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Los 40 diputados de Laura Fernández: preguntas frecuentes

Un repaso rápido del funcionamiento y el alcance de las elecciones legislativas.

Mucho se está hablando de los famosos “40 diputados” de Chaves, Pilar y Laura (y bueno, Leslye Bojorges).

Naturalmente, a la par de la especulación, llegan las dudas. Con el objeto de entender mejor de qué estamos conversando y qué implicaciones tendría hemos preparado una guía de preguntas frecuentes que esperamos facilite la discusión.

1. ¿Cómo se definen las 57 diputaciones de la Asamblea Legislativa?

En resumen, lo que hay que tener claro es lo siguiente:

  • Los partidos políticos presentan listas cerradas de candidaturas para cada provincia por lo que en esencia no votamos por "personas" sino por banderas. Irónicamente si luego una de estas personas resulta electa y “renuncia” al partido una vez que tiene la curul, la conserva, incluso si se “pasa de bando” como hicieron BojorgesObando recientemente.
  • Las curules se reparten por distritos electorales (las 7 provincias) así que cada uno de nosotros vota entre las listas de la provincia en la que estamos empadronados (por eso residentes en el extranjero solo votan en la papeleta de presidencia). Tener esto claro es muy importante, porque para las presidenciales se cuentan los votos de todo el país mientras que para las legislativas se cuentan solo los de cada distrito electoral. ¡Son “juegos” aparte!
  • A cada provincia se le asigna un número de representantes de acuerdo a su población (ese número fue actualizado por el TSE el año pasado a partir del más reciente censo). Como referencia: San José recibe 18 sillas y Limón 5 (abajo les comparto un gráfico con las siete provincias).
  • Las curules se distribuyen usando un sistema proporcional que se conoce como Fórmula Hare Modificada que amerita su propia explicación...

2. ¿Cómo funciona la Fórmula Hare Modificada?

Es más sencillo de lo que en principio aparenta, lo juro.

Usaremos el ejemplo de la provincia de Limón que es, precisamente, la única provincia que mantendrá para 2026 la misma cantidad de diputados que tuvo para 2022 (cinco).

En 2022 en Limón se contabilizaron 145.790 votos válidos. El Tribunal Supremo de Elecciones lo que hace es tomar ese número (que recordemos no incluye votos nulos y en blanco) y lo divide entre la cantidad de curules que tiene la provincia. En el caso de Limón, como dijimos, son cinco.

La fórmula de votos válidos / cantidad de curules nos da el número conocido como cociente. En 2022 el cociente de Limón fue de 29.158. El cociente es el "número mágico #1": si un partido supera esa cifra se garantiza 1 curul (si la supera dos veces, dos curules, etc). ¿Cuántos partidos llegaron a esa cifra en 2022 en Limón? Uno solo y por poquito: el PLN (que obtuvo 29.179 votos).

Entonces si solo tenemos 1 curul asignada por cociente y nos quedan 4 disponibles ¿cómo resolvemos? Pues pasamos a “segunda ronda” recurriendo al subcociente que es el "número mágico #2" y que es la mitad del cociente (14.579 en este caso). ¿Qué hace el subcociente? Es una barrera de entrada para aspirar a una curul: todo partido que no llegue a esa cifra queda automáticamente fuera de la carrera.

Entonces si revisamos los votos que recibieron todos los partidos que competían en 2022 por curules en Limón encontramos esto:

Como se puede apreciar solo el PLN (obviamente dado que alcanzó el cociente), Nueva República y el PUSC superaron el subcociente. Todos los demás quedaron inmediatamente “eliminados”.

Entonces, ahora sí, si Limón tiene 5 curules y solo logramos asignar una en la ronda de cociente (PLN) ¿cómo repartimos las otras cuatro? Aquí entra a jugar el residuo. El residuo es el número votos que le quedan a un partido después de repartir las curules por cociente. En el caso de los partidos que superaron el subcociente, pero no llegaron al cociente, estamos hablando de todos los votos válidos que recibieron.

Así las cosas para esta ronda de subcociente entran a competir los tres “clasificados” con sus respectivos residuos:

  1. Nueva República: 23.179.
  2. PUSC: 18.608.
  3. PLN: 21 (el Residuo tras eliminar el cociente).

En ese mismo orden se asignan entonces tres curules pero ¡todavía nos queda una! No pasada nada, se sigue la misma lógica: las curules disponibles se reparten entre los partidos que pasaron el subcociente en el orden de mayor a menor residuo hasta agotar existencias. Como solo queda una silla para esa “tercera ronda” pues se la embolsa Nueva República y listo. ¿Resultado final? Dos para el PLN, dos para NR y 1 para el PUSC. 

Con ustedes, la nómina electa... Ya nos dirán los limonenses qué tan bien representados se sintieron.

Volvamos a lo que nos ocupa. Como probablemente ya habrán intuido el sistema de distribución de curules que se utiliza en Costa Rica tiende a favorecer a partidos pequeños en las provincias con más curules (como San José, donde es más fácil pescar curul) pero suele beneficiar a los partidos más grandes (que logran superar el umbral del subcociente) y castigar a los partidos pequeños en aquellas provincias en las cuales hay pocas curules para repartir y existe una alta dispersión de los votos entre muchos partidos.

