierden, qué conectividad se rompe, qué fauna queda afectada y qué precedente institucional se crea para otros remanentes de la zona y el país”.

Adicionalmente, la instancia universitaria resaltó que la protección ambiental no es un obstáculo al desarrollo turístico sostenible, sino una de sus condiciones básicas.

Los visitantes nacionales e internacionales valoran los paisajes naturales, la sombra, la fauna, la frescura, el agua y la identidad ecológica que Costa Rica ha proyectado como parte de su imagen país”.

Sobre ese punto, advirtió que, si se continúa eliminando cobertura boscosa en zonas turísticas ya fragmentadas, el deterioro ambiental se traducirá en más calor, mayor sequía, pérdida de fauna, erosión, menor disponibilidad de agua y pérdida del atractivo paisajístico.

La asamblea de la escuela solicitó a las autoridades evitar intervenciones irreversibles mientras existan dudas técnicas y procesos pendientes. También pidió aplicar el principio de cautela, revisar los permisos otorgados y examinar con rigor los mecanismos de compensación cuestionados, así como el cambio regulatorio propuesto para concentrar infraestructura en Papagayo.

Una medida cautelar emitida el 17 de abril de 2026 por el magistrado Fernando Cruz Castro ordenó una moratoria total sobre el otorgamiento de permisos de tala de árboles en el polo turístico cuando se trate del desarrollo de un proyecto hotelero. Dicha medida se mantiene vigente desde entonces.