Ejemplo sencillo: en 2022 en Guanacaste (que entonces tenía derecho a 4 curules) ningún partido alcanzó el cociente (34.766) y solo tres (PLN, PRN y PUSC) superaron el subcociente (17.383). El PLN se embolsó 2 diputaciones (tenía el residuo más alto, 32.486) y PRN y PUSC pescaron una cada uno. ¿Cuántos votos sumaron entre los tres? 75.004, es decir el 53.93% de los válidos. Esto implica que los otros 11 partidos que sumaron juntos 64.059 votos no pudieron dejarse ni una sola curul ya que ninguno pasó el umbral del subcociente. Este caso ilustra por qué es tan importante el subcociente.

Para los curiosos, les dejo la nómina 2022 por Guanacaste y les invito a sacar sus propias conclusiones...

Por cierto, tengan presente que para 2026 Guanacaste ganó una curul así que será representado por 5 diputaciones. ¡Arriba la pampa!

3. ¿Cómo funcionan las votaciones en la Asamblea Legislativa?

Ahora sí llegamos a la carnita.

Lo primero que hay que tener presente es que en la la Asamblea Legislativa no solo se aprueban proyectos de ley.

Entre las muchas otras funciones de diputadas y diputados se encuentran nombramientos clave en instituciones como el Poder Judicial y la Contraloría de la República así como reformas a la Constitución Política por mencionar un par. El congreso puede incluso convocar a una Asamblea Constituyente a fin de crear una nueva Constitución Política para Costa Rica. Ajá.

Dependiendo de la materia que se conozca en el plenario se requiere una mínima cantidad de votos para que el asunto sea aprobado. En términos generales se habla de mayoría simple o absoluta (la mitad + 1 de los presentes) para temas “ordinarios” y mayoría calificada (38 votos) para temas “extraordinarios”. Esos no son los términos oficiales, los estoy usando para simplificar el asunto.

A fin de no hacer el cuento largo: los constituyentes pusieron el piso de mayoría calificada a los “temas delicados” a fin de blindarlos frente a una posible concentración de poder, de modo tal que las decisiones más importantes del país se alcancen por consenso y no porque una fuerza política las impone.

Ojo, no es un sistema perfecto y en ocasiones es demasiado conservador (por ejemplo a la hora de no reelegir un magistrado nefasto es necesario 38 votos en contra de su continuidad) pero el espíritu del legislador es claro y fácil de entender: evitar que un solo partido político tenga la posibilidad de imponerle al país una decisión de alto impacto nacional.

Hasta ahora ese candado ha funcionado.

Entonces... cuando el presidente Chaves y la candidata Fernández hablan de “40 diputados” a lo que aluden es precisamente a tener libertad absoluta para hacer y deshacer sin tener que negociar, conciliar ni debatir absolutamente nada. Para dimensionar hasta dónde llega ese semáforo en verde inédito en la historia de nuestro país tenemos que entender que con 40 diputados un eventual gobierno de Laura Fernández podría:

  1. Cambiar  la conformación de la Corte Plena (22 magistrados) sentando a 14 personas de su confianza (recordemos que la Corte Plena determina quién ocupa el puesto de Fiscal General de la República (actual nombramiento vence este año) y nombra a los magistrados del Tribunal Supremo de Elecciones).
  2. Modificar totalmente la Sala Constitucional, sentando a 5 magistrados de su elección. 
  3. Elegir a placer quién estará al frente de la Contraloría General de la República, la Defensoría de los Habitantes y la Procuraduría General de la República (con 29 bastan, con 40 no es ni siquiera una discusión).
  4. Determinar que jamás se le levante la inmunidad a ningún integrante de su Poder Ejecutivo en caso de que una solicitud llegue a la Asamblea (con 20 basta para bloquearlo, con 40 alcanza hasta para repartir Picaritas mientras se carcajean).
  5. Aprobar leyes en materia electoral aunque el TSE haya emitido criterio negativo.
  6. Aprobar reformas constitucionales, permitir que Chaves vuelva al poder en 2030, etc.
  7. Suspender garantías individuales y derechos otorgados por la Constitución Política.
  8. Convocar una Asamblea Nacional Constituyente.

Di solo ocho ejemplos rápidos, pero no es una lista taxativa. Por eso, cuando Bojorges habla de la fundación de la “Tercera República”, no está exagerando. Es exactamente eso lo que han planteado (con absoluta transparencia) Chaves, Cisneros y Fernández.

Es imperativo entonces llamar a las cosas por su nombre. Con “40 diputados” el oficialismo podría encaminar transformaciones necesarias para el país, sí, pero también podría desmantelar por completo el Estado de derecho, dinamitar los pesos y contrapesos y liquidar la independencia y autonomía de instituciones y poderes.

La pregunta que todo costarricense debe hacer a consciencia, amén de la comprensible frustración que pueda sentir por las listas de espera en la Caja y la mora judicial en la Corte es si está dispuesto a firmar ese cheque en blanco y qué precio está listo a pagar.

John Emerich Edward Dalberg-Acton (1834–1902), mejor conocido como Lord Acton era un tipazo. Fue profundamente crítico del autoritarismo, defensor radical de la libertad individual, la separación de poderes y el límite al Estado. Su obsesión intelectual fue constantemente la misma: cómo el poder degrada la ética humana. Su frase más conocida dice:

El poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

Su advertencia no es moralista sino institucional: no es prudente confiar a ciegas en virtudes personales, es mucho más seguro confiar en contrapesos, reglas y límites.

Más de un siglo después de que aquel sabio personaje compartiera sus reflexiones Costa Rica debe tomar una decisión y determinar dónde prefiere depositar su confianza. El domingo, frente a las urnas, cada uno de nosotros tendrá el enorme privilegio de aceptar y asumir ese reto, en plena libertad y absoluta democracia. Nadie más decide por nosotros, tal es nuestro derecho. ¡Ojalá siempre siga siendo así